afectividad

LAS NECESIDADES SOCIOANTROPOLÓGICAS DE NUESTROS HIJOS

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“Una vida con pleno Sentido es una vida que merece ser vivida, es una vida que no contempla la posibilidad de extinguirse antes de tiempo”

Es posible que el lugar que ocupamos en la sociedad en parte, lo determine la artificiosa creencia del “éxito.” Es posible que la primera relación práctica que se hace al pensar en el constructo “éxito” tenga que ver con la capacidad de un individuo para acumular riqueza material. Es posible que algunos individuos adopten esta creencia, como el único camino posible para satisfacer la humana necesidad de Reconocimiento Social. Es posible que debido a la imperante inequidad social muchos se sientan profundamente frustrados, en su intento por obtener reconocimiento social a través de la acumulación de riqueza material. Es posible que quienes logren algo de reconocimiento por haber acumulado riqueza material, se hayan olvidado de acumular Riqueza Afectiva y Riqueza Intelectual, y por ende lleven vidas carentes de Significado Vital, vidas carentes de Sentido.

Para quienes no tenemos como fin último en la vida el “ser exitosos” sino vivir una Vida Gratificante, podemos optar por el auténtico Reconocimiento Social que se obtiene como recompensa por trabajar ardua y dedicadamente en la construcción de los roles de la adultez (pareja, madre-padre, trabajador). Sin ninguna otra pretensión más que la de hallarle pleno Significado Vital a nuestra existencia mediante el Aporte Social  que podemos hacer al construir una sólida relación de pareja, al criar hijos talentosos para vivir, convivir y supervivir, al trabajar en aquello que nos apasiona y nos da la tranquilidad necesaria para pensar en los demás, para hacer posible que nuestro trabajo contribuya con nuestro Bien-estar y con el Bien-estar de nuestro entorno.

Una buena forma de ayudarle a nuestros hijos a suplir la Necesidad Socioantropológica Básica de Reconocimiento Social consiste en prepararlos, en formarlos para que logren tener un satisfactorio desempeño en los roles de la adultez. Como ya lo mencionamos; en el rol de pareja, en el rol de padre-madre, en el rol de trabajador. De esta forma nos aseguramos que nuestros hijos obtengan Reconocimiento Social por la capacidad para construir una sana, fructífera y satisfactoria relación de pareja que sea fuente de felicidad. Por la capacidad de ser padres-madres, comprometidos y dedicados conscientemente al Oficio de la Crianza, a la formación de seres humanos bondadosos, altruistas, benevolentes.Por lacapacidad para desempeñarse como Trabajadores Talentosos, haciendo lo que les gusta, lo que realmente les apasiona,  y no lo que les toca.

El auténtico Reconocimiento Social es el resultado de querer, saber y trabajar dedicadamente para tener un óptimo desempeño en cada uno de nuestros roles de la adultez (pareja, madre-padre, trabajador). La mayor parte de nuestras vidas la pasamos siendo adultos, por esto, desde el Modelo de Crianza Formativa propendemos por el desarrollo de Habilidades Afectivas que nos permitan y les permitan a nuestros hijos tener un óptimo desempeño en dichos roles. Al asegurarnos que nuestros hijos suplan su necesidad de Reconocimiento Social, también garantizamos que logren suplir la Necesidad Socioantropológica  Compleja de Significado Vital.

El Significado Vital viene dado por el Aporte Social. Un desempeño notable en los roles de la adultez (pareja, padre-madre, trabajador), necesariamente le aporta al entorno social; bien sea la familia, la comunidad, la sociedad y a la misma humanidad. Cuando sentimos que nuestra existencia sirve de ejemplo para transformar vidas, para contribuir con avances auténticos de nuestro entorno; cuando ponemos nuestro talento en pro de una causa que impacte genuinamente la sociedad… en ese momento nuestra existencia cobra pleno Sentido. Una vida con pleno Sentido es una vida que merece ser vivida, es una vida que no contempla la posibilidad de extinguirse antes de tiempo.

 

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LAS NECESIDADES PSICOLÓGICAS DE NUESTROS HIJOS

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“Brindarle Atención Activa a nuestros hijos y suministrarles una sólida y clara Estructura, se constituye en la clave que nos permite orientar sus vidas”

Los animales que pertenecemos a la especie humana somos en extremo dependientes. Tardamos varios años en aprender a valernos por nosotros mismos, en ganar algo de autonomía; desde que nacemos necesitamos de extensos cuidados y  sobre todo, de una gran oferta de Alimento Afectivo que se suple con mucha <<Atención>> por parte de nuestra madre y demás tutores. Es una regla natural, y pasarla por alto impide que nuestro proceso de crecimiento y desarrollo -tanto físico como mental- sea óptimo. Necesitamos recibir Atención de nuestro entorno, pero también brindar Atención. La Atención es uno de los Recursos Psicológicos más valiosos que tenemos los seres humanos, pero también el más difícil de mantener encauzado. Nuestra vida esta rodeada de múltiples estímulos externos que compiten constantemente por robar nuestra Atención (conflictos interpersonales, problemas económicos, caer en adicciones, las cosas materiales, el sexo, la televisión, el mundo virtual, la educación, y un sin fin de cosas más…). El reto consiste entonces, en hacer constantemente esfuerzos adicionales para que nuestra Atención se mantenga centrada en Actividades Constructivas.

Volvamos al punto. Dentro de las Necesidades Psicológicas Básicas que debemos satisfacer en nuestros hijos se encuentra la de Atención. Prestarles Atención a nuestros hijos es lo mínimo que debemos hacer para contribuir con su Salud Afectiva y por supuesto, para Crear Conexión Afectiva. Cuando estamos llevando a cabo conscientemente el Oficio de la Crianza; gran parte de nuestra Atención la enfocamos en nuestros hijos, lo cual es muy favorable y se verá gratamente recompensado cuando sintamos el orgullo de ver que nuestro hijos son seres seguros de si mismos y con Fortaleza Afectiva. Ahora bien, ¿Cómo podemos prestarles Atención Activa  a nuestros hijos? El principal elemento a tener en cuenta es el Compartirse.

Debemos aprehender a compartirnos tanto como sea posible con nuestros hijos. Para que se produzca Conexión Afectiva no podemos compartirnos de cualquier forma y sin un propósito claro. Es necesario que busquemos a nuestros hijos en su mundo, es allí donde debemos compartirnos con ellos, en sus intereses, en sus creencias, en su quehacer diario, en sus gustos y disgustos, en sus angustias e inquietudes, en sus penas, en sus glorias, en sus derrotas, en sus victorias. En fin, debemos convertirnos en visitantes asiduos al mundo de nuestros hijos, con el propósito de obtener información de ellos, así podremos conocerlos y comprehenderlos más y mejor. Si los conocemos más y los comprendemos cada vez mejor, necesariamente nuestras interacciones serán mucho más fluidas, efectivas y constructivas.

