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LA AFECTIVIDAD ES EL MOTOR DE EXISTENCIA HUMANA Parte I (Ensayo 1)

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La Afectividad es el motor de la existencia humana. Esta tesis se sostendrá a partir de dos argumentos. El primero radica en el sustento que subyace los fundamentos evolutivos de la afectividad y el segundo se basa en lo que ha sido el desarrollo conceptual de la afectividad, es decir, ahonda en sus raíces epistemológicas. Esta tesis también se puede argumentar, a partir de los múltiples escenarios de la cotidianidad relacionados con las fuentes de felicidad del ser humano, a saber, familia, pareja, amigos, trabajo y uno mismo; en las que la afectividad actúa como eje central. Dicho argumento  respaldará la segunda parte de este ensayo.

En la primera línea argumental se plantea la correlación existente entre Arqueología de la Mente del antropólogo Steve Mithen y la teoría modular evolucionista de la mente de Pedagogía Conceptual desarrollada por Miguel De Zubiría. Correlación que evidencia los remotos orígenes de la afectividad y su proceso evolutivo.

La segunda línea argumental permite demostrar la evolución conceptual de la afectividad. Pues hace un recorrido a través de sus bases epistemológicas, hasta evidenciar cómo y por qué, es el concepto Afectividad el que mejor define todos aquellos estados internos que exigen evaluación. En concordancia con esto, también ratifica por qué el concepto de inteligencia es un pseudo concepto que debe ser remplazado por el de mente humana. A su vez, establece la directa correlación entre los tres tipos de mundos que habita el ser humano, planteados por el filósofo Karl Popper y los tres tipos de afectividad que traza Miguel De Zubiría.

FUNDAMENTOS EVOLUTIVOS DE LA AFECTIVIDAD

ARQUEOLOGÍA DE LA MENTE – STEVE MITHEN

Para hablar de los fundamentos evolutivos de la afectividad se hace necesario remontarse a la prehistoria de la mente, necesidad que se satisface de forma  certera desde la  teoría modular evolucionista de Steven Mithen, quien afirma que para comprender la mente actual se requiere saber en qué momento apareció y bajo qué circunstancias surgió cada función mental. Este proceso, Mithen lo explica utilizando el recurso de la metáfora de forma muy precisa; propone concebirlo como una obra dramática dividida en cuatro actos. A partir de esto, también establece el surgimiento de los diferentes tipos de inteligencia.

ACTO 1: Inicia en algún lugar del África hace 6 millones de años y tiene como único actor el antropomorfo ancestral. Actor conocido con el nombre de ancestro en común y/o  eslabón perdido, esto debido a la falta de información acerca de aquel antropomorfo.

ACTO 2: Entre  4.5 y 1.8 millones de años. El acto empieza con la aparición de Autralopithecus ramidus es el primero de los llamados australopitecinus (que significa simios meridionales). 300.000 años después  aparece un segundo actor Australopithecus Anamensis. Los dos actores viven en medios arbóreos y son vegetarianos. Hace 3.5 millones de años abandonaron el escenario y fueron sustituidos por  Australopithecus Aferensis. Representado por la famosa Lucy, este primate anda erguido sobre ambas piernas y trepa los árboles con gran facilidad. Sus descendientes son conocidos como Australopithecus Africanus, cuyos comportamientos se asemejan a los de un babuino moderno y por supuesto pasa más tiempo erguido que sus abuelos.

En estos primates fueron evidentes dos elementos centrales, de lo que Mithen denominó Inteligencia Social; poseían un amplio conocimiento social sobre otros individuos con el fin de saber quiénes eran amigos y aliados, y así mismo, desarrollaron la capacidad de inferir los estados mentales de esos individuos. Igualmente mostraron gran habilidad para resolver con mayor eficacia problemas del mundo social, más que para resolver problemas del mundo no social. Por ejemplo, podían identificar el rango social de sus congéneres, no así, diferenciar en dónde había mayor o menor cantidad de alimento.

ACTO 3: Hace 1.8  millones de años (100.000 años). Aparecen los primeros miembros del linaje  Homo con un cerebro 1.5 veces más grande que el de sus primos los australopitecinos y con una considerable variedad de tamaño y forma. Conocido como Homo habilis. El cual es portador de útiles y artefactos de piedra;  gracias a la habilidad que va ganando en la fabricación y perfeccionamiento de los mismos, le es posible implementar métodos de caza más efectivos y por lo tanto incrementar la ingesta de carne en su dieta.

En este punto, luego de casi 6 millones de años de total inacción, aun no hay nada que se pueda calificar como arte, religión o ciencia. No obstante, es evidente un avance cognitivo en lo que se refiere a la elaboración de útiles líticos. A este desarrollo Mithen lo denominó Inteligencia Técnica. Dichos útiles, probablemente utilizados para cortar la piel de los animales, seccionar los tendones y extraer trozos de carne; dan cuenta de  una evolución en los procesos cognitivos del Homo habilis, acerca de la interacción con el mundo natural. A su vez, Mithen relaciona esta interacción con lo que él llama Inteligencia de la historia Natural.

La segunda escena de este acto empieza con el Pleistoceno. Aquí empiezan a formarse las primeras capas de hielo y con ellas, aparece en escena el Homo erectus. Lo más llamativo es que su llegada se hace de forma simultánea en tres partes del mundo; en el este de África, en China y en Java. Ya se observa en otras partes de África al Homo sapiens arcaico y en el Próximo Oriente aparecen el Homo neanderthalensis, más conocido como hombre de Neandertal.

ACTO 4: Hace entre 100.000 años y la actualidad. Entra en acción una nueva figura, nuestra propia especie el Homo sapiens sapiens el cual se ve por primera vez  en el sur de África y en el próximo oriente. Y es a partir de éste donde se empiezan a evidenciar nuevos indicios, pues no sólo entierran a sus muertos  -como lo hacían lo neandertales-  además colocan trozos de animales muertos encima, a modo de ajuar funerario. Empieza a fabricar utensilios con materiales diferentes a piedra y madera. En el sur de África, utiliza trozos de ocre rojo y afila trozos de hueso para fabricar arpones. La segunda escena surge cuando hace unos 60.000 años ocurre algo muy importante, en el sureste asiático Homo sapiens sapiens construye barcas para luego ejecutar la primera travesía a Australia.

Los actores crean ahora su propio escenario, construyen viviendas y pintan en las paredes, cosen sus ropas con agujas hechas de hueso, y en sus cuerpos estén vivos o muertos llevan colgantes y abalorios, desarrollan comunicación lingüística y viven en familias.

“Debido a la expansión que presentó el cerebro en los primeros miembros del linaje Homo, ocurrió un aumento desproporcionado de un área del cerebro conocida como el cortéx prefrontal, dicho aumento habría provocado una reorganización de las conexiones en el interior del cerebro, favoreciendo el desarrollo de una capacidad lingüística.”[1] Aunque se desconoce si esa capacidad lingüística estaba lo suficientemente desarrollada hace 2 millones, como para ser considerada lenguaje; Mithen designa a este proceso Inteligencia Lingüística.

