Naturaleza Humana

QUÉ PASARÍA SI…

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 QUÉ PASARÍA SI

 

En vez de odiar aprehendiéramos diariamente a amar.

 

En vez de encadenarnos aprehendiéramos a ganar libertad asumiendo con responsabilidad.

 

En vez de atacar aprehendiéramos a gobernar la ira antes de actuar.

 

En vez de ignorarnos aprehendiéramos a mirarnos, admirarnos y apreciarnos.

 

En vez de culparnos aprehendiéramos a perdonarnos.

 

En vez de excedernos aprehendiéramos a moderarnos.

 

En vez de estresarnos aprehendiéramos a equilibrarnos.

 

En vez de arruinar aprehendiéramos a cuidar.

 

En vez de malevolencia y violencia ampliáramos nuestra conciencia.

 

En vez de menospreciar aprehendiéramos a valorar.

 

En vez de claudicar nos dedicáramos a intentar.

 

En vez de prejuicios nos conociéramos con juicio.

 

En vez de ofendernos nos esforzáramos en comprendernos.

 

En vez de maldecir nos motiváramos a insistir en el sano sentir.

 

En vez de envidiar nos permitiéramos aportar.

 

En vez de criticar nos  dispusiéramos para ayudar.

 

En vez de malgastar nos enfocáramos en crear.

 

En vez de evadir nos expusiéramos a enfrentar y asumir.

 

En vez de competir disfrutáramos de cooperar en el diario vivir.

 

En vez de hacer trampa concediéramos a nuestra esencia la transparencia.

 

En vez de maltratar practicáramos empatía y asertividad.

 

En vez de intransigencia tuviéramos decencia ante la diferencia.

 

En vez de lamentar pudiéramos agradecer que del error se pueda aprender.

 

En vez de excusarnos nos propusiéramos  transformarnos.

 

En vez de postergar ¡¡¡empezáramos YA!!!

 

¿Qué pasaría? Sin duda nuestra vida y sociedad se transformarían, necesariamente evolucionarían; inevitablemente creceríamos como seres humanos. O ¿Tú qué crees?

 

 

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¿POR QUÉ NOS ENGAÑAMOS?

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POR QUÉ NOS ENGAÑAMOS

El auto-engaño habita en nuestra mente e interfiere de forma constante en nuestra vida personal y social.” Robert Trivers.

 

¿Por qué surge el Autoengaño? ¿Para qué necesitamos mentirnos a nosotros mismos y mentirle a los demás? ¿El engaño hace parte de nuestra naturaleza? ¿Es posible identificar el engaño, antes que nos cause un profundo daño? ¿Podemos evitar engañarnos a nosotros mismos?

 

“El cerebro no busca la verdad sino sobrevivir.” Hace poco me encontré con esta afirmación en una entrevista que le hace el divulgador científico Eduardo Punset a la Psicóloga inglesa Cordelia Fine.[1] Y al continuar ahondando un poco más en el tema, me encontré con otra contundente afirmación del investigador Robert Trivers, conocido por sus estudios sobre  el Autoengaño: “El Autoengaño es un mecanismo que ha evolucionado para facilitar el Engaño Interpersonal e impedir su descubrimiento.”[2]

 

¡Increíble pero cierto! los seres humanos tenemos una alta capacidad para mentirnos a nosotros mismos. Podemos jugar a la vez el rol de engañador y engañado. Todo indica que el engaño es inherente a la Naturaleza Humana y tal como afirma Trivers: “Cuanto mejor nos engañamos a nosotros mismos, mejor engañamos a los demás.”

 

Esta es la razón principal por la cual el mecanismo del Autoengaño evolucionó; si el humano se cree sus propias mentiras, al momento de expresarlas será muy convincente y a su interlocutor le será muy difícil o imposible detectar el engaño. Además no se paga el coste de experimentar lo que se conoce como disonancia cognitiva, esto es,  sentir y pensar que nuestras creencias con respecto a algo determinado, no se corresponden con la realidad.

 

“En la medida que la gente se puede convencer a sí misma, que un engaño es verdad o que sus motivos son irreprochables, puede engañar mejor a los demás porque ya no emite las señales de engaño consciente que podría revelar su intención engañosa, tales como: nerviosismo, sudoración, discurso contradictorio, inseguridad y demás. Por no tener que esforzarse para mantener la realidad y la ficción en la mente al mismo tiempo; fácilmente ocultan la primera y hacen que la segunda sea compatible con sus intereses. Al creer plenamente en la ficción que están promulgando, pueden liberar su mente para concentrarse en otros asuntos.”[3]

 

Cordelia Fine, afirma que nuestro cerebro nos enseña un mundo ampliamente coloreado por la vanidad. Y Robert Trivers advierte que la cantidad de maneras en que somos capaces de engañarnos a nosotros mismos y a los demás es abracadabrante, y afecta a casi todos los órdenes de la vida.