Ahora bien, si queremos que la tarea quede completa es necesario que también los invitemos a nuestro mundo. Que nos compartamos con nuestros hijos en lo que somos, en lo que hacemos, en lo que queremos, en lo que sabemos, en lo que anhelamos, en lo que logramos, en lo que fracasamos. Debemos permitir que nuestros hijos obtengan conocimiento de nosotros llevándolos a nuestro mundo.  En cuanto más nos compartamos con nuestros hijos, más conocimiento obtendremos de ellos y ellos de nosotros. En cuanto más conocimiento mutuo exista, más acertadas y efectivas serán nuestras interacciones. En cuanto más acertadas y efectivas sean nuestras interacciones más reciprocidad en el Aprecio habrá. En cuanto más reciprocidad en el Aprecio haya, más Conexión Afectiva se generará.

Al prestarles Atención a nuestros hijos estamos satisfaciendo sus Necesidades Psicológicas Básicas. Pero ahí no termina nuestra misión, también debemos satisfacer sus Necesidades Psicológicas Complejas. Estas se centran en el suministro de Estructura. De lo hábiles que seamos para suministrar Estructura (influenciarlos en lo que deben hacer, por qué lo deben hacer y cómo lo pueden hacer) a nuestros hijos depende lo que llegarán a Ser, a Saber y a Hacer.

Específicamente debemos suministrar a  nuestros hijos tres tipos de Estructura: Afectiva, Cognitiva, Expresiva.

La Estructura Afectiva tiene como propósito que nuestros hijos aprehendan a <<Interactuar>> consigo mismos, con los otros y con los grupos. Esto puede ser posible si ellos logran reconocer y comprehender, el funcionamiento del Sistema Afectivo. El Sistema Afectivo esta constituido por Herramientas Afectivas (Emociones, Sentimientos, Actitudes, Valores, Principios) y Habilidades Afectivas[1] (Intrapersonales, Interpersonales, Sociogrupales). Para que nuestros hijos puedan tener un óptimo Desarrollo Afectivo es necesario que aprehendan cómo utilizar las Herramientas Afectivas y a desarrollar  Habilidades Afectivas.

Las Herramientas Afectivas y las Habilidades Afectivas nos permiten sentir, pensar y hacer. Si por el Sistema Afectivo de nuestros hijos circula la mayor parte del tiempo Emociones, Sentimientos y Actitudes positivas, tendrán más posibilidades de llegar a actuar basados en Valores. Estos habilitan el sentir y pensar, para que las  actuaciones de nuestros hijos tengan en cuenta el Bien-estar de su entorno; familiar, comunal y social. Si las actuaciones de nuestros hijos están guiadas principalmente por Valores, tendrán más posibilidades de llegar a actuar basados en Principios. Al llegar a actuar basados en Principios serán capaces de ir  más allá  de si  mismos, de su entorno más cercano. Actuar basados en Principios implica que nuestros hijos en su adultez contarán con un interés y un accionar genuino que contribuye con el avance de la especie humana, con el Bien-estar de la humanidad.

En la medida que su Sistema Afectivo se desarrolle mediante el uso apropiado de  Herramientas Afectivas (Emociones, Sentimientos, Actitudes, Valores y Principios) y la puesta en práctica de Habilidades Afectivas[2] (intrapersonales, interpersonales, sociogrupales), sus interacciones consigo mismos, con el otro y con los otros serán mucho más constructivas, eficientes y provechosas. Veamos ahora cuáles son las Habilidades Afectivas (intrapersonales, interpersonales, sociogrupales) que junto con las Herramientas Afectivas (Emociones, Sentimientos, Actitudes, Valores, Principios) integran el Sistema Afectivo.

Nuestros hijos aprehenderán a relacionarse adecuadamente con ellos mismos mediante el desarrollo de Habilidades Afectivas Intrapersonales como el Autoconocimiento (les permite a nuestros hijos saber quienes son, qué quieren, para qué son buenos). La Autovaloración (les permite tener una autoestima estable, tener capacidad para evaluar su desempeño en sus diferentes roles y tener pleno sentido de autocuidado). La Autoadministración (les permite hacer un manejo adecuado de los recursos psicológicos como el tiempo, la atención, los vínculos el conocimiento y de los recursos materiales como el dinero). El Autogobierno (les permite aprehender a manejar dos emociones fundamentales; el placer y la ira).

Para que aprehendan a interactuar con los otros es necesario el desarrollo de Habilidades Afectivas Interpersonales como el Conocimiento Interpersonal (les ayuda a saber de quién se están rodeando, que afectos y creencias motivan el comportamiento del otro), la Valoración Interpersonal ( les ayuda a evaluar a los demás, a leer la intención del otro y cuando es preciso, a cuidar y apreciar al otro), la Interacción interpersonal (les ayuda a fortalecer los vínculos mediante la práctica de  habilidades como la Empatía y la Asertividad). Por último, para que aprehendan a interactuar con los grupos es necesario el desarrollo de Habilidades Afectivas Sociogrupales comoel Conocimiento Sociogrupal (contribuye con la facilidad para ser aceptado y reconocido en los grupos donde desea participar)  la Valoración Sociogrupal (contribuye con la capacidad para evaluar la conveniencia de participar en un determinado grupo) la Interacción Sociogrupal (contribuye con la puesta en práctica de valores como el respeto y la responsabilidad).

Bien, hasta aquí vimos a grandes rasgos en que consiste la Estructura Afectiva que deben tener nuestros hijos. Ahora veamos rápidamente en que consiste la Estructura Cognitiva.

El suministro de Estructura Cognitiva tiene como propósito que nuestros hijos aprehendan a <<Pensar>>. Para esto es necesario que  desarrollen habilidades para Leer, Escribir y Enseñar. Asegurarnos que nuestros hijos aprehendan a acceder al conocimiento mediante la puesta en práctica de habilidades lectoras, contribuye con la formación de criterio propio, con la capacidad para argumentar, con la habilidad para interpretar, para comprehender, con la capacidad para proponer, para crear, con el fortalecimiento de su mente para evitar que sean fácilmente influenciables, manipulables. Así mismo, la destreza que desarrollen para escribir les permitirá aprehender a comunicar con facilidad, a procesar la información, a interiorizar de forma más efectiva los conocimientos aprendidos, a  hacer interpretaciones mucho más certeras y profundas, a tener un mayor grado de comprehensión de la realidad. Y al ejercitarse en la enseñanza de lo aprendido, siempre se generarán nuevos aprendizajes, nuevas interpretaciones, nuevos avances,  nuevas construcciones colectivas del conocimiento, que a su vez, permitirán la generación de conocimiento mucho más relevante. Por último, pero no por ello menos importante, se encuentra la Estructura Expresiva.