Y finalmente surge en este cuarto acto una tercera escena, aparece en el Próximo Oriente gente sembrando cosechas y domesticando animales. Así, cada vez todo transcurre con mayor velocidad, los actores ahora  construyen grandes emporios y alucinantes artefactos  como automóviles y ordenadores.[2]

Es precisamente a partir de esta investigación de Steve Mithen, sobre la Arqueología de la Mente, que Miguel De Zubiría desarrolla la Teoría Modular Evolucionista de la Mente de Pedagogía Conceptual. Sin embargo, a la teoría original de Mithen, De Zubiría le agrega algunas variaciones secundarias. Por ejemplo, a cambio del sistema de “inteligencia” utilizado por Mithen, propone tres macromodulos que se corresponden con cada una de las inteligencias expuestas en Arqueología de la mente.

TEORÍA MODULAR EVOLUCIONISTA DE LA MENTE – MIGUEL DE ZUBIRÍA

La Teoría Modular Evolucionista de la Mente de Pedagogía Conceptual, sostiene que la Mente Humana está compuesta por tres Macromódulos (psicológico, práxico y conceptual)  y es el resultado de un larguísimo proceso evolutivo. Entonces, lo que Mithen denomina Inteligencia Social, De Zubiría lo llama Macromódulo Psicológico. Asimismo, retoma las Inteligencias Técnica y Natural de Mithen y las condensa en un segundo macromódulo que denomina Macromódulo Práxico. Por último, lo que Mithen designó como Inteligencia Lingüística, se constituye en el tercer macromódulo que  De Zubiría denomina Macromódulo Conceptual.

Como el propósito de este ensayo es rastrear los fundamentos evolutivos de la Afectividad, se profundizará en el Macromódulo Psicológico, sabiendo que, este se especializa en <conocer>, <valorar>, e  <interactuar> con otras subjetividades. Las evidencias evolutivas indican que se empezó a desarrollar hace treinta y cinco millones de años en los monos antropomorfos, para quienes fué determinante desarrollar habilidades que les permitieran conocer las intenciones de sus congéneres y así, deducir si debían darle al otro un trato de aliado o de enemigo.

<<El Macromódulo Psicológico o Mente Psicológica procesa sujetos, sus ilusiones, anhelos, pensamientos, creencias, angustias, simpatías, antipatías. Pero no se limita sólo a este plano, también procesa características similares de los grupos y lo que es aun más asombroso de ella misma. Debido a esto, al macromódulo psicológico lo constituyen tres módulos:

1. El módulo psicológico Interpersonal, especializado en procesar estados subjetivos de los otros.

2. El módulo psicológico Grupal, especializado en procesar estados subjetivos de los grupos.

3. El módulo psicológico Intrapersonal, especializado en  procesar estados subjetivos del sí mismo.>>[3]

De acuerdo con De Zubiría cada uno de estos módulos funciona de la siguiente forma:

El módulo psicológico Interpersonal, se obligo a conocer, valorar, descifrar e interactuar con otras mentes o subjetividades, como mecanismo de adaptación que marcó la diferencia para los homínidos entre permanecer con vida o morir. Pues de ello depende la seguridad y solidez de los vínculos, la cooperación, el apoyo etc. Esta habilidad para interpretar a los demás fue lo que Mithen denominó <Inteligencia Social.>

El módulo psicológico grupal ejecuta las mismas funciones, pero a nivel grupal, como son: conocer, valorar e interactuar con los grupos. Los humanos como seres hipersociales que somos por naturaleza, estamos a lo largo de nuestra vidas en constante interacción con diversos y cambiantes grupos; desde nuestro grupo familiar, pasando por el grupo escolar, hasta el grupo laboral y otros tantos, a través de los cuales nos movemos en el transcurso de nuestra existencia. De la misma forma, las primeras tribus hominidas se vieron en la necesidad de gestionar grupos, para garantizarse la supervivencia. Característica que también hace parte de la <Inteligencia Social> propuesta por Mithen.

Por último, el módulo psicológico intrapersonal se encarga de conocer, valorar y dirigir al yo. Entonces, lo que hace este módulo es permitirle al individuo autoconocerse, es decir, saber quién es, de dónde viene, cuáles son sus intereses, metas, sueños; o para ser más precisos, le deja saber cuáles son sus afectos, roles y creencias. Obteniendo como resultado final, un completo mapa de sí mismo. Igualmente le permite autovalorarse a partir del conocimiento previo, y en esta medida, es posible que el individuo aprecie sus fortalezas, puntos medios y áreas débiles, con base en esto puede tomar consciencia de qué puede lograr y qué no.

Adicional a esto, el módulo psicológico habilita en el  individuo la capacidad para autoadministrarse, esta competencia se caracteriza por utilizar la operación motivar en dos direcciones: proactiva e inhibitoria. La primera busca motivar al individuo en la ejecución de acciones convenientes para él, como la realización de sueños, anhelos, metas, objetivos etc. La segunda se refiere al autocontrol o  autorregulación de las emociones, con el fin de evitar conductas y/o comportamientos que puedan ser perjudiciales para el individuo.

El módulo psicológico intrapersonal empezó a desarrollarse hace apenas cincuenta mil años, con la aparición del Homo sapiens sapiens, suceso a partir del cual, surge lo que  Steve Mithen denominó el Bing Bang cultural o <Inteligencia Lingüística.>

Todo lo anterior, deja en evidencia que la Afectividad es el resultado de un larguísimo proceso evolutivo, que empezó con el desarrollo del macromódulo psicológico interpersonal hace treinta y cinco millones de años. No obstante, el constructo afectividad ha sido objeto de múltiples y diversas interpretaciones. “Por siglos la Afectividad se localizó en la gaveta del desajuste psicológico, en el cajón psicopatológico de la psicología clínica y de la psiquiatría. Se la asoció con abulia, ansiedad, disociación esquizofrénica, depresión, manía; o más recientemente con alexitimia, déficit de atención, drogadicción, estrés, bulimia(…)”[4]

Pasaron cientos de años, sin que se pensara en las funciones tan determinantes y cruciales que cumple la Afectividad en la existencia humana. De hecho, fué necesario que Miguel De Zubiría se diera a la tarea de hacer todo un desarrollo conceptual  del constructo Afectividad.

DESARROLLO CONCEPTUAL DE LA AFECTIVIDAD

El mito de la inteligencia y los peligros del cociente intelectual CI. Así titula Miguel de Zubiría el libro en el que argumenta de forma rigurosa, la falsedad de los test CI y el por qué no se debe hablar de inteligencia (dada su falta de validez científica) sino de una Mente constituida por  múltiples dimensiones; afectiva, cognitiva y expresiva.

Igualmente, en este libro De Zubiría hace un recorrido que da cuenta  del aporte teórico de diferentes autores, que por oponerse a la errada creencia de una única y limitada inteligencia, se obligaron a hacer contundentes investigaciones y desarrollos teóricos que permitieron  deslegitimar dicha creencia, entre ellos sobresale el psicólogo Howard Gardner. El aporte de este autor resulta de especial relevancia, pues en su teoría de las inteligencias múltiples, propone las inteligencias personales; intrapersonal e interpersonal. Con este aporte,  Gardner marca el punto de inicio para desarrollar lo que más tarde se constituiría en el concepto de Afectividad, desarrollado por De Zubiría. Veamos entonces como se produjo este desarrollo desde la perspectiva de Miguel De Zubiría.