 

“El engaño es una actividad profundamente arraigada a la vida, que ha sido seleccionada a lo largo de la evolución. Su presencia no queda acotada únicamente al ser humano. Si miramos a nuestro alrededor, en la naturaleza encontramos numerosos ejemplos de seres vivos que emplean las técnicas del engaño, con el único fin de sobrevivir y perpetuar sus genes. Los virus y las bacterias, sin ir más lejos, camuflan sus efectos mediante el uso de proteínas que mimetizan componentes del organismo huésped hasta el punto de burlar un sistema inmunológico preparado para atacar a agentes extraños. Los depredadores e incluso las presas de los depredadores también acuden al engaño con tal de pasar desapercibidos.”[4]

 

De acuerdo con las investigaciones de Trivers y Von Hippel, el Autoengaño se puede presentar de diversas formas, por ejemplo: mediante búsquedas sesgadas de información, procesos sesgados de interpretación y procesos sesgados de memoria.

 

En términos prácticos y sencillos, lo anterior quiere decir que como los humanos tenemos una capacidad enorme para crear sistemas de creencias sesgados; podemos manipular la información sobre nosotros mismos y sobre nuestro entorno, para construir una falsa imagen. Podemos interpretar la realidad acorde a nuestra conveniencia. Podemos recordar los hechos de forma selectiva.

 

Como bien sostiene Trivers: “Todas estas modalidades se aprovechan de una característica marcadamente humana: a las personas nos gustan las buenas noticias sobre nosotros mismos, las noticias que favorecen nuestros objetivos y motivaciones en la vida, mientras que tendemos a negar y ofuscar las noticias que nos resultan más incómodas.”

 

 “Hay muchas maneras de engañar a la gente. Una obvia opción es contar una mentira, pero también es posible engañar a los demás, evitando la verdad, ofuscando la verdad, exagerando la verdad o poniendo en duda la verdad. Estos procesos son útiles al engañar a otros, pero también son útiles para engañar al yo. Por ejemplo, si te puedo engañar evitando una crítica, entonces es lógico pensar que puedo engañarme a mí mismo de la misma manera.”[5]

 

Ahora bien, el engaño es inherente a la Naturaleza Humana. Pero esto no quiere decir que sea inevitable y que no cause daño. < La verdad duele > dice la sabiduría popular; esta frase deja en evidencia de forma sintética una de las causas por las cuales el humano es tan propenso a caer en estados de Autoengaño profundos. <Pero la mentira mata> dice la otra parte de la frase, dejando en evidencia lo perverso que resulta el engaño.

 

“El auto-engaño es una práctica común y peligrosa porque nos aleja de la realidad hacia un decorado identificado por nuestra mente como real. Y el precio que pagamos por vivir en la mentira es muy alto. Las guerras salpicadas de auto-engaño, son la peor consecuencia derivada de esta práctica tan habitual.”[6]

 

Cuando la práctica de mentirse a sí mismo y mentirle a los demás se vuelve recurrente y empieza a ser parte del estilo de interacción consigo mismo y con los demás, necesariamente se terminará afectando la construcción de sólidos y sanos vínculos; por ende, el mentiroso generalmente termina solo o acompañado de vínculos que no son fuente de bienestar.

 

Dice Trivers que el costo del Autoengaño es la aprehensión distorsionada de la realidad, especialmente de la realidad social, y el mantenimiento de un sistema mental ineficiente y fragmentado.

 

“El estudio del engaño ha dado lugar a una serie de premisas obvias y universales. Por ejemplo, ante una misma comunidad, el mentiroso habitual está destinado al fracaso. Y es que si el mentiroso actúa de forma repetida, las potenciales víctimas de engaño pueden llegar a identificar la mentira y desarrollar respuestas contra ella, convirtiéndose el mentiroso en víctima de su propio engaño.”[7]

 

Pero bueno, concretamente ¿Por qué surge el Autoengaño? ¿Para qué necesitamos mentirnos a nosotros mismos y mentirle a los demás?

 

“En un mundo complejo formado por mentirosos y mentidos, los mecanismos para identificar y provocar el engaño co-evolucionan a la vez, y al mismo tiempo, la complejidad y eficiencia de ambas estrategias. Y es aquí donde aparece el Autoengaño.”[8]

“Vanidoso y ególatra, nuestro cerebro trata de convencerse siempre de la opción más cómoda, de la que concuerda mejor con su propia realidad. Por eso memoria e inconsciente se encargan de ajustar lo que no encaja, de cambiar lo que no gusta, de eliminar lo que duele y de ensalzar lo que agrada.