El propósito de la Estructura Expresiva es el de enseñarle a nuestros hijos a <<Trabajar.>> La mejor forma de enseñar a nuestros hijos a trabajar es brindándoles las oportunidades, posibilidades,  y recursos mediante los cuales sea posible Explorar, Identificar y Desarrollar su Talento. Nuestra sociedad demanda trabajadores, pero no cualquier tipo de trabajador, se requieren Trabajadores Talentosos. El desempleo se encuentra en ascenso constante, un cartón que nos acredite  como profesionales ya no es garantía de nada, de hecho,  hay sobreoferta de profesionales, pero escasez de Talentosos.

Vale la pena apostarle al Talento[3]. Vale la pena ocuparnos de Explorar el Talento de nuestros hijos. Esto lo podemos llevar a cabo, exponiéndolos a diferentes escenarios, espacios,  vivencias. Más específicamente debemos exponerlos a Experiencias Práxicas (deportes, tecnología, naturaleza, expresión corporal, etc). Experiencias Psicológicas (hablar en público, liderar grupos, enseñarle a los demás). Experiencias Conceptuales (grupos de ciencia, de investigación). Experiencias Artísticas (literatura, música, danza, pintura, teatro). De esta forma podremos observar -bien sea por nuestra cuenta, o con ayuda de conocedores del tema- el desempeño que tienen nuestros hijos en cada una de estos mundos con respecto al promedio. Podremos observar la facilidad con que realizan una determinada actividad, el grado de concentración que alcanzan, con qué aptitudes cuentan, etc.

También es clave tener en cuenta el conocimiento de si mismos (Autoconocimiento) que tengan nuestros hijos, pues les permitirá  saber que quieren, que les gusta realmente, con qué se siente más cómodos, en que espacios disfrutan más y se desenvuelven con más facilidad. Lo que viene después es la Identificación del Talento. Si la exploración fué lo suficientemente nutrida; la observación sistemática y nuestro hijo cuenta con habilidad para evaluarse a sí mismo (Autovaloración); con toda seguridad se podrá saber con claridad para qué es bueno, en qué se puede desarrollar, a qué se puede dedicar, en que campo puede llegar a ser un Trabajador Talentoso. Cuando se llega a este punto, lo que resta es Desarrollar el Talento. La clave para el Desarrollo del Talento radica en saber acceder al conocimiento propio del campo de interés y practicar, practicar, practicar y practicar. Se deben acumular horas y Horas de Practica, exactamente un mínimo de 10.000 Horas de Práctica (de acuerdo con los expertos en el tema) son las necesarias para desarrollar un talento.

De esta forma, nuestros hijos serán personas que disfrutan  y sienten pasión por lo que hacen. No tendrán que resignarse con lo que les toca hacer, sino que harán lo que realmente les gusta,  podrán dedicarse a eso para lo que verdaderamente son buenos. Podrán ser creadores en su campo, aportarle a la sociedad a partir de su saber y por supuesto podrán Conquistar su Autonomía. Esta es la mejor forma de enseñarle a trabajar a nuestros hijos; brindándoles las herramientas necesarias para que logren convertirse en Trabajadores Talentosos. ¿Qué te parece?

Satisfacer la necesidad que tienen nuestros hijos de Atención y suministrarles una sólida y clara Estructura se constituye en la clave que proporciona Sentido a sus vidas. Por lo tanto, al tener satisfechas estas necesidades contarán con la suficiente Fortaleza Afectiva, que les previene de caer en sórdidos  estados de Depresión y diferentes malestares existenciales.

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[1] La Psicología Afectiva denomina a estas habilidades competencias afectivas.

[2] Ibid.

[3] En lo que respecta al Talento, este Modelo se basa  en los planteamientos de  Miguel De Zubiría. Libro Psicología del Talento y la Creatividad.

LAS NECESIDADES BIOLÓGICAS DE NUESTROS HIJOS

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“Como animales sociales que somos necesitamos del otro y de los otros, para que nuestra existencia sea más satisfactoria y menos vulnerable a la Soledad”

Sabemos que lo mínimo necesario para que un animal humano se mantenga vivo físicamente  y pueda cumplir con el ciclo natural de nacer, crecer, reproducirse y morir, es sumamente básico; no va más allá de comida, rancho y harapos. Sin embargo, no es raro encontrar que en no pocos casos, lo más elemental para sobrevivir, no es satisfecho por parte de madres y padres indiferentes frente a  la crianza de sus hijos. Para empezar bien nuestra tarea y avanzar en el propósito de Crear Conexión Afectiva, debemos asegurarnos que nuestros hijos tengan satisfechas sus Necesidades Biológicas Básicas de Alimentación, Vivienda y Vestido, así les damos la sensación de  tranquilidad, seguridad, confianza que repercute en una mejor disposición a nuevos aprendizajes. Asegurada la satisfacción de estas necesidades, es preciso pensar en satisfacer las Necesidades Biológicas Complejas. Estas radican en proporcionarles a nuestros hijos un Sentido de Comunidad.

Como animales sociales que somos necesitamos del otro y de los otros para que nuestra existencia sea más satisfactoria y menos vulnerable a la Soledad. Necesitamos sentirnos parte de algo, identificados con algo. Necesitamos del poder del grupo, de la construcción colectiva, de la cooperación, del apoyo mutuo,  de tener a quien cuidar y quien nos cuide, de tener a quien apreciar y quien nos aprecie, de tener a quien acompañar y quien nos acompañe, necesitamos de la Vida en Comunidad. Por esta razón, debemos asegurar que el Grupo Familiar (primer grupo en el que participan nuestros hijos) sea un poderoso campo de entrenamiento, donde se ejerciten en el desarrollo de Habilidades Afectivas Sociogrupales[1] con el propósito de garantizar un óptimo desempeño en la interacción con los grupos donde deben participar durante toda su vida (grupos de amigos, de estudio, de trabajo, de recreación, de formación etc.).

Si no propiciamos el desarrollo de Habilidades Afectivas Sociogrupales como el Conocimiento y la Valoración (evaluación de las creencias, roles, afectos y prácticas del grupo) que contribuyen con la facilidad para ser aceptados, reconocidos en los grupos donde desean participar  y con la capacidad para evaluar la conveniencia de participar en un determinado grupo; si no contribuimos con el aprehendizaje de una respetuosa y responsable Interacción con el grupo, fundamentada en el cumplimiento de deberes, respeto a las figuras de autoridad, trato interpersonal generoso, empático y asertivo; si no inculcamos una sana aceptación de sanciones cuando se cometen actos irrespetuosos e irresponsables con el grupo. Sencillamente estaremos condenando a nuestros hijos al rechazo  social a tener serias dificultades para ser aceptados por los demás y por ende al aislamiento, a la Soledad. Estaremos condenando nuestros hijos a ser mucho más vulnerables por no hacer parte de una vida de grupo, por no tener un pleno Sentido de Comunidad.