Todo empezó en el siglo XIX cuando un primo de Charles Darwin, apellidado Galton, intentó medir las funciones cognitivas. La cultura de la época, sentía la necesidad  de no querer mezclar  “niños capaces con incapaces”. Y Galton al detectar esta necesidad,  a través de su Hereditary Genius afirmó que la inteligencia es hereditaria, que hay seres superiores, mediocres e inferiores y que esto se podía medir. Por desgracia para él, sus medidas no tuvieron mucha acogida.

Años después, en 1905 el gobierno francés se vio en la necesidad de diseñar un instrumento que permitiera identificar niños con retardo mental, para enviarlos a recibir educación especial. Esta tarea le fue encomendada al medico Alfred Binet, quien junto con un equipo de psicómetras retoma los métodos de Galton y crean el primer test para detectar niños con retardo mental.

Hasta aquí, todo estaba bien. El aporte de Binet había sido innovador y práctico, además, logró cumplir con el objetivo propuesto; medir las funciones mentales en niños con retardo mental.

El problema comienza cuando el test Binet atraviesa el atlántico y llega a la universidad de Standford. En 1930 un equipo de psicólogos, educadores y estadísticos dirigidos por David Weschler, se basan en Binet  y diseñan una serie de test para evaluar la “inteligencia.”

Estos test contaron con dos aportes complementarios; uno, ampliaron el diagnóstico a todas las edades, preescolar, escolar y adultos. Dos, le asignaron al evaluado un puntaje así:  menos de 70 (retardo mental) más de 130 (superdotación) 90 – 110 (normalidad intelectual). En la cultura norteamericana, si algo es susceptible de medida, sencillamente quiere decir que existe. Por esta razón, los test Weschler tuvieron gran aceptación allí. Al punto de permitir crear toda una industria alrededor de ellos, convirtiéndose en los test psicométricos con mayor aplicación mundial.

Tanto a Binet como a Weschler los asistió la razón, al querer refutar el conductismo anti mentalista y al reintroducir el estudio de las funciones cognitivas como la atención, la memoria y la comprensión entre otras. Pero fallaron en algo determinante, no tuvieron en cuenta lo importante que resultaría conceptualizar el objeto de medición. Es decir, olvidaron precisar  qué es la inteligencia. Con tono de preocupación De Zubiría menciona: “ayer como hoy sabemos lo mismo sobre qué es la inteligencia; nada. O tan poco como lo expresa la famosa frase del psicómetra  Turing; inteligencia es lo que miden los test de inteligencia.”

El problema en si mismo no fue medir, sino denominar a procesos simples como saber información, retener dígitos, efectuar operaciones aritméticas; “inteligencia.” En conclusión, como lo afirma De Zubiría, el gravísimo error de los test es nada más y nada menos que su nombre. Denominarse test de inteligencia sin serlo.

<<Variadas limitaciones de los test CI aparecieron pronto. Tres    graves:

1. Sobrevaloran la cognición en el desempeño escolar.

2. Opacan las funciones motivacionales y afectivas.

3. Entre los procesos cognitivos privilegian los subprocesos cognitivos elementales: información, retención de dígitos, operaciones aritméticas sobre otros procesos cognitivos.>>[5]

No contar con una teoría de la mente, fue el punto de quiebre de los test CI -a criterio de De Zubiría-. Además, la idea errónea de concebir una inteligencia monolítica, limitada a los procesos memorísticos, informativos, intelectuales elementales; le abrió paso a los psicólogos factorialistas para inventar lo que denominaron  análisis factorial. Una técnica que supera la “inteligencia general” por calificar cada aptitud o subaptitud de forma concreta. Desde que fueron inventados a mediados del siglo XX hasta hoy, los test de aptitudes específicas se han expandido rezagando los test globales de CI.

Si bien es cierto, que los factorialistas se atrevieron a dar el siguiente paso cuestionando la inteligencia monolítica y proponiendo una serie de aptitudes humanas múltiples y variadas; fallaron al creer innecesario conceptualizar cada factor o aptitud con precisión, razón que los llevo al extremo de pensar que cualquier acción particular podría constituir una aptitud. Año tras año aparecían nuevas aptitudes: aptitud espacial, aptitud verbal, aptitud abstracta, aptitud pictórica, aptitud administrativa etc., etc. A tal punto, que en 1951 el presidente de la APA Guilford, postuló 120 aptitudes diferentes.

Como lo afirma De Zubiría, hasta aquí, el pseudoconcepto  inteligencia había entrado en una profunda crisis; cada vez más  agudizada con las críticas conceptuales y teóricas que proliferaban por parte de los psicólogos dialécticos. Quienes en paralelo con los test de aptitudes atacaron el CI. Sobresalen Vigotsky, Luria, Merani y Wallon. En suma, -comenta De Zubiría- la supuesta inteligencia medida por test, no se sabía qué era, en que consistía, ni como funcionaba.

Posterior a esto, aparece en escena la psicología genética del suizo Jean Piaget, quien afirma, luego de extensas investigaciones que la inteligencia real del niño evoluciona, madura, cambia, se transmuta, no es única ni inmutable. Adicional a esto, Piaget demuestra que más haya del CI limitado a medir funciones intelectuales de procesamiento rápido elemental; están los instrumentos y operaciones intelectuales cuyas funciones caracterizan procesos complejos y avanzados.

La estocada final a la inclemente “inteligencia” monolítica tiene nombre propio Frames of  Mind la obra publicada en 1983 por el psicólogo norteamericano Howard Gardner. Con este libro Gardner desecha la rancia teoría del intelecto, (vigente durante ochenta años) al refutar la existencia de una única inteligencia. A cambio propone siete tipos de inteligencias: Lógica-verbal, Interpersonal, Intrapersonal, Espacial, Cinestésica, Lógica-matemática, Musical. Y en los últimos años propuso dos más: Ecológica y Trascendental.

El aporte de Gardner resulta determinante, pues gracias a él, se hace posible propinarle una sanción definitiva a la ambigua y excluyente “inteligencia” medida por test CI. Que por cierto, fue mucho el daño que causo a cientos de niños, bien fuera por catalogarlos de “superdotados”, retardados o aceptables.

Con Howard Gardner se inicia una nueva etapa, una nueva forma de concebir las facultades mentales, o en otras palabras,  a partir de él se rompe con la hegemonía del CI  y con lo que De Zubiría llama el mito de la inteligencia. Con Gardner  se empieza a tener en cuenta la dimensión afectiva del individuo.