De esos mismos mecanismos surge en los humanos la habilidad para caer fácilmente en estereotipos y prejuicios que, llevados al extremo, pueden conducir a tensiones y conflictos.”[9]

 

Por perverso que parezca ante los ojos de la moral; lo cierto es que el humano miente y se miente, para aparentar más de lo que es, para evadir una realidad que le causa un profundo dolor, para justificar sus fracasos, para manipular  y obtener beneficios, para ganarse la confianza de los demás, para no enfrentarse a lo que realmente es, para camuflar ante los demás su verdadera intención, etc, etc, etc…

 

“Presentarnos como más inteligentes, más fuertes, y más seguros de lo que somos realmente funciona como una estrategia socialmente favorable. Entre otras cosas, le creemos más a las personas seguras de sí mismas y nos enamoramos más de ellas. Se sabe también que una persona media tiende a creer que es mejor que la media.”[10]

“El Autoengaño actúa al servicio de la promoción social, facilitando el engaño en un sentido más general, ya que puede ayudar a convencer a los demás que somos mejor (por ejemplo, que tenemos más ética, que somos más fuertes, más inteligentes) de lo que realmente somos. Esto devenga ventajas sociales, porque al creernos algo que no somos, al engañarnos con respecto a nuestras cualidades positivas y negativas, transmitimos seguridad y confianza en nosotros mismos mayor de la que realmente sentimos; la gente normalmente se deja impresionar por esta actitud. Y esto le permite a quien engaña mejoría social y material.”

“La confianza que alguien proyecte juega un papel fundamental, determina el tipo de personas que la gente elige como líderes. Es más probable que los consejos de este tipo de personas que creen sus propias historias de auto-mejora, sean seguidos por personas que carecen de confianza en sí mismas.”[11]

 

Bien se puede afirmar, adicional a lo anterior, que hay otras razones causantes del Autoengaño, tales como:

 

La falta de Fortaleza Afectiva para enfrentarnos a realidades dolorosas, nos lleva a negar la realidad y a ver únicamente lo que queremos ver.

 

La falta de determinación para tomar decisiones dolorosas, nos hace  justificar nuestras actuaciones e incluso las actuaciones de personas que a veces nos causan daño.

 

Un ego inflado conlleva a querer aparentar algo que no se es, y a través del Autoengaño puede ocultarle a los demás sus verdaderas intenciones.

 

Carecer de habilidad para conocernos a nosotros mismos y para conocer a los demás, nos hace vulnerables al Autoengaño y al engaño de los demás.

 

Sentir que no se tiene control sobre la propia vida, también se constituye en una razón que propicia  el Autoengaño. “Cuánto menos sienten las personas que pueden controlar sus vidas, más proclives resultan a percibir patrones ilusorios en configuraciones dadas al azar y a apoyar teorías conspirativas” (Whitson y Galinsky,  2008)

 

Para terminar sería bueno que nuestra mente y consciencia se quedaran  con algunas conclusiones sobre el tema:

 

Parece ser que en términos generales, los humanos somos bastante ineptos para detectar las mentiras, tanto así, que  muchas veces no logramos identificar siquiera nuestras propias mentiras. Sin embargo hay investigaciones que evidencian, que quien tiene mayor capacidad para detectar las mentiras en los demás, es menos propenso a caer en el Autoengaño.[12]

 

Si nos permitimos enfrentarnos a nosotros mismos de forma consciente y sistemática, con la intención y voluntad de conocernos; podremos identificar nuestras creencias, afectos, prácticas, motivaciones, intenciones y demás. Esto nos puede ayudar a reducir el riesgo de Autoengañarnos.

 

Si nos permitimos observar a los demás sin prejuicios, mientras los leemos afectivamente de forma sistemática, es decir, mientras identificamos conscientemente sus creencias, afectos, prácticas, motivaciones, intenciones y demás. Podremos conocerlos un poco y así, reducir el riesgo de ser engañados por los demás.

 

Si le enseñamos a nuestros hijos desde la más tierna infancia a conocerse a sí mismos, a conocer a los demás y a tomar consciencia de lo nefasto que resulta engañar a los demás. Es muy probable que crezcan siendo seres humanos incapaces de manipular y hacerle daño intencional al otro.

 

Mantenernos conscientes de nuestra naturaleza propensa al engaño, nos permite estar atentos y evitar  engañarnos a nosotros mismos, o en su defecto, evitar que los demás nos engañen por prolongados periodos de tiempo.

 

Aunque vivimos en un mundo bombardeado permanentemente por estereotipos, que pretenden imponer modos de sentir, pensar y actuar superfluos, basados en el tener; donde se cree que el grado de felicidad que alcances, es directamente proporcional a la cantidad de dinero que tengas para consumir sin parar; donde las personas que aparentan ser “exitosas” son las que más confianza inspiran; donde te venden sueños usados y te roban tus sueños planeados; donde se cree que primero hay que tener para poder ser; donde se cree que primero hay que tener para compartir; donde el ego más inflado sobresale porque pasa por encima de los demás…

 

Aunque vivimos en un mundo así, siempre tendremos la posibilidad de actuar con criterio; de ver lo que hay más allá de las apariencias para descubrir la esencia; de vivir y sentir la vida sin sesgos egoístas que hagan daño a los demás; de actuar por convicción y de corazón; de descubrir el lado transparente de la vida, de aportarle genuinamente al avance social; de esforzarnos por Evolucionar Afectivamente; de propiciar la Evolución Afectiva de nuestros hijos; de construir para nuestros hijos un mundo de posibilidades; de vivir intensamente degustando cada instante con pleno equilibrio; de vivir una Vida con Pleno Sentido libre de engaños.