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[1] La Psicología Afectiva denomina a  estas habilidades competencias afectivas.

LA AFECTIVIDAD ES EL MOTOR DE EXISTENCIA HUMANA Parte I (Ensayo 1)

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La Afectividad es el motor de la existencia humana. Esta tesis se sostendrá a partir de dos argumentos. El primero radica en el sustento que subyace los fundamentos evolutivos de la afectividad y el segundo se basa en lo que ha sido el desarrollo conceptual de la afectividad, es decir, ahonda en sus raíces epistemológicas. Esta tesis también se puede argumentar, a partir de los múltiples escenarios de la cotidianidad relacionados con las fuentes de felicidad del ser humano, a saber, familia, pareja, amigos, trabajo y uno mismo; en las que la afectividad actúa como eje central. Dicho argumento  respaldará la segunda parte de este ensayo.

En la primera línea argumental se plantea la correlación existente entre Arqueología de la Mente del antropólogo Steve Mithen y la teoría modular evolucionista de la mente de Pedagogía Conceptual desarrollada por Miguel De Zubiría. Correlación que evidencia los remotos orígenes de la afectividad y su proceso evolutivo.

La segunda línea argumental permite demostrar la evolución conceptual de la afectividad. Pues hace un recorrido a través de sus bases epistemológicas, hasta evidenciar cómo y por qué, es el concepto Afectividad el que mejor define todos aquellos estados internos que exigen evaluación. En concordancia con esto, también ratifica por qué el concepto de inteligencia es un pseudo concepto que debe ser remplazado por el de mente humana. A su vez, establece la directa correlación entre los tres tipos de mundos que habita el ser humano, planteados por el filósofo Karl Popper y los tres tipos de afectividad que traza Miguel De Zubiría.

FUNDAMENTOS EVOLUTIVOS DE LA AFECTIVIDAD

ARQUEOLOGÍA DE LA MENTE – STEVE MITHEN

Para hablar de los fundamentos evolutivos de la afectividad se hace necesario remontarse a la prehistoria de la mente, necesidad que se satisface de forma  certera desde la  teoría modular evolucionista de Steven Mithen, quien afirma que para comprender la mente actual se requiere saber en qué momento apareció y bajo qué circunstancias surgió cada función mental. Este proceso, Mithen lo explica utilizando el recurso de la metáfora de forma muy precisa; propone concebirlo como una obra dramática dividida en cuatro actos. A partir de esto, también establece el surgimiento de los diferentes tipos de inteligencia.

ACTO 1: Inicia en algún lugar del África hace 6 millones de años y tiene como único actor el antropomorfo ancestral. Actor conocido con el nombre de ancestro en común y/o  eslabón perdido, esto debido a la falta de información acerca de aquel antropomorfo.

ACTO 2: Entre  4.5 y 1.8 millones de años. El acto empieza con la aparición de Autralopithecus ramidus es el primero de los llamados australopitecinus (que significa simios meridionales). 300.000 años después  aparece un segundo actor Australopithecus Anamensis. Los dos actores viven en medios arbóreos y son vegetarianos. Hace 3.5 millones de años abandonaron el escenario y fueron sustituidos por  Australopithecus Aferensis. Representado por la famosa Lucy, este primate anda erguido sobre ambas piernas y trepa los árboles con gran facilidad. Sus descendientes son conocidos como Australopithecus Africanus, cuyos comportamientos se asemejan a los de un babuino moderno y por supuesto pasa más tiempo erguido que sus abuelos.

En estos primates fueron evidentes dos elementos centrales, de lo que Mithen denominó Inteligencia Social; poseían un amplio conocimiento social sobre otros individuos con el fin de saber quiénes eran amigos y aliados, y así mismo, desarrollaron la capacidad de inferir los estados mentales de esos individuos. Igualmente mostraron gran habilidad para resolver con mayor eficacia problemas del mundo social, más que para resolver problemas del mundo no social. Por ejemplo, podían identificar el rango social de sus congéneres, no así, diferenciar en dónde había mayor o menor cantidad de alimento.

ACTO 3: Hace 1.8  millones de años (100.000 años). Aparecen los primeros miembros del linaje  Homo con un cerebro 1.5 veces más grande que el de sus primos los australopitecinos y con una considerable variedad de tamaño y forma. Conocido como Homo habilis. El cual es portador de útiles y artefactos de piedra;  gracias a la habilidad que va ganando en la fabricación y perfeccionamiento de los mismos, le es posible implementar métodos de caza más efectivos y por lo tanto incrementar la ingesta de carne en su dieta.

En este punto, luego de casi 6 millones de años de total inacción, aun no hay nada que se pueda calificar como arte, religión o ciencia. No obstante, es evidente un avance cognitivo en lo que se refiere a la elaboración de útiles líticos. A este desarrollo Mithen lo denominó Inteligencia Técnica. Dichos útiles, probablemente utilizados para cortar la piel de los animales, seccionar los tendones y extraer trozos de carne; dan cuenta de  una evolución en los procesos cognitivos del Homo habilis, acerca de la interacción con el mundo natural. A su vez, Mithen relaciona esta interacción con lo que él llama Inteligencia de la historia Natural.

La segunda escena de este acto empieza con el Pleistoceno. Aquí empiezan a formarse las primeras capas de hielo y con ellas, aparece en escena el Homo erectus. Lo más llamativo es que su llegada se hace de forma simultánea en tres partes del mundo; en el este de África, en China y en Java. Ya se observa en otras partes de África al Homo sapiens arcaico y en el Próximo Oriente aparecen el Homo neanderthalensis, más conocido como hombre de Neandertal.

ACTO 4: Hace entre 100.000 años y la actualidad. Entra en acción una nueva figura, nuestra propia especie el Homo sapiens sapiens el cual se ve por primera vez  en el sur de África y en el próximo oriente. Y es a partir de éste donde se empiezan a evidenciar nuevos indicios, pues no sólo entierran a sus muertos  -como lo hacían lo neandertales-  además colocan trozos de animales muertos encima, a modo de ajuar funerario. Empieza a fabricar utensilios con materiales diferentes a piedra y madera. En el sur de África, utiliza trozos de ocre rojo y afila trozos de hueso para fabricar arpones. La segunda escena surge cuando hace unos 60.000 años ocurre algo muy importante, en el sureste asiático Homo sapiens sapiens construye barcas para luego ejecutar la primera travesía a Australia.

Los actores crean ahora su propio escenario, construyen viviendas y pintan en las paredes, cosen sus ropas con agujas hechas de hueso, y en sus cuerpos estén vivos o muertos llevan colgantes y abalorios, desarrollan comunicación lingüística y viven en familias.