Al proponer las inteligencias personales; intrapersonal e interpersonal, Gardner se aproxima al mundo afectivo e intenta describirlo. Con respecto a la inteligencia intrapersonal menciona que “el conocimiento intrapersonal permite descubrir y simbolizar conjuntos complejos y altamente diferenciados de sentimientos. (…) La capacidad medular que opera en el desarrollo de los aspectos internos de  una persona, es el acceso a la propia vida sentimental, la gama propia de afectos y emociones: la capacidad para efectuar al instante discriminaciones entre estos sentimientos y, con el tiempo darles un nombre, desenredarlos, (…) utilizarlos como un modo de comprender y guiar la propia conducta.”[6]

Y en lo que se refiere a la inteligencia interpersonal, describe lo siguiente: “la inteligencia interpersonal se vuelve al exterior, hacia otros individuos. Aquí, la capacidad medular es la habilidad para notar y establecer distinciones entre otros individuos y, en particular, entre sus estados de ánimo, temperamentos, motivaciones e intenciones. (…) El conocimiento interpersonal permite al adulto hábil leer las intenciones y deseos de muchos otros individuos, y potencialmente,  actuar con base en este conocimiento por ejemplo: influyendo en un grupo de individuos dispares para que se comporten según un lineamiento deseado.”[7]

A todo esto, se le agrega el aporte del psicólogo cognitivo Robert Sternberg, quien retoma la crítica de Gardner al CI, para acrecentarla y profundizarla. Acto seguido y en contra del discurso que alguna vez fue dominante, Sternberg inicia su libro La inteligencia exitosa, agradeciendo por tener un bajo coeficiente intelectual y aseverando que esto lo salvó. Pues asegura que los test CI no dan cuenta de la dimensión sociocultural del individuo, grave error, teniendo en cuenta que es precisamente en la interacción con los demás donde se pone a prueba la verdadera inteligencia, afirma Sternberg.

Luego de innumerables estudios Sternberg postula en contra del CI tres “inteligencias”, analítica, creativa y una de especial interés para este contexto, inteligencia práctica que aplica al entender a otras personas y al descifrar los ambientes sociales en que se vive. Propuesta que contribuye considerablemente con la deslegitimación del CI.

Menciona De Zubiría que en este punto el CI estaba arrinconado y vencido, por un lado los test de aptitudes particulares diseñados por los factorialistas, y los psicólogos genéticos que demuestran la invalidez de la “inteligencia” medida por los test. Por otro lado, las contundentes obras de los psicólogos cognitivos Howard Gardner y Robert Sternberg, permiten abrirle paso a formas más precisas de concebir la mente a partir de una teoría modular.

Sin embargo, aun faltaba cerrar con broche de oro, era necesaria una propuesta que superara definitivamente la obsoleta idea de “inteligencia” medida por test de CI, inválidos tanto conceptual como prácticamente. El merito de esta propuesta a juicio de Miguel De Zubiría -y según él, a juicio de muchos otros- se lo lleva Daniel Goleman con el desarrollo que hace en su libro La inteligencia emocional publicado en 1996.

En este libro Goleman rescata -entre otras cosas- la inteligencia interpersonal e intrapersonal, antes propuestas por Gardner, y propone la teoría de la inteligencia emocional como fundamento primario de la mente humana.

<<La inteligencia emocional, redescubierta por Goleman, además de enterrar el viejo CI por insulso, inoperante e irrelevante, teniendo en cuenta las circunstancias en las cuales vivimos los seres humanos de carne y hueso, termina con un siglo de tiranía racionalista e intelectualista, el siglo XX. Siglo regido por la inteligencia: racional, cognitiva, monárquica, única, lógica-verbal, académica (…). Siglo que aisló al intelecto humano del corazón, prohibió las pasiones y omitió los intereses, como si los seres humanos no estuviesen regidos y dirigidos por pasiones, anhelos, deseos, sueños (…).>>[8]

En fin, como bien lo afirma De Zubiría, se necesitó trabajar silenciosa y mancomunadamente desde 1930 hasta 1995, siete décadas, para bajar de su pedestal al CI, y demostrar fuera de toda duda que no existe una “inteligencia.”

Pero aquí no termina esto, si bien es cierto que todo lo anterior contribuyó cuantiosamente; dice De Zubiría que ni Gardner, ni Sternberg, ni Goleman desarrollaron una teoría biopsicosocial mental a partir de la cual se pueda sostener el nuevo concepto de mente humana. Para esto fue necesario que apareciera una obra como Arqueología de la mente de Steve Mithen. De Zubiría sostiene que el arqueólogo Mithen no sólo refuta la vieja teoría intelectual unipolar, sino que inaugura la nueva época: la de la mente como objeto científico multimodal de estudio e investigación.

A partir de la obra de Steve Mithen, De Zubiría propone cambiar el pseudoconcepto “inteligencia” por el de Mente Humana; junto con sus orígenes, arquitectura, génesis y funciones. Pues afirma que más peligroso que los mismos test CI, fue el pseudoconcepto “inteligencia”, razón por la cual se ve obligado incluso a descartar el sugestivo concepto “inteligencia emocional.”

A propósito de este último concepto, De Zubiría  se pregunta, ¿acaso los seres humanos somos tan sólo emociones? La respuesta definitiva es no. El ser humano también esta constituido por otros estados internos como son: sentimientos, actitudes, valores y principios, denominados en conjunto <<instrumentos afectivos.>>

De cualquier modo, lo que existe, como bien lo explica De Zubiría, es una mente que ha evolucionado y esta constituida por tres macromódulos (psicológico, práxico, cultural). Cada uno de estos tres macromódulos cuenta con una dimensión afectiva, cognitiva y expresiva.

Ahora bien, retomando el sendero que nos lleva al concepto Afectividad, aparece en escena el pensador español José Antonio Marina. Este autor, -insistentemente citado por Miguel De Zubiría- considera que toda ciencia debe precisar su terminología y sus criterios de verdad. Incluida la ciencia de la afectividad. Dice Marina que <<el léxico sentimental es muy confuso en todas sus lenguas, por ejemplo, en ingles se usa con poca cautela affect, feeling, emotion, passion, mood. En la nomenclatura pasional francesa se han analizado términos como: sentiment, emotion, inclination, penchat, susceptible de, temperament, carácter, humea.>>[9]

Señala Marina que la palabra castellana más antigua para designar las variables afectivas es pasión. Aun así, el termino no resulta apropiado dado su heterogéneo carácter y a veces ambiguo. Continuando con el ejercicio de precisión terminológica, Marina cita la denominación del filosofo y humanista español Juan Luis Vives, que entre otras se acerca mucho; Affectus. Al intentar  aproximarse aun más se encuentra con sentimiento y emoción, pero a criterio de Marina estas son palabras tardías y quedarían muy limitadas para definir todo un universo de estados internos.

De manera que, para precisar en la terminología Marina afirma lo siguiente: <<en primer lugar se necesita un término genérico que incluya todas las experiencias que impliquen evaluación, agrado o desagrado, atracción o rechazo, preferencias. Pasión a pesar de su rancio abolengo no sirve (…) sentimiento tampoco. Me inclino, pues, por  Afectividad>>.[10]

Es así entonces, (se supone) como Miguel De Zubiría llega al concepto Afectividad. Pero va mucho más allá, propone tres tipos de afectividad y define el concepto como <<valorar realidades humanas>>. Esto es, valorar las tres realidades que de acuerdo con Karl Popper habitamos los seres humanos (material, psicológica y cultural). Esta valoración implica desarrollar competencias que permitan tener una sana y fluida interacción con los demás, con los grupos y consigo mismo. Técnicamente, competencias interpersonales, sociogrupales e intrapersonales respectivamente.