 


[1]Entrevista de Eduardo Punset  a la Psicóloga Cordelia Fine. http://www.redesparalaciencia.com/4154/redes/redes-78-el-cerebro-no-busca-la-verdad-sino-sobrevivir.

[2] EL AUTOENGAÑO, ¿UNA ADAPTACIÓN EVOLUTIVA? Conferencia de Robert L.Trivers  3 de Mayo de 2007.

[3] Von Hippel W, & Trivers Robert. (2011) The evolution and psychology of self-deception.  The Behavioral and brain sciences.

[4] EL AUTOENGAÑO, ¿UNA ADAPTACIÓN EVOLUTIVA? Op.cit.

[5] Von Hippel W, & Trivers Robert. Op.cit.

[6] Ibid.

[7] Ibid.

[8] EL AUTOENGAÑO, ¿UNA ADAPTACIÓN EVOLUTIVA? Op.cit.

[9] Entrevista de Eduardo Punset  a la Psicóloga Cordelia Fine. Op. cit.

[10] Von Hippel W, & Trivers Robert. Op.cit.

[11] Ibid.

[12] Von Hippel W, & Trivers Robert. Op.cit.

ME CANSÉ DE INTENTAR, PERO SEGUIRÉ INTENTANDO

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ME CANSE DE INTENTAR

Me cansé de intentar sembrar en tierra infértil; con la esperanza de cosechar ventura.

 

Pero seguiré intentando encontrar  un terreno donde pueda cosechar bienestar, tranquilidad y convivir sin malestar.

 

Me cansé de intentar vivir para suplir las carencias del otro; con el propósito de encontrar en el otro, a quien quiero para compartir mi vida.

 

Pero seguiré intentando trabajar por lo que quiero, elegir bien lo que quiero y construir mientras coopero.

 

Me cansé de intentar cooperar con quien necesita competir y no sabe valorar; con el anhelo de construir un futuro de bienestar.

 

Pero seguiré intentando vincularme con quien tenga claro lo que significa cooperar y aprehender a valorar.

 

Me cansé de intentar apelar  a la empatía y comprehender las circunstancias de quien no tiene valentía, para renunciar a la egolatría; con la aspiración de encontrar quien me acompañe íntimamente en la victoria y la agonía.

 

Pero seguiré intentando mantener una actitud empática y comprensiva para cultivar vínculos de apoyo mutuo, solidaridad y generosidad compartida.

 

Me cansé de intentar dar oportunidades a quien las utiliza tan sólo para satisfacer sus egoístas y banales necesidades; con la expectativa de poder construir  el aprecio sincero y el aumento de nuestras posibilidades.

 

Pero seguiré intentando aportarle bienestar a quien quiera estar, para trabajar en equipo y construir sin parar.

 

Me cansé de intentar soportar días grises, sacrificar y trabajar por quien no tiene interés en dar; con la esperanza de tener a mi lado al final, alguien con quien compartir mi realidad.

 

Pero seguiré intentando pintar cada día de un nuevo color, trabajar para hacer de mis sueños, anhelos e ilusiones una dulce realidad que pueda compartir, con quien, con base en la experiencia aprendida sabré elegir.

 

Me cansé de intentar lo que no conviene intentar, pero seguiré intentando lo que me permita transformar para evolucionar y avanzar hasta el final.

LA INCOHERENCIA

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INCOHERENCIA

Esa lamentable forma de actuar que conjuga el autoengaño, la falta de sinceridad en lo que se expresa, la desconexión entre el sentir, el pensar y el hacer, la actuación por conveniencia momentánea y no por convicción genuina, las palabras que no se corresponden con los hechos, entre otras, son características de la pérfida incoherencia.

La incoherencia se viste de oveja y oculta su esencia de lobo, acorde a su egoísta conveniencia.

La incoherencia se esfuerza por parecer y poco o nada le interesa el ser genuinamente.

La incoherencia niega lo que han sido y son los hechos, para así escudarse  manteniendo el autoengaño y el engaño al otro.

La incoherencia actúa en contravía con lo que dice sentir y pensar.

La incoherencia no se permite pensar en el otro antes de actuar, frente al otro sólo busca aparentar.

La incoherencia actúa por acomodación, la convicción siempre la deja para una próxima ocasión.

La incoherencia le hace daño a quien la vive en su propia forma de actuar, y a quien convive con quien vive bajo la lógica incoherente.

De la incoherencia es mejor tomar distancia, antes que el desconcierto de ese comportamiento haga que la mente enloquezca.

Y para evitar caer en ese lamentable estado, no hay nada mejor que la Coherencia a Conciencia.