“Debido a la expansión que presentó el cerebro en los primeros miembros del linaje Homo, ocurrió un aumento desproporcionado de un área del cerebro conocida como el cortéx prefrontal, dicho aumento habría provocado una reorganización de las conexiones en el interior del cerebro, favoreciendo el desarrollo de una capacidad lingüística.”[1] Aunque se desconoce si esa capacidad lingüística estaba lo suficientemente desarrollada hace 2 millones, como para ser considerada lenguaje; Mithen designa a este proceso Inteligencia Lingüística.

Y finalmente surge en este cuarto acto una tercera escena, aparece en el Próximo Oriente gente sembrando cosechas y domesticando animales. Así, cada vez todo transcurre con mayor velocidad, los actores ahora  construyen grandes emporios y alucinantes artefactos  como automóviles y ordenadores.[2]

Es precisamente a partir de esta investigación de Steve Mithen, sobre la Arqueología de la Mente, que Miguel De Zubiría desarrolla la Teoría Modular Evolucionista de la Mente de Pedagogía Conceptual. Sin embargo, a la teoría original de Mithen, De Zubiría le agrega algunas variaciones secundarias. Por ejemplo, a cambio del sistema de “inteligencia” utilizado por Mithen, propone tres macromodulos que se corresponden con cada una de las inteligencias expuestas en Arqueología de la mente.

TEORÍA MODULAR EVOLUCIONISTA DE LA MENTE – MIGUEL DE ZUBIRÍA

La Teoría Modular Evolucionista de la Mente de Pedagogía Conceptual, sostiene que la Mente Humana está compuesta por tres Macromódulos (psicológico, práxico y conceptual)  y es el resultado de un larguísimo proceso evolutivo. Entonces, lo que Mithen denomina Inteligencia Social, De Zubiría lo llama Macromódulo Psicológico. Asimismo, retoma las Inteligencias Técnica y Natural de Mithen y las condensa en un segundo macromódulo que denomina Macromódulo Práxico. Por último, lo que Mithen designó como Inteligencia Lingüística, se constituye en el tercer macromódulo que  De Zubiría denomina Macromódulo Conceptual.

Como el propósito de este ensayo es rastrear los fundamentos evolutivos de la Afectividad, se profundizará en el Macromódulo Psicológico, sabiendo que, este se especializa en <conocer>, <valorar>, e  <interactuar> con otras subjetividades. Las evidencias evolutivas indican que se empezó a desarrollar hace treinta y cinco millones de años en los monos antropomorfos, para quienes fué determinante desarrollar habilidades que les permitieran conocer las intenciones de sus congéneres y así, deducir si debían darle al otro un trato de aliado o de enemigo.

<<El Macromódulo Psicológico o Mente Psicológica procesa sujetos, sus ilusiones, anhelos, pensamientos, creencias, angustias, simpatías, antipatías. Pero no se limita sólo a este plano, también procesa características similares de los grupos y lo que es aun más asombroso de ella misma. Debido a esto, al macromódulo psicológico lo constituyen tres módulos:

1. El módulo psicológico Interpersonal, especializado en procesar estados subjetivos de los otros.

2. El módulo psicológico Grupal, especializado en procesar estados subjetivos de los grupos.

3. El módulo psicológico Intrapersonal, especializado en  procesar estados subjetivos del sí mismo.>>[3]

De acuerdo con De Zubiría cada uno de estos módulos funciona de la siguiente forma:

El módulo psicológico Interpersonal, se obligo a conocer, valorar, descifrar e interactuar con otras mentes o subjetividades, como mecanismo de adaptación que marcó la diferencia para los homínidos entre permanecer con vida o morir. Pues de ello depende la seguridad y solidez de los vínculos, la cooperación, el apoyo etc. Esta habilidad para interpretar a los demás fue lo que Mithen denominó <Inteligencia Social.>

El módulo psicológico grupal ejecuta las mismas funciones, pero a nivel grupal, como son: conocer, valorar e interactuar con los grupos. Los humanos como seres hipersociales que somos por naturaleza, estamos a lo largo de nuestra vidas en constante interacción con diversos y cambiantes grupos; desde nuestro grupo familiar, pasando por el grupo escolar, hasta el grupo laboral y otros tantos, a través de los cuales nos movemos en el transcurso de nuestra existencia. De la misma forma, las primeras tribus hominidas se vieron en la necesidad de gestionar grupos, para garantizarse la supervivencia. Característica que también hace parte de la <Inteligencia Social> propuesta por Mithen.

Por último, el módulo psicológico intrapersonal se encarga de conocer, valorar y dirigir al yo. Entonces, lo que hace este módulo es permitirle al individuo autoconocerse, es decir, saber quién es, de dónde viene, cuáles son sus intereses, metas, sueños; o para ser más precisos, le deja saber cuáles son sus afectos, roles y creencias. Obteniendo como resultado final, un completo mapa de sí mismo. Igualmente le permite autovalorarse a partir del conocimiento previo, y en esta medida, es posible que el individuo aprecie sus fortalezas, puntos medios y áreas débiles, con base en esto puede tomar consciencia de qué puede lograr y qué no.

Adicional a esto, el módulo psicológico habilita en el  individuo la capacidad para autoadministrarse, esta competencia se caracteriza por utilizar la operación motivar en dos direcciones: proactiva e inhibitoria. La primera busca motivar al individuo en la ejecución de acciones convenientes para él, como la realización de sueños, anhelos, metas, objetivos etc. La segunda se refiere al autocontrol o  autorregulación de las emociones, con el fin de evitar conductas y/o comportamientos que puedan ser perjudiciales para el individuo.

El módulo psicológico intrapersonal empezó a desarrollarse hace apenas cincuenta mil años, con la aparición del Homo sapiens sapiens, suceso a partir del cual, surge lo que  Steve Mithen denominó el Bing Bang cultural o <Inteligencia Lingüística.>

Todo lo anterior, deja en evidencia que la Afectividad es el resultado de un larguísimo proceso evolutivo, que empezó con el desarrollo del macromódulo psicológico interpersonal hace treinta y cinco millones de años. No obstante, el constructo afectividad ha sido objeto de múltiples y diversas interpretaciones. “Por siglos la Afectividad se localizó en la gaveta del desajuste psicológico, en el cajón psicopatológico de la psicología clínica y de la psiquiatría. Se la asoció con abulia, ansiedad, disociación esquizofrénica, depresión, manía; o más recientemente con alexitimia, déficit de atención, drogadicción, estrés, bulimia(…)”[4]

Pasaron cientos de años, sin que se pensara en las funciones tan determinantes y cruciales que cumple la Afectividad en la existencia humana. De hecho, fué necesario que Miguel De Zubiría se diera a la tarea de hacer todo un desarrollo conceptual  del constructo Afectividad.