Para comprender en detalle lo anterior y por qué Miguel De Zubiría plantea tres tipos de Afectividad (práxica, psicológica y cultural) es necesario introducirnos en un recorrido por la epistemología evolutiva de la Afectividad.

EPISTEMOLOGÍA EVOLUTIVA DE LA AFECTIVIDAD

KARL  POPPER

Las tres funciones de cualquier mente son conocer, valorar y optar. La diferencia de la mente humana con respecto a las demás mentes animales, consiste en que ésta habita  tres realidades. En esta medida, es posible entender por qué la Afectividad supera las interacciones entre personas.

Para comprender esto, es necesario adentrarse un poco en la potente tesis ontológica del filósofo austriaco Karl Popper, quien postuló que los humanos habitan tres realidades simultáneas. “ Según él, está el mundo de los objetos y los eventos materiales. La piedra en el camino, el aire, la lluvia que nos moja, las plantas, etc., constituyen el Mundo-1 Material. Pero también están las palabras, los pensamientos, las ilusiones, los deseos, la envidia, etc., que arman el Mundo-2  Psicológico. Como también esta una canción, los mitos, las teorías, la ciencia, la pintura, la ética, etc., conforman el Mundo-3 Cultural.”[11]

En este orden de ideas, -afirma De Zubiría- el ser humano puede valorar, no una, ni infinitas realidades; valora y opta a partir de tres realidades. Si bien es cierto que estas realidades son infinitas en su singularidad, todas pueden ubicarse en las tres realidades propuestas por Popper. Con base en esto, Miguel De Zubiría plantea tres afectividades así:

Afectividad Práxica: valora y opta ante las realidades objetivas humanas M-1. Hace parte de esta afectividad todo lo que sea susceptible de ser manipulado a través del tacto, todo lo material. Como lo es un computador, un lápiz, una casa, una flor. Los individuos que se desempeñan o gustan de campos como la arquitectura, la ecología, la medicina, la ingeniería,  tienen inclinación por la afectividad práxica.

Afectividad Psicológica: valora y opta ante realidades subjetivas humanas M-2. Se encuentran en este tipo de afectividad las palabras, los deseos, las angustias, fobias, simpatías, antipatías, ilusiones, etc. A su vez, la Afectividad Psicológica se subdivide en Interpersonal; que hace referencia a los vínculos establecidos con otras personas. Sociogrupal que se define a partir  de las interacciones efectuadas en los diferentes grupos sociales. Intrapersonal que se refiere a la relación del individuo con él mismo. La Afectividad Psicológica valora y opta con respecto a otras personas y a sí mismo. Quienes sienten afinidad por la comunicación, la educación, las áreas comerciales, empresariales, se orientan hacia este tipo de afectividad.

Afectividad Cultural: valora y opta frente a realidades conceptuales M-3. Cuando alguien siente inclinación y gusto por  las matemáticas, la física, química, biología, sociología, psicología, pedagogía. O bien por la pintura, la música, el teatro, la fotografía, poesía, escritura; indudablemente coexiste con la Afectividad Cultural.

Entonces, tres mundos o realidades planteadas por Karl Popper,(material, psicológica, cultural) se corresponden con tres afectividades propuestas y desarrolladas por De Zubiría; (práxica, psicológica, conceptual) que a su vez  tienen un correlato con los tres macromódulos de la mente humana (práxico, psicológico, conceptual o cultural) desarrollados como consecuencia de la presión evolutiva (Mithen).

DERIVADAS

Derivada 1

El concepto Afectividad representa la evolución del concepto inteligencia emocional.

Luego de hacer un largo recorrido, que comenzó con el surgimiento de los test de CI en el siglo XIX, y de señalar la postura de los diferentes detractores que argumentaron la invalidez de los mismos a nivel escolar, social y conceptual; se llega al concepto de inteligencia emocional propuesto Daniel Goleman. Dicho concepto permitió desvirtuar en gran medida, la creencia errada con respecto al ambiguo objeto de medición del CI la “inteligencia”, limitada únicamente al plano académico.

<<Goleman y los demás investigadores re-descubridores de la afectividad asumen que vivir se resuelve en pequeños y aparentemente secundarios intercambios interpersonales: convencer taxistas, productores ejecutivos, decanos de investigación, esposas potenciales, discutir, convenir, compartir. Salvo que fueron intercambios interpersonales ocultos ochenta años, casi todo el siglo XX  pasado, que le apostó a la inteligencia académica-verbal.>>[12]

Si bien es cierto que el aporte de Goleman permitió ratificar la invalidez de los test de CI, su propuesta se quedó corta en la medida  que continuó utilizando un pseudoconcepto ambiguo y revaluado; “inteligencia” y se limitó a tratar las emociones, ignorando los demás constituyentes del sistema afectivo, a saber, sentimientos, actitudes, valores y principios.

En este orden de ideas, es posible afirmar que la Afectividad se constituye en el concepto que evoluciona el concepto inteligencia emocional por las siguientes razones fundamentales:

  • Por su validez tanto epistemológica como evolutiva.

  • Por tener en cuenta que el ser humano no esta constituido tan sólo por emociones, sino que también puede actuar mediado por sentimientos, actitudes, valores y principios.

  • Por tener como objetivo valorar las realidades humanas, (material, psicológica, cultural) permite aprehender a comprehender subjetividades, posibilitando una lectura mucho más precisa del otro, del grupo y de sí mismo.

  • Porque permite dar cuenta del desempeño en las tareas socialmente significativas, que  a su vez, constituyen las principales fuentes de felicidad humanas; la amistad, la pareja, el trabajo, la familia y uno mismo.

Derivada 2

La Afectividad es la dimensión primaria y más remota de la mente humana.

El valor adaptativo de la Afectividad se remonta a los primates antropomorfos. Estos se vieron en la necesidad de interpretar y descifrar las intenciones de los demás, por cuestiones de supervivencia. “Parece que los primates antropomorfos inventaron la afectividad interpersonal por presiones evolutivas(…) luego la capacidad de conocer a otro, apreciarlo e interactuar con él supera por 35 millones de años la recientísima “inteligencia” académica, a la cual demasiados psicólogos educativos y profesores le rinden aún pleitesía.”[13]

Acorde con Miguel De Zubiría la unidad afectiva interpersonal se constituye en la estructura mental más primaria, fundamental y antigua de la especie sapiens. Y en coherencia con esto, afirma que debe cambiarse el racionalista precepto << “Pienso luego existo”, por el más humano “Comprendo a otros, luego existo.”>>[14]

Somos seres hipersociales por naturaleza, desde nuestro nacimiento demandamos grandes cantidades de afecto, y utilizamos sofisticadas estrategias como sonrisas, miradas, caricias etc., que garanticen la confianza y el cariño de los demás, principalmente de nuestra madre; esto nos garantiza la supervivencia. Es decir, desde que nacemos, nos vemos en la necesidad de hacer  uso de nuestra afectividad interpersonal.

Derivada 3

Conocer el origen y el desarrollo de la Afectividad resulta de vital importancia para comprehender el comportamiento humano.