YO PERDONÉ Y SUPERÉ LA INFIDELIDAD DE MI PAREJA

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La infidelidad conyugal se encuentra presente en todas las culturas humanas y en muchas otras especies animales. El animal humano es infiel por naturaleza. Es conveniente reconocer y comprehender el funcionamiento de nuestra naturaleza salvaje, egoísta; solo así podremos vislumbrar y formar lo genuinamente humano, benevolente, altruista.

Vivimos en una cultura donde la infidelidad es la regla. Nuestra cultura refuerza lo que la egoísta naturaleza infiel nos dicta. Somos animalitos salvajes que al ser guiados por el instinto terminamos dañando todo lo que se atraviese en nuestro camino. Se supone que la cultura, el entorno en el que crecemos tiene la responsabilidad de humanizarnos; de  propiciar el desarrollo de Habilidades Afectivas como el Autogobierno y la Empatía. El Autogobierno posibilita que  lleguemos a tener dominio sobre una de nuestras emociones más básicas e imperantes, el placer. La Empatía nos permite aprender a pensar en el otro antes de actuar, sentir el dolor, el daño que le causaríamos a nuestra pareja al serle infiel. Esto es lo que finalmente nos inhibe de ser infieles. Palabras más, palabras menos, la fidelidad se enseña y se aprende.

Yo viví  la infidelidad en carne propia. Cuando mi actual relación de pareja estaba en sus inicios, la infidelidad irrumpió en mi relación sin clemencia, sin piedad. Ahora lo puedo recordar sin rabia y sin dolor, porque logré perdonarme a mi misma y perdonar a mi pareja.

Sobreponerme a la infidelidad no fue una tarea para nada fácil, pero afortunadamente lo logré. Lo logré porque no me permití olvidarme de mí misma, por ir detrás del dolor  que me había causado mi pareja. Lo logré porque decidí sacar fuerzas desde lo más profundo de mi ser, para ponerle la cara al dolor  y hacerle saber que no podría conmigo. Lo logré porque enfoqué mi atención en identificar la enseñanza, la lección que la Vida quería darme. Lo logré porque luego de mucho darle vueltas a la situación, identifique con claridad que detrás de esa dificultad había una gran oportunidad de aprendizaje. Lo logré porque me permití conocerme mejor; saber de qué estaba hecha, qué quería, qué no quería, qué podía, para dónde iba y cómo llegaría. Lo logré porque acordé valorarme mejor; evaluar mis emociones, sentimientos y actitudes, evaluar mis creencias con respecto a la pareja, evaluar mis prácticas. Cuidarme más, apreciarme más.

En conclusión, lo logré porque gracias a que me permití acercarme aun más a mí misma, me perdoné por haber permitido que otra persona me causara un profundo Mal-Estar Afectivo.

Perdonar; definitivamente perdonar es lo que nos deja sintiéndonos mucho mejor, es lo que nos permite recuperar la tranquilidad perdida. Perdonarnos a nosotros mismos y perdonar a nuestra pareja. Aunque -valga la salvedad- si bien es cierto estamos obligados a perdonar para recobrar el equilibrio, no estamos obligados a continuar en la relación y menos, cuando nuestra infiel pareja no deja ver una clara voluntad e intención de repararnos con hechos concretos, que contribuyan con nuestra tranquilidad.

Yo perdoné la infidelidad porque mi pareja realmente se esmeró en llevar a la práctica acciones concretas, que contribuyeron con mi tranquilidad. En vista que él manifestaba una férrea voluntad por repararme y arrepentimiento, -a mi criterio genuino- lo que hice fue apelar a mi sentido de justicia y a mi más profundo sentir para hacerle saber con firmeza cómo me podía reparar. Con criterio y consistencia puse sobre la mesa las nuevas reglas del juego. Él se dedicó a esforzarse cada día por cumplir una a una mis peticiones, aunque no fue nada fácil, tanto él como yo nos mantuvimos pacientes, porque comprendíamos que se requería tiempo para ir haciendo grandes consignaciones al banco de confianza que había quedado en déficit.

Acordamos que la confianza no se podía exigir, que era necesario construirla momento a momento, día a día. Y aunque por momentos él pretendía resistirse a ciertas reglas, mi firmeza y su voluntad lo volvían a encausar y lo obligaban a actuar coherentemente. Yo simplemente me pregunté a mí misma qué necesitaba para estar tranquila y me convencí de por qué, ciertas peticiones que le había hecho libres de caprichos o arbitrariedades, debían ser innegociables.

Sabia que debía mantenerme firme, de cualquier forma iba a ganar, si él demostraba con hechos concretos su intención de construir, sería el inicio de una relación más tranquila y productiva para los dos. Y si se negaba a dar, a reconocer, a reparar, a transformar de forma autentica esa dolorosa realidad; pues me liberaría de un nocivo vínculo y podría seguir avanzando por la vida sin culpa, sin cargas. Lo único que realmente temía perder era la buena relación que tenía conmigo misma. Temía perderme a mi misma, por eso sabía que debía ser coherente.