DESARROLLO CONCEPTUAL DE LA AFECTIVIDAD

El mito de la inteligencia y los peligros del cociente intelectual CI. Así titula Miguel de Zubiría el libro en el que argumenta de forma rigurosa, la falsedad de los test CI y el por qué no se debe hablar de inteligencia (dada su falta de validez científica) sino de una Mente constituida por  múltiples dimensiones; afectiva, cognitiva y expresiva.

Igualmente, en este libro De Zubiría hace un recorrido que da cuenta  del aporte teórico de diferentes autores, que por oponerse a la errada creencia de una única y limitada inteligencia, se obligaron a hacer contundentes investigaciones y desarrollos teóricos que permitieron  deslegitimar dicha creencia, entre ellos sobresale el psicólogo Howard Gardner. El aporte de este autor resulta de especial relevancia, pues en su teoría de las inteligencias múltiples, propone las inteligencias personales; intrapersonal e interpersonal. Con este aporte,  Gardner marca el punto de inicio para desarrollar lo que más tarde se constituiría en el concepto de Afectividad, desarrollado por De Zubiría. Veamos entonces como se produjo este desarrollo desde la perspectiva de Miguel De Zubiría.

Todo empezó en el siglo XIX cuando un primo de Charles Darwin, apellidado Galton, intentó medir las funciones cognitivas. La cultura de la época, sentía la necesidad  de no querer mezclar  “niños capaces con incapaces”. Y Galton al detectar esta necesidad,  a través de su Hereditary Genius afirmó que la inteligencia es hereditaria, que hay seres superiores, mediocres e inferiores y que esto se podía medir. Por desgracia para él, sus medidas no tuvieron mucha acogida.

Años después, en 1905 el gobierno francés se vio en la necesidad de diseñar un instrumento que permitiera identificar niños con retardo mental, para enviarlos a recibir educación especial. Esta tarea le fue encomendada al medico Alfred Binet, quien junto con un equipo de psicómetras retoma los métodos de Galton y crean el primer test para detectar niños con retardo mental.

Hasta aquí, todo estaba bien. El aporte de Binet había sido innovador y práctico, además, logró cumplir con el objetivo propuesto; medir las funciones mentales en niños con retardo mental.

El problema comienza cuando el test Binet atraviesa el atlántico y llega a la universidad de Standford. En 1930 un equipo de psicólogos, educadores y estadísticos dirigidos por David Weschler, se basan en Binet  y diseñan una serie de test para evaluar la “inteligencia.”

Estos test contaron con dos aportes complementarios; uno, ampliaron el diagnóstico a todas las edades, preescolar, escolar y adultos. Dos, le asignaron al evaluado un puntaje así:  menos de 70 (retardo mental) más de 130 (superdotación) 90 – 110 (normalidad intelectual). En la cultura norteamericana, si algo es susceptible de medida, sencillamente quiere decir que existe. Por esta razón, los test Weschler tuvieron gran aceptación allí. Al punto de permitir crear toda una industria alrededor de ellos, convirtiéndose en los test psicométricos con mayor aplicación mundial.

Tanto a Binet como a Weschler los asistió la razón, al querer refutar el conductismo anti mentalista y al reintroducir el estudio de las funciones cognitivas como la atención, la memoria y la comprensión entre otras. Pero fallaron en algo determinante, no tuvieron en cuenta lo importante que resultaría conceptualizar el objeto de medición. Es decir, olvidaron precisar  qué es la inteligencia. Con tono de preocupación De Zubiría menciona: “ayer como hoy sabemos lo mismo sobre qué es la inteligencia; nada. O tan poco como lo expresa la famosa frase del psicómetra  Turing; inteligencia es lo que miden los test de inteligencia.”

El problema en si mismo no fue medir, sino denominar a procesos simples como saber información, retener dígitos, efectuar operaciones aritméticas; “inteligencia.” En conclusión, como lo afirma De Zubiría, el gravísimo error de los test es nada más y nada menos que su nombre. Denominarse test de inteligencia sin serlo.

<<Variadas limitaciones de los test CI aparecieron pronto. Tres    graves:

1. Sobrevaloran la cognición en el desempeño escolar.

2. Opacan las funciones motivacionales y afectivas.

3. Entre los procesos cognitivos privilegian los subprocesos cognitivos elementales: información, retención de dígitos, operaciones aritméticas sobre otros procesos cognitivos.>>[5]

No contar con una teoría de la mente, fue el punto de quiebre de los test CI -a criterio de De Zubiría-. Además, la idea errónea de concebir una inteligencia monolítica, limitada a los procesos memorísticos, informativos, intelectuales elementales; le abrió paso a los psicólogos factorialistas para inventar lo que denominaron  análisis factorial. Una técnica que supera la “inteligencia general” por calificar cada aptitud o subaptitud de forma concreta. Desde que fueron inventados a mediados del siglo XX hasta hoy, los test de aptitudes específicas se han expandido rezagando los test globales de CI.

Si bien es cierto, que los factorialistas se atrevieron a dar el siguiente paso cuestionando la inteligencia monolítica y proponiendo una serie de aptitudes humanas múltiples y variadas; fallaron al creer innecesario conceptualizar cada factor o aptitud con precisión, razón que los llevo al extremo de pensar que cualquier acción particular podría constituir una aptitud. Año tras año aparecían nuevas aptitudes: aptitud espacial, aptitud verbal, aptitud abstracta, aptitud pictórica, aptitud administrativa etc., etc. A tal punto, que en 1951 el presidente de la APA Guilford, postuló 120 aptitudes diferentes.

Como lo afirma De Zubiría, hasta aquí, el pseudoconcepto  inteligencia había entrado en una profunda crisis; cada vez más  agudizada con las críticas conceptuales y teóricas que proliferaban por parte de los psicólogos dialécticos. Quienes en paralelo con los test de aptitudes atacaron el CI. Sobresalen Vigotsky, Luria, Merani y Wallon. En suma, -comenta De Zubiría- la supuesta inteligencia medida por test, no se sabía qué era, en que consistía, ni como funcionaba.

Posterior a esto, aparece en escena la psicología genética del suizo Jean Piaget, quien afirma, luego de extensas investigaciones que la inteligencia real del niño evoluciona, madura, cambia, se transmuta, no es única ni inmutable. Adicional a esto, Piaget demuestra que más haya del CI limitado a medir funciones intelectuales de procesamiento rápido elemental; están los instrumentos y operaciones intelectuales cuyas funciones caracterizan procesos complejos y avanzados.