Para comprehender porque alguien siente como siente, piensa como piensa y actúa como actúa; es necesario conocer en detalle la naturaleza humana. Sabemos que por naturaleza venimos al mundo dotados de una dimensión altruista y una egoísta, que la cultura generalmente ha  promovido el lado egoísta; y que  no obstante,  gran parte de los grandes avances producidos a lo largo de la historia, han sido posibles gracias a la puesta en práctica  de valores altruistas.

A propósito de lo anterior el divulgador científico Antonio Vélez menciona que “en el ser humano lo bueno y  lo malo son hermanos siameses. Por eso tenemos que aceptar este axioma: la evolución produce todas las virtudes y pecados que resulten rentables para el individuo, somos una mezcla inevitable de bueno y malo.(…) Es decir, todos llevamos en el alma un doctor Jekyll que a la menor oportunidad se transforma en Mr. Hyde.”[15]

Ahora bien, teniendo en cuenta que los orígenes de la afectividad son remotos y que su desarrollo ha sido determinante desde el punto de vista de la supervivencia; el conocer su génesis y evolución permite conocer con certeza por qué somos como somos. Tener claro que comportamientos  como la envidia, la venganza, los celos, la infidelidad, la mentira, la hipocresía, la codicia, la avaricia etc., son producto de nuestra naturaleza egoísta, posibilita la comprehensión del comportamiento humano y lo que es más importante, el mejoramiento del mismo. Como bien lo afirmó el literato Antón Checkhov hace muchos años atrás “El hombre se volverá mejor cuando le muestres cómo es.”

Por ultimo, cabe resaltar que desde la perspectiva de la Afectividad comprehender a otro implica saber que <<a cada ser humano lo configura el conjunto de sus afectos, de sus creencias y de sus roles; lo que aprecia, conoce y hace (…). Esto permite descifrar el complejo proceso de interpretar a otro, descubrir sus intenciones, leer sus sentimientos, sus anhelos, ilusiones y comportamientos posibles.>>[16] Lo anterior aplica para la comprehensión del otro, de los grupos y de sí mismo.


[1] Deacon Terrence. Citado por Mithen en su libro Arqueología de la Mente. Pag.120

[2] Tomado y adaptado de “Arqueología de la mente”. Mithen Steve.

[3] De Zubiría Miguel. Cómo funciona la mente humana. Más allá de la psicología cognitiva. Fundación de Pedagogía Conceptual Alberto Merani. Pág.57

[4] De Zubiría Samper Miguel. La Afectividad Humana. Sus remotos orígenes. Sus instrumentos y operaciones. Fundación de Pedagogía Conceptual Alberto Merani.Pág.44

[5] De Zubiría Samper Miguel. El mito de la inteligencia y los peligros del cociente intelectual CI. Fundación de Pedagogía Conceptual Alberto Merani. Pág. 21

[6] Gardner Howard. Estructuras de la mente. La teoría de las inteligencias múltiples. 1994./Fondo de cultura económica./ Pág.288

[7] Ibid. Pág. 288

[8] Op.cit. El mito de la inteligencia. Pág.28

[9] Marina José Antonio. El laberinto sentimental. Anagrama. Pág.34

[10] Ibid. Pág.34

[11] De Zubiría Miguel. La Afectividad Humana. Fundación Internacional de Pedagogía Conceptual. Pág.159

[12] Op.cit. El mito de la inteligencia. Pág.91

[13] Ibid. Pág. 23

[14] Ibid. Pág. 24

[15] Velez Antonio. Homo sapiens. Villegas editores. Pág.397

[16] Op.cit. La afectividad humana. Pág.107

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¿POR QUÉ SOMOS COMO SOMOS? (Post.2)

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“El hombre se volverá mejor cuando le muestres cómo es.”Anton Checkhov

¿El hombre es egoísta o altruista por naturaleza? ¿Somos producto del medio cultural únicamente o somos seres puramente biológicos? ¿Se puede modificar el “dictamen genético” a partir del Desarrollo Afectivo? ¿Es posible llegar a comprehender por qué una persona piensa lo que piensa, siente lo que siente y actúa como actúa?

Por naturaleza venimos al mundo dotados tanto de una dimensión altruista como de una egoísta. Ahora, ¿cuál de las dos  se desarrolla más? la cultura en este punto juega un papel significativo, pues de su influencia depende la dominancia; bien sea de las “malvadas” (no siempre es así) instrucciones programadas por el código genético o del accionar que corrige y controla los impulsos del genoma. En otras palabras, es falso que el hombre “nace”,  y es igualmente falso que el hombre se “hace”. El hombre “nace” y se “hace”.[1]

Por desgracia, desde siempre hasta nuestros días, tanto el genoma como la cultura han favorecido el desarrollo y predominio del lado egoísta,(esto no quiere decir que el lado altruista no se haya manifestado y continúe haciéndolo) es más, se puede afirmar  -a diferencia de lo que pensaba el “buen” Rosseau- que “el hombre nace malo y  a veces la sociedad lo mejora”.[2] El hombre, debido a su origen animal, también se convierte en presa fácil de la despiadada selección natural, y ésta, simplemente hace lo que tiene que hacer. “En evolución no sólo se trata de ganar, sino de ganar más que los demás y, en ocasiones, en hacer perder a los otros. Por lo tanto, la evolución siempre estará produciendo malvados.”[3]

En relación con lo anterior, el divulgador científico Antonio Vélez afirma lo siguiente:

<<Un animal que se muestre perfectamente altruista, que siempre les ceda el turno a sus compañeros, que no acapare recursos vitales cuando se presenta la oportunidad, que no responda con violencia a las agresiones o a las injusticias, que no se muestre vengativo, que no se interese en el sexo, que no descanse de trabajar en bien de sus parientes o que no se alimente en abundancia cuando las circunstancias lo propicien, ese animal no dejará descendientes, o dejará muy pocos, en relación con sus compañeros de grupo. En cambio los lujuriosos, los egoístas, los altruistas con sus parientes próximos, los ventajosos, los agresivos, los maquiavélicos, los codiciosos y los avaros tenderán a dejar más descendientes y en consecuencia esas “virtudes”-“pecados” desde la perspectiva humana- serán elegidas por la selección natural para incorporarlas en la dotación biológica de cada especie. Y el hombre no es ninguna excepción. >>

Ahora bien, esto no quiere decir que todo esté perdido. No se trata de caer en algún tipo de determinismo genético; como bien lo señala  Antonio Velez,  “de ninguna manera se acepta que las fuerzas del genoma sean insuperables, (…) se considera que en más de un caso las fuerzas importantes las aporta el medio ambiente”. Y citando a Jorge Wagensberg  expresa: “Lo escrito en los genes no es un texto sagrado, se puede cambiar, arreglar, borrar, burlar….”.

En este orden de ideas, se puede aseverar que en cuanto el hombre conozca y tome consciencia de su naturaleza, y en lo posible se desarrolle en un entorno que propicie el  fortalecimiento de la ya mencionada dimensión altruista; existe un alto grado de probabilidad de cambiar el “dictamen genético”. Y es precisamente en este punto, en el que la Formación Afectiva (aprehender a interactuar con los demás y con uno mismo) cobra validez y relevancia en el existir de cualquier persona, interesada en que aflore y se desarrolle con mayor predominancia su lado de Ser Humano (altruista).