En términos generales yo perdoné la infidelidad  porque primero me perdoné a mi misma. Y segundo, porque mi pareja se dedicó a repararme conscientemente, con hechos concretos me demostró que estaba dispuesto a aprender a valorar, cuidar y apreciar lo que tenía conmigo.

Pero esto no fue suficiente, los dos estábamos plenamente conscientes de la egoísta naturaleza humana; recuerdo que por aquel entonces nos adentramos en la obra de un riguroso divulgador científico que ha estado presente desde que nos conocimos, Antonio Vélez, quien en su libro Homo Sapiens afirma lo siguiente:

“La tendencia natural de los humanos va dirigida a buscar novedad y variedad, movidos  por la inevitable pérdida  de interés sexual hacia la pareja ya conocida (…) Mirada desde el punto de vista evolutivo, la conducta poligámica amplía apreciablemente la variedad genética de los descendientes. Es una manera eficiente y placentera de potenciar el efecto de variabilidad inducido por la reproducción sexual, aunque no exenta de riesgos y costos. La tendencia a  la promiscuidad sexual, que tantos líos sociales acarrea, puede tener su asiento en viejos y resistentes genes heredados desde tiempos muy antiguos, cuando todavía era muy importante para el individuo tener muchos y variados descendientes. Ya no cumplen esa función pero siguen ahí.”

A todo esto le sumamos la inequidad de esta vibrante cultura, la cual nos lleva a tener creencias y prácticas que con frecuencia dejan en desventaja a la mujer.  Por ejemplo, estamos muy cercanos  de la postura frente a la infidelidad que existía en la cultura griega: “La infidelidad de la esposa, trae la desgracia al marido que se convierte en un  keratas,  el peor insulto que un griego puede recibir, un vergonzoso epíteto con connotaciones de debilidad e insuficiencia. Aunque es socialmente aceptable que una esposa tolere a un marido infiel, no lo es que un hombre tolere a una esposa infiel, y si lo hace, se le ridiculiza por  comportamiento poco viril.”[1]

Como diría Antonio Vélez, “en estos asuntos entra en acción el infaltable egoísmo humano, y de la mezcla surge una paradoja de la conducta, y ante todo, una injusticia: poligamia para mí; monogamia estricta para la pareja. Desde la perspectiva evolutiva se explica la injusticia, pues la justicia no ha sido nunca criterio de selección, y si lo ha sido la injusticia. (…) El impulso general es a ser polígamos de pensamiento, de intención, de deseo, aunque en más de una ocasión la poligamia factual no se lleve a cabo.”

Quienes hemos sido victimas de la despiadada infidelidad sabemos que el dolor que se siente es voraz y profundo. Ser victima de infidelidad nos deja  a todos por igual, sin distinción de sexo, sintiéndonos profundamente lastimados. Un eminente investigador del emparejamiento humano llamado David Buss comenta que “es doloroso ser la esposa de un hombre cuyos deseos de variedad sexual le conducen a la infidelidad. Y es igualmente doloroso ser el marido de una mujer cuyo deseo de proximidad emocional la conduce a buscar intimidad con otro hombre.”

Por todo  lo anterior, y actuando en concordancia con las investigaciones que ya veníamos haciendo sobre nuestro Mundo Afectivo, decidimos que era determinante para nuestra relación que nos dedicáramos de una vez por todas a Trabajar Juntos en la generación de recursos. Teníamos claro que una de las principales necesidades que debemos satisfacer en nuestra pareja es la de Atención, y que esa Atención esta representada en el Compartirse la mayor parte del tiempo para que sea posible un Conocimiento del otro cada vez mejor, y en esa medida una Interacción con el otro cada vez más efectiva, para que al final se obtenga como resultado un Aprecio mutuo cada vez más fuerte.

Entonces lo que hicimos fue fusionar nuestras pasiones, aptitudes, experiencias, talentos, sueños, afectos, creencias y dirigirnos en la misma dirección, ir detrás de los mismos sueños, de las mismas metas, de los mismos objetivos. Pasamos mucho tiempo juntos planeando, ejecutando y teniendo pequeñas victorias compartidas que  se han convertido en pegamento para nuestra relación. Realmente esto permite que se incremente el deseo de continuar construyendo juntos cada día.

Por otro lado, de esta forma también le ayudamos a nuestros organismos para que produzcan  de forma natural  la hormona de la confianza y del apego seguro: la oxitocina. La misma que producimos en gran cantidad las mujeres cuando tenemos un hijo.  Trabajar Juntos en la consecución de recursos definitivamente fue fundamental para nuestra relación. A propósito, existen estudios científicos que demuestran como los principales índices de infidelidad se presentan con compañeros de trabajo. Si trabajamos en la generación de recursos de la mano de nuestra pareja, reducimos considerablemente este riesgo.