La estocada final a la inclemente “inteligencia” monolítica tiene nombre propio Frames of  Mind la obra publicada en 1983 por el psicólogo norteamericano Howard Gardner. Con este libro Gardner desecha la rancia teoría del intelecto, (vigente durante ochenta años) al refutar la existencia de una única inteligencia. A cambio propone siete tipos de inteligencias: Lógica-verbal, Interpersonal, Intrapersonal, Espacial, Cinestésica, Lógica-matemática, Musical. Y en los últimos años propuso dos más: Ecológica y Trascendental.

El aporte de Gardner resulta determinante, pues gracias a él, se hace posible propinarle una sanción definitiva a la ambigua y excluyente “inteligencia” medida por test CI. Que por cierto, fue mucho el daño que causo a cientos de niños, bien fuera por catalogarlos de “superdotados”, retardados o aceptables.

Con Howard Gardner se inicia una nueva etapa, una nueva forma de concebir las facultades mentales, o en otras palabras,  a partir de él se rompe con la hegemonía del CI  y con lo que De Zubiría llama el mito de la inteligencia. Con Gardner  se empieza a tener en cuenta la dimensión afectiva del individuo.

Al proponer las inteligencias personales; intrapersonal e interpersonal, Gardner se aproxima al mundo afectivo e intenta describirlo. Con respecto a la inteligencia intrapersonal menciona que “el conocimiento intrapersonal permite descubrir y simbolizar conjuntos complejos y altamente diferenciados de sentimientos. (…) La capacidad medular que opera en el desarrollo de los aspectos internos de  una persona, es el acceso a la propia vida sentimental, la gama propia de afectos y emociones: la capacidad para efectuar al instante discriminaciones entre estos sentimientos y, con el tiempo darles un nombre, desenredarlos, (…) utilizarlos como un modo de comprender y guiar la propia conducta.”[6]

Y en lo que se refiere a la inteligencia interpersonal, describe lo siguiente: “la inteligencia interpersonal se vuelve al exterior, hacia otros individuos. Aquí, la capacidad medular es la habilidad para notar y establecer distinciones entre otros individuos y, en particular, entre sus estados de ánimo, temperamentos, motivaciones e intenciones. (…) El conocimiento interpersonal permite al adulto hábil leer las intenciones y deseos de muchos otros individuos, y potencialmente,  actuar con base en este conocimiento por ejemplo: influyendo en un grupo de individuos dispares para que se comporten según un lineamiento deseado.”[7]

A todo esto, se le agrega el aporte del psicólogo cognitivo Robert Sternberg, quien retoma la crítica de Gardner al CI, para acrecentarla y profundizarla. Acto seguido y en contra del discurso que alguna vez fue dominante, Sternberg inicia su libro La inteligencia exitosa, agradeciendo por tener un bajo coeficiente intelectual y aseverando que esto lo salvó. Pues asegura que los test CI no dan cuenta de la dimensión sociocultural del individuo, grave error, teniendo en cuenta que es precisamente en la interacción con los demás donde se pone a prueba la verdadera inteligencia, afirma Sternberg.

Luego de innumerables estudios Sternberg postula en contra del CI tres “inteligencias”, analítica, creativa y una de especial interés para este contexto, inteligencia práctica que aplica al entender a otras personas y al descifrar los ambientes sociales en que se vive. Propuesta que contribuye considerablemente con la deslegitimación del CI.

Menciona De Zubiría que en este punto el CI estaba arrinconado y vencido, por un lado los test de aptitudes particulares diseñados por los factorialistas, y los psicólogos genéticos que demuestran la invalidez de la “inteligencia” medida por los test. Por otro lado, las contundentes obras de los psicólogos cognitivos Howard Gardner y Robert Sternberg, permiten abrirle paso a formas más precisas de concebir la mente a partir de una teoría modular.

Sin embargo, aun faltaba cerrar con broche de oro, era necesaria una propuesta que superara definitivamente la obsoleta idea de “inteligencia” medida por test de CI, inválidos tanto conceptual como prácticamente. El merito de esta propuesta a juicio de Miguel De Zubiría -y según él, a juicio de muchos otros- se lo lleva Daniel Goleman con el desarrollo que hace en su libro La inteligencia emocional publicado en 1996.

En este libro Goleman rescata -entre otras cosas- la inteligencia interpersonal e intrapersonal, antes propuestas por Gardner, y propone la teoría de la inteligencia emocional como fundamento primario de la mente humana.

<<La inteligencia emocional, redescubierta por Goleman, además de enterrar el viejo CI por insulso, inoperante e irrelevante, teniendo en cuenta las circunstancias en las cuales vivimos los seres humanos de carne y hueso, termina con un siglo de tiranía racionalista e intelectualista, el siglo XX. Siglo regido por la inteligencia: racional, cognitiva, monárquica, única, lógica-verbal, académica (…). Siglo que aisló al intelecto humano del corazón, prohibió las pasiones y omitió los intereses, como si los seres humanos no estuviesen regidos y dirigidos por pasiones, anhelos, deseos, sueños (…).>>[8]

En fin, como bien lo afirma De Zubiría, se necesitó trabajar silenciosa y mancomunadamente desde 1930 hasta 1995, siete décadas, para bajar de su pedestal al CI, y demostrar fuera de toda duda que no existe una “inteligencia.”

Pero aquí no termina esto, si bien es cierto que todo lo anterior contribuyó cuantiosamente; dice De Zubiría que ni Gardner, ni Sternberg, ni Goleman desarrollaron una teoría biopsicosocial mental a partir de la cual se pueda sostener el nuevo concepto de mente humana. Para esto fue necesario que apareciera una obra como Arqueología de la mente de Steve Mithen. De Zubiría sostiene que el arqueólogo Mithen no sólo refuta la vieja teoría intelectual unipolar, sino que inaugura la nueva época: la de la mente como objeto científico multimodal de estudio e investigación.

A partir de la obra de Steve Mithen, De Zubiría propone cambiar el pseudoconcepto “inteligencia” por el de Mente Humana; junto con sus orígenes, arquitectura, génesis y funciones. Pues afirma que más peligroso que los mismos test CI, fue el pseudoconcepto “inteligencia”, razón por la cual se ve obligado incluso a descartar el sugestivo concepto “inteligencia emocional.”

A propósito de este último concepto, De Zubiría  se pregunta, ¿acaso los seres humanos somos tan sólo emociones? La respuesta definitiva es no. El ser humano también esta constituido por otros estados internos como son: sentimientos, actitudes, valores y principios, denominados en conjunto <<instrumentos afectivos.>>

De cualquier modo, lo que existe, como bien lo explica De Zubiría, es una mente que ha evolucionado y esta constituida por tres macromódulos (psicológico, práxico, cultural). Cada uno de estos tres macromódulos cuenta con una dimensión afectiva, cognitiva y expresiva.