Cabe anotar que “es más sustantivo aprehender a comprender a otros seres humanos y a sí mismo que aprehender matemáticas, ciencias, sociales, español….”[4] De acuerdo con De Zubiría, aprehender a interactuar con las demás personas es mucho más importante por cuatro grandes razones:

  1. La afectividad es multifuncional y opera con multitud de personas, cercanas como parientes, familiares, amigos o incluso yo mismo; o lejanas como el taxista, el celador, etc.
  2. En la economía actual, las competencias afectivas alcanzan su valor máximo, así las apariencias sean contrarias.
  3. Cualquier déficit afectivo interpersonal tiene consecuencias costosas en términos de infelicidad, de enfermedad física y mental: soledad, depresión y suicidio, ¡las tres epidemias del siglo XXI!.
  4. Por su propia escasez, pues en la cultura occidental las primeras industrias y los colegios sobrevaloraron la “inteligencia”, haciendo a la afectividad rezagarse.

Miguel De Zubiría Samper, quien ha teorizado con amplitud acerca de la Afectividad Humana, define la misma como <<valorar las realidades humanas>>. Estas realidades las precisa a partir de la teoría del filósofo inglés  Karl Popper  según la cual, los individuos habitan en tres realidades: Práxica (Mundo 1) relacionada con lo material, Psicológica (Mundo 2) relativa a la interpretación de las demás personas y finalmente Cultural (Mundo 3) que hace referencia al conocimiento.

De esta forma, establece una directa relación entre los mundos Popperianos y los tipos de Afectividad Humana, a saber, Afectividad Práxica, Psicológica y Cultural. Para este contexto es pertinente profundizar en la Afectividad Psicológica; -pues nuestro interés se focaliza en la comprehensión del comportamiento “humano”- constituida por: Afectividad Interpersonal (relacionada con la interacción entre personas), Afectividad Sociogrupal (hace referencia a la relación individuo-grupos), Afectividad Intrapersonal (sobre la relación del individuo consigo mismo).

La Afectividad Interpersonal tiene por tarea comprehender a otros; esto se hace posible a partir del aprecio o valoración del otro, conocimiento del otro y  destrezas interpersonales. La Afectividad Sociogrupal esta relacionada con la interacción con los grupos; es a partir de ésta que la persona aprende a ser miembro de una familia, un colegio, un trabajo etc. De igual forma, para desarrollarla se requiere aprecio o valoración del grupo, conocimiento del grupo e interacción con los grupos. La Afectividad Intrapersonal moviliza los mecanismos de autocomprehensión necesarios, para interactuar consigo mismo; autovaloración (auto-estima, auto-cuidado, auto-imagen) autoconocimiento (afectos, roles, creencias) y autoadministración (motivarse e inhibirse).

En síntesis, desarrollarse afectivamente implica el conocimiento, dominio y aplicación de Operaciones Afectivas (Interpersonales, Sociogrupales, Intrapersonales) e Instrumentos Afectivos (conocer cómo se articulan emociones, sentimientos, actitudes, valores, principios). Esto se estructura con base en los roles que desempeña el individuo dependiendo de su edad. Por ejemplo, en la infancia desempeña el rol de hijo y posiblemente de hermano, en la adolescencia de hijo, estudiante, compañero y en la adultez de padre, esposo, trabajador.

Lo anterior resulta especialmente relevante, puesto que se hace posible comprehender,  por qué, sentimos lo que sentimos, pensamos como pensamos y actuamos como actuamos. Posibilitando en gran medida, (¡y no es nada pretensioso!) el mejoramiento de la especie “humana”, y obviamente la prevención de los múltiples problemas y patologías que aquejan tanto lo social como lo psicológico: violencia, crimen, suicidio, delincuencia, inequidad, corrupción etc, etc, etc, etc.

Desafortunadamente en ninguna parte nos forman Afectivamente. Vamos a la escuela a “aprender” matemáticas, sociales, español etc, y en la “educación superior” continua el aprendizaje netamente cognitivo.-Esto es apenas normal, pues al sistema educativo lo que menos le importa es el desarrollo de la persona-. En ninguna parte nos enseñan a interpretar y comprehender a los demás, a ser conocedores de nuestros afectos; para que así, sea más fácil descubrir y desarrollar nuestro talento. A comprehender que contamos con un sistema afectivo conformado por emociones, sentimientos, actitudes, valores y principios; que podemos ser mucho más acertados y asertivos, si actuamos  principalmente movidos por valores y  principios; que nuestras emociones, sentimientos y actitudes las podemos poner a actuar a nuestro favor, si desarrollamos competencias afectivas que nos permitan comprehender su funcionamiento, y así, tener un control y manejo adecuado de éstas. En fin, son demasiados los aspectos  cruciales, vitales, determinantes para nuestro diario vivir, -relacionados con la Afectividad- que no nos enseñan en ninguna parte y por lo tanto, su carencia continua produciendo estragos, que en  no pocas ocasiones, resultan  irreversibles.

Es precisamente por esta razón que ahora existe la COMUNIDAD FORMATIVA EL TALLER, un espacio en el que,  adicional a tener la posibilidad de desarrollarte Afectivamente y contribuir con el Desarrollo Afectivo de los demás, también puedes desarrollarte a nivel intelectual y profesional. No dejes de hacer parte de esta iniciativa; si consideras que lo expuesto aquí, es acorde con tu postura frente a la vida y hace parte de tus necesidades existenciales.

 


[1] Vélez, Antonio, “Homo Sapiens”  Bogota. 2009. Villegas Editores

[2] Ibid

[3] Ibid

[4] De Zubiría Miguel, “La Afectividad Humana” Bogotá 2007

CONSTRUYENDO UN PROYECTO EXISTENCIAL 

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construir4Debo admitir que no ha sido nada fácil renunciar a la aparente  “estabilidad” y  “seguridad”, que produce mantenerse alienado y sumiso al  perverso sistema actual. Aunque a decir verdad, el precio que se paga es muy  alto, pues se hace necesario incluso; enajenar la propia libertad y anular la posibilidad de gestionar un camino que conduzca al logro de la autonomía.

Luego de sobreponerme a la perturbación que provoca el régimen industrial, de haber experimentado el rol más sublime y divino; paradójicamente antecedido por la sensación más abominable y salvajemente dolorosa -el parto-. Después de todo esto, he sentido la imperiosa necesidad de procurarle un poco más de evolución a mi existir, y lo que es aun más importante, de darle celeridad al cometido que como ser humano tengo en la vida  <<hacer que mis hechos me permitan trascender>>.

Encontrar  la ruta que me conducirá a la consecución de dicho cometido es algo que me ha tomado tiempo. Por un lado, puedo decir que dentro del concepto que tengo de mi; prevalece el hecho de caracterizarme por una profunda inconformidad con el sistema establecido, por un agudo y poco operante sentido crítico frente a la dinámica social basada en la desigualdad de oportunidades, capitalismo bestial, injusticias de todo tipo,  discriminación, corrupción,  indiferencia, violencia, pobreza, guerra y un eterno etcétera. Asimismo, por tener la firme intención de contribuir con una transformación autentica de mi entorno (en este caso tenía muy claro qué hacer; pero no sabia cómo hacerlo).