Adicional a esto también Trabajamos Juntos en la Crianza de nuestros hijos y en la Construcción permanente de nuestra relación.

De esta forma NOS dedicamos a combatir nuestra egoísta naturaleza infiel.  Por esto y sólo por todo esto… Yo perdoné y superé la infidelidad de mi pareja.

¿Qué opinas?


[1] La evolución del deseo. Estrategias del emparejamiento humano. David Buss. Pag.206

¿POR QUÉ SOMOS COMO SOMOS? (Post.2)

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“El hombre se volverá mejor cuando le muestres cómo es.”Anton Checkhov

¿El hombre es egoísta o altruista por naturaleza? ¿Somos producto del medio cultural únicamente o somos seres puramente biológicos? ¿Se puede modificar el “dictamen genético” a partir del Desarrollo Afectivo? ¿Es posible llegar a comprehender por qué una persona piensa lo que piensa, siente lo que siente y actúa como actúa?

Por naturaleza venimos al mundo dotados tanto de una dimensión altruista como de una egoísta. Ahora, ¿cuál de las dos  se desarrolla más? la cultura en este punto juega un papel significativo, pues de su influencia depende la dominancia; bien sea de las “malvadas” (no siempre es así) instrucciones programadas por el código genético o del accionar que corrige y controla los impulsos del genoma. En otras palabras, es falso que el hombre “nace”,  y es igualmente falso que el hombre se “hace”. El hombre “nace” y se “hace”.[1]

Por desgracia, desde siempre hasta nuestros días, tanto el genoma como la cultura han favorecido el desarrollo y predominio del lado egoísta,(esto no quiere decir que el lado altruista no se haya manifestado y continúe haciéndolo) es más, se puede afirmar  -a diferencia de lo que pensaba el “buen” Rosseau- que “el hombre nace malo y  a veces la sociedad lo mejora”.[2] El hombre, debido a su origen animal, también se convierte en presa fácil de la despiadada selección natural, y ésta, simplemente hace lo que tiene que hacer. “En evolución no sólo se trata de ganar, sino de ganar más que los demás y, en ocasiones, en hacer perder a los otros. Por lo tanto, la evolución siempre estará produciendo malvados.”[3]

En relación con lo anterior, el divulgador científico Antonio Vélez afirma lo siguiente:

<<Un animal que se muestre perfectamente altruista, que siempre les ceda el turno a sus compañeros, que no acapare recursos vitales cuando se presenta la oportunidad, que no responda con violencia a las agresiones o a las injusticias, que no se muestre vengativo, que no se interese en el sexo, que no descanse de trabajar en bien de sus parientes o que no se alimente en abundancia cuando las circunstancias lo propicien, ese animal no dejará descendientes, o dejará muy pocos, en relación con sus compañeros de grupo. En cambio los lujuriosos, los egoístas, los altruistas con sus parientes próximos, los ventajosos, los agresivos, los maquiavélicos, los codiciosos y los avaros tenderán a dejar más descendientes y en consecuencia esas “virtudes”-“pecados” desde la perspectiva humana- serán elegidas por la selección natural para incorporarlas en la dotación biológica de cada especie. Y el hombre no es ninguna excepción. >>

Ahora bien, esto no quiere decir que todo esté perdido. No se trata de caer en algún tipo de determinismo genético; como bien lo señala  Antonio Velez,  “de ninguna manera se acepta que las fuerzas del genoma sean insuperables, (…) se considera que en más de un caso las fuerzas importantes las aporta el medio ambiente”. Y citando a Jorge Wagensberg  expresa: “Lo escrito en los genes no es un texto sagrado, se puede cambiar, arreglar, borrar, burlar….”.

En este orden de ideas, se puede aseverar que en cuanto el hombre conozca y tome consciencia de su naturaleza, y en lo posible se desarrolle en un entorno que propicie el  fortalecimiento de la ya mencionada dimensión altruista; existe un alto grado de probabilidad de cambiar el “dictamen genético”. Y es precisamente en este punto, en el que la Formación Afectiva (aprehender a interactuar con los demás y con uno mismo) cobra validez y relevancia en el existir de cualquier persona, interesada en que aflore y se desarrolle con mayor predominancia su lado de Ser Humano (altruista).

Cabe anotar que “es más sustantivo aprehender a comprender a otros seres humanos y a sí mismo que aprehender matemáticas, ciencias, sociales, español….”[4] De acuerdo con De Zubiría, aprehender a interactuar con las demás personas es mucho más importante por cuatro grandes razones:

  1. La afectividad es multifuncional y opera con multitud de personas, cercanas como parientes, familiares, amigos o incluso yo mismo; o lejanas como el taxista, el celador, etc.
  2. En la economía actual, las competencias afectivas alcanzan su valor máximo, así las apariencias sean contrarias.
  3. Cualquier déficit afectivo interpersonal tiene consecuencias costosas en términos de infelicidad, de enfermedad física y mental: soledad, depresión y suicidio, ¡las tres epidemias del siglo XXI!.
  4. Por su propia escasez, pues en la cultura occidental las primeras industrias y los colegios sobrevaloraron la “inteligencia”, haciendo a la afectividad rezagarse.

Miguel De Zubiría Samper, quien ha teorizado con amplitud acerca de la Afectividad Humana, define la misma como <<valorar las realidades humanas>>. Estas realidades las precisa a partir de la teoría del filósofo inglés  Karl Popper  según la cual, los individuos habitan en tres realidades: Práxica (Mundo 1) relacionada con lo material, Psicológica (Mundo 2) relativa a la interpretación de las demás personas y finalmente Cultural (Mundo 3) que hace referencia al conocimiento.

De esta forma, establece una directa relación entre los mundos Popperianos y los tipos de Afectividad Humana, a saber, Afectividad Práxica, Psicológica y Cultural. Para este contexto es pertinente profundizar en la Afectividad Psicológica; -pues nuestro interés se focaliza en la comprehensión del comportamiento “humano”- constituida por: Afectividad Interpersonal (relacionada con la interacción entre personas), Afectividad Sociogrupal (hace referencia a la relación individuo-grupos), Afectividad Intrapersonal (sobre la relación del individuo consigo mismo).

La Afectividad Interpersonal tiene por tarea comprehender a otros; esto se hace posible a partir del aprecio o valoración del otro, conocimiento del otro y  destrezas interpersonales. La Afectividad Sociogrupal esta relacionada con la interacción con los grupos; es a partir de ésta que la persona aprende a ser miembro de una familia, un colegio, un trabajo etc. De igual forma, para desarrollarla se requiere aprecio o valoración del grupo, conocimiento del grupo e interacción con los grupos. La Afectividad Intrapersonal moviliza los mecanismos de autocomprehensión necesarios, para interactuar consigo mismo; autovaloración (auto-estima, auto-cuidado, auto-imagen) autoconocimiento (afectos, roles, creencias) y autoadministración (motivarse e inhibirse).

En síntesis, desarrollarse afectivamente implica el conocimiento, dominio y aplicación de Operaciones Afectivas (Interpersonales, Sociogrupales, Intrapersonales) e Instrumentos Afectivos (conocer cómo se articulan emociones, sentimientos, actitudes, valores, principios). Esto se estructura con base en los roles que desempeña el individuo dependiendo de su edad. Por ejemplo, en la infancia desempeña el rol de hijo y posiblemente de hermano, en la adolescencia de hijo, estudiante, compañero y en la adultez de padre, esposo, trabajador.

Lo anterior resulta especialmente relevante, puesto que se hace posible comprehender,  por qué, sentimos lo que sentimos, pensamos como pensamos y actuamos como actuamos. Posibilitando en gran medida, (¡y no es nada pretensioso!) el mejoramiento de la especie “humana”, y obviamente la prevención de los múltiples problemas y patologías que aquejan tanto lo social como lo psicológico: violencia, crimen, suicidio, delincuencia, inequidad, corrupción etc, etc, etc, etc.

Desafortunadamente en ninguna parte nos forman Afectivamente. Vamos a la escuela a “aprender” matemáticas, sociales, español etc, y en la “educación superior” continua el aprendizaje netamente cognitivo.-Esto es apenas normal, pues al sistema educativo lo que menos le importa es el desarrollo de la persona-. En ninguna parte nos enseñan a interpretar y comprehender a los demás, a ser conocedores de nuestros afectos; para que así, sea más fácil descubrir y desarrollar nuestro talento. A comprehender que contamos con un sistema afectivo conformado por emociones, sentimientos, actitudes, valores y principios; que podemos ser mucho más acertados y asertivos, si actuamos  principalmente movidos por valores y  principios; que nuestras emociones, sentimientos y actitudes las podemos poner a actuar a nuestro favor, si desarrollamos competencias afectivas que nos permitan comprehender su funcionamiento, y así, tener un control y manejo adecuado de éstas. En fin, son demasiados los aspectos  cruciales, vitales, determinantes para nuestro diario vivir, -relacionados con la Afectividad- que no nos enseñan en ninguna parte y por lo tanto, su carencia continua produciendo estragos, que en  no pocas ocasiones, resultan  irreversibles.

Es precisamente por esta razón que ahora existe la COMUNIDAD FORMATIVA EL TALLER, un espacio en el que,  adicional a tener la posibilidad de desarrollarte Afectivamente y contribuir con el Desarrollo Afectivo de los demás, también puedes desarrollarte a nivel intelectual y profesional. No dejes de hacer parte de esta iniciativa; si consideras que lo expuesto aquí, es acorde con tu postura frente a la vida y hace parte de tus necesidades existenciales.

 


[1] Vélez, Antonio, “Homo Sapiens”  Bogota. 2009. Villegas Editores

[2] Ibid

[3] Ibid

[4] De Zubiría Miguel, “La Afectividad Humana” Bogotá 2007