No obstante lo anterior, confieso  que contemplar la posibilidad de cambiar mi “acomodado” estilo de vida o de intentar emprender algún cambio importante, me generaba algo de temor y desorientación, -lo que considero es apenas normal-. Pero  lo que no me resulta para nada normal, es resistirse a emprender cambios importantes en la vida, aun sabiendo que lo único permanente en nuestras vidas son los cambios. Por lo demás, no se puede ignorar que es a partir de los cambios que se hace posible la evolución. 

Pues bien, después de hacerme consciente de la importancia del cambio (sobre todo de paradigma) he decidido hacerlo participe de mi vida, y sin vacilar más, he comenzado lo que denomino como “liberación progresiva del sistema”. Al mismo tiempo,  lo más substancial de mi sentir toma forma a partir de este proceso, es decir,  aquí empieza a forjarse lo que se constituye en mi propósito existencial, a saber, -como ya lo mencioné-  <<hacer que mis hechos me permitan trascender>>.       

Bueno, creo que ya estuvo bien de catarsis. Para entrar en materia  te diré que este proyecto se estructura a partir de dos conceptos y/o propósitos principales: Humanizar al Hombre y Construir Bien-estar. Ahora bien, la consecución de lo anterior se concibe desde la Formación para el Bien-Estar a partir de la Afectividad Humana (desarrollo afectivo de las personas). Cumplir con este propósito implica darle vida a nuevas instituciones tales como: Centros de Formación Afectiva (promueven el desarrollo afectivo de las personas en sus diferentes dimensiones, como son: familia, trabajo, pareja, crianza, amigos, sociedad, etc) Centros de Formación  Humana (tienen como propósito el desarrollo integral de las personas desde el punto de vista afectivo, intelectual y del talento), Empresas Altruistas (bien podría decirse que son la evolución tanto conceptual como práctica de las ya conocidas empresas sociales).

Imagino que te estas preguntando el por qué de lo anterior; la respuesta es muy sencilla… Lastimosamente, la gran mayoría de problemas que aquejan  nuestra sociedad,  encuentran su causa en una aguda deficiencia de desarrollo afectivo. Esto es apenas normal teniendo en cuenta que en ninguna parte recibimos formación acerca de cómo llegar a convertirnos en seres humanos o de cómo podemos descubrir y desarrollar el talento. La escuela industrial prioriza en la instrucción de matemáticas, biología, física, español etc; pero en ningún momento se preocupa por dar cuenta de la dimensión afectiva, esto es, -según Miguel De Zubiría- permitirle a la persona desarrollar de forma optima su afectividad intrapersonal (autoconocimiento, autovaloración y autoadministración), afectividad interpersonal (conocimiento del otro, valoración del otro y destrezas interpersonales), afectividad sociogrupal (conocimiento de los grupos, valoración de los grupos e interacción con los grupos), afectividad que conduce al amor a si mismo, al otro, al mundo y al conocimiento.

De la misma forma -y siguiendo la teoría de De Zubiría- se hace necesario que la persona comprenda el funcionamiento de los instrumentos afectivos (emociones, sentimientos, actitudes, valores y principios) para tomar consciencia de por qué siente lo que siente, piensa lo que piensa, actúa como actúa,  y de cómo su accionar varia de acuerdo al nivel de desarrollo afectivo en el que se encuentre.

En este orden de ideas, se puede afirmar: en tanto se cuente con un óptimo desarrollo afectivo intrapersonal, interpersonal y sociogrupal; e igualmente  se  actúe  con mayor frecuencia con base en valores y principios, existe un alto grado de probabilidad -por no decir que es totalmente seguro-  de obtener  Bien-estar  y  por supuesto Felicidad.

En lo que respecta a la Empresa Social; (o mejor dicho, Empresa Altruista) definitivamente se constituye en una alternativa viable para contribuir con la construcción de Bien-estar para las personas, favoreciendo en gran medida la disminución de la pobreza. Basta con imaginar lo que ocurriría si en lugar de darle prelación a las empresas maximizadoras de beneficios; se aprovechara el poder del libre mercado para rentabilizarlo en beneficio del cumplimiento de objetivos sociales (formación, salud, vivienda, recreación, cultura, etc).

Aunque el antepuesto enunciado parezca utópico, es perfectamente factible de ser llevado a cabo; de hecho, ya existe un claro y admirable ejemplo a seguir, se trata del premio Nobel de Paz y fundador del Banco Grameen, Muhammad Yunus. Quien a través de otorgar micro créditos a personas de escasos recursos e incursionar en diferentes tipos de empresas sociales, (en este tipo de empresas se reinvierte el cien por ciento de las utilidades en objetivos sociales, sin embargo, pueden ser autosostenibles) ha logrado consolidar un modelo de emprendimiento que bien vale la pena replicar.

Es evidente que materializar estas letras no será una tarea fácil, pero definitivamente su ejecución me resulta vital. Por fortuna me acompaña en este propósito existencial, un  hábil e inquieto personaje; mi esposo Andrés, con quien nos hemos valido de los aportes de autores como: Miguel De Zubiría, Richard Sennett, Manuel Castells, Alvin Toffler, Richard Stellman, Pekka Himanen, Muhammad Yunus, por nombrar sólo algunos. A partir de este escudriñamiento, hemos diseñado un modelo de trabajo que posiblemente permitirá ejecutar tal cometido. Se trata de EL TALLER: una nueva forma de organizar y gestionar el trabajo.

Dicho Taller, -al mejor estilo de los antiguos artesanos- cuenta con aprehendices, oficiales y maestros. Aquí, la materia prima es la información y el conocimiento. En El Taller las herramientas son los libros, las computadoras, la palabra y los escritos. Y como producto terminado ofrece la Formación Afectiva. Se trabaja por proyectos, éstos son desarrollados por equipos. Cada equipo esta conformado por un grupo de aprehendices, orientados por un respectivo Oficial. Todos a su vez, son orientados y formados por un Maestro. No hay jerarquías tradicionales, y el rol a ocupar dentro del mismo, es directamente proporcional a la producción intelectual y al aporte a la comunidad. Los ingresos netos;  producto de la ejecución de los diferentes proyectos, son distribuidos equitativamente entre los integrantes y de acuerdo al rol desempeñado. (Si quieres conocer sobre este modelo, haz clic aquí).

Ya para concluir, iré al grano; LA COMUNIDAD FORMATIVA EL TALLER, es un espacio que te brinda la posibilidad de construir tu autonomía afectiva, intelectual y material. A diferencia de un proyecto convencional, para hacer parte de esta propuesta  se requiere una firme disposición para romper esquemas, agrado por adquirir y transmitir el conocimiento, valorar el ser humano y un autentico deseo de contribuir con el Bien-estar propio y el de los demás a partir de la Formación Afectiva.

Como en cualquier otra causa, se hace necesaria la suma de voluntades, convicciones, esfuerzos, energías, talentos, experticias y demás. La invitación está abierta. Y en la medida en que este ideal  coincida con tus valores esenciales, es importante que te hagas partícipe del mismo.