Ahora bien, retomando el sendero que nos lleva al concepto Afectividad, aparece en escena el pensador español José Antonio Marina. Este autor, -insistentemente citado por Miguel De Zubiría- considera que toda ciencia debe precisar su terminología y sus criterios de verdad. Incluida la ciencia de la afectividad. Dice Marina que <<el léxico sentimental es muy confuso en todas sus lenguas, por ejemplo, en ingles se usa con poca cautela affect, feeling, emotion, passion, mood. En la nomenclatura pasional francesa se han analizado términos como: sentiment, emotion, inclination, penchat, susceptible de, temperament, carácter, humea.>>[9]

Señala Marina que la palabra castellana más antigua para designar las variables afectivas es pasión. Aun así, el termino no resulta apropiado dado su heterogéneo carácter y a veces ambiguo. Continuando con el ejercicio de precisión terminológica, Marina cita la denominación del filosofo y humanista español Juan Luis Vives, que entre otras se acerca mucho; Affectus. Al intentar  aproximarse aun más se encuentra con sentimiento y emoción, pero a criterio de Marina estas son palabras tardías y quedarían muy limitadas para definir todo un universo de estados internos.

De manera que, para precisar en la terminología Marina afirma lo siguiente: <<en primer lugar se necesita un término genérico que incluya todas las experiencias que impliquen evaluación, agrado o desagrado, atracción o rechazo, preferencias. Pasión a pesar de su rancio abolengo no sirve (…) sentimiento tampoco. Me inclino, pues, por  Afectividad>>.[10]

Es así entonces, (se supone) como Miguel De Zubiría llega al concepto Afectividad. Pero va mucho más allá, propone tres tipos de afectividad y define el concepto como <<valorar realidades humanas>>. Esto es, valorar las tres realidades que de acuerdo con Karl Popper habitamos los seres humanos (material, psicológica y cultural). Esta valoración implica desarrollar competencias que permitan tener una sana y fluida interacción con los demás, con los grupos y consigo mismo. Técnicamente, competencias interpersonales, sociogrupales e intrapersonales respectivamente.

Para comprender en detalle lo anterior y por qué Miguel De Zubiría plantea tres tipos de Afectividad (práxica, psicológica y cultural) es necesario introducirnos en un recorrido por la epistemología evolutiva de la Afectividad.

EPISTEMOLOGÍA EVOLUTIVA DE LA AFECTIVIDAD

KARL  POPPER

Las tres funciones de cualquier mente son conocer, valorar y optar. La diferencia de la mente humana con respecto a las demás mentes animales, consiste en que ésta habita  tres realidades. En esta medida, es posible entender por qué la Afectividad supera las interacciones entre personas.

Para comprender esto, es necesario adentrarse un poco en la potente tesis ontológica del filósofo austriaco Karl Popper, quien postuló que los humanos habitan tres realidades simultáneas. “ Según él, está el mundo de los objetos y los eventos materiales. La piedra en el camino, el aire, la lluvia que nos moja, las plantas, etc., constituyen el Mundo-1 Material. Pero también están las palabras, los pensamientos, las ilusiones, los deseos, la envidia, etc., que arman el Mundo-2  Psicológico. Como también esta una canción, los mitos, las teorías, la ciencia, la pintura, la ética, etc., conforman el Mundo-3 Cultural.”[11]

En este orden de ideas, -afirma De Zubiría- el ser humano puede valorar, no una, ni infinitas realidades; valora y opta a partir de tres realidades. Si bien es cierto que estas realidades son infinitas en su singularidad, todas pueden ubicarse en las tres realidades propuestas por Popper. Con base en esto, Miguel De Zubiría plantea tres afectividades así:

Afectividad Práxica: valora y opta ante las realidades objetivas humanas M-1. Hace parte de esta afectividad todo lo que sea susceptible de ser manipulado a través del tacto, todo lo material. Como lo es un computador, un lápiz, una casa, una flor. Los individuos que se desempeñan o gustan de campos como la arquitectura, la ecología, la medicina, la ingeniería,  tienen inclinación por la afectividad práxica.

Afectividad Psicológica: valora y opta ante realidades subjetivas humanas M-2. Se encuentran en este tipo de afectividad las palabras, los deseos, las angustias, fobias, simpatías, antipatías, ilusiones, etc. A su vez, la Afectividad Psicológica se subdivide en Interpersonal; que hace referencia a los vínculos establecidos con otras personas. Sociogrupal que se define a partir  de las interacciones efectuadas en los diferentes grupos sociales. Intrapersonal que se refiere a la relación del individuo con él mismo. La Afectividad Psicológica valora y opta con respecto a otras personas y a sí mismo. Quienes sienten afinidad por la comunicación, la educación, las áreas comerciales, empresariales, se orientan hacia este tipo de afectividad.

Afectividad Cultural: valora y opta frente a realidades conceptuales M-3. Cuando alguien siente inclinación y gusto por  las matemáticas, la física, química, biología, sociología, psicología, pedagogía. O bien por la pintura, la música, el teatro, la fotografía, poesía, escritura; indudablemente coexiste con la Afectividad Cultural.

Entonces, tres mundos o realidades planteadas por Karl Popper,(material, psicológica, cultural) se corresponden con tres afectividades propuestas y desarrolladas por De Zubiría; (práxica, psicológica, conceptual) que a su vez  tienen un correlato con los tres macromódulos de la mente humana (práxico, psicológico, conceptual o cultural) desarrollados como consecuencia de la presión evolutiva (Mithen).

DERIVADAS

Derivada 1

El concepto Afectividad representa la evolución del concepto inteligencia emocional.

Luego de hacer un largo recorrido, que comenzó con el surgimiento de los test de CI en el siglo XIX, y de señalar la postura de los diferentes detractores que argumentaron la invalidez de los mismos a nivel escolar, social y conceptual; se llega al concepto de inteligencia emocional propuesto Daniel Goleman. Dicho concepto permitió desvirtuar en gran medida, la creencia errada con respecto al ambiguo objeto de medición del CI la “inteligencia”, limitada únicamente al plano académico.

<<Goleman y los demás investigadores re-descubridores de la afectividad asumen que vivir se resuelve en pequeños y aparentemente secundarios intercambios interpersonales: convencer taxistas, productores ejecutivos, decanos de investigación, esposas potenciales, discutir, convenir, compartir. Salvo que fueron intercambios interpersonales ocultos ochenta años, casi todo el siglo XX  pasado, que le apostó a la inteligencia académica-verbal.>>[12]

Si bien es cierto que el aporte de Goleman permitió ratificar la invalidez de los test de CI, su propuesta se quedó corta en la medida  que continuó utilizando un pseudoconcepto ambiguo y revaluado; “inteligencia” y se limitó a tratar las emociones, ignorando los demás constituyentes del sistema afectivo, a saber, sentimientos, actitudes, valores y principios.

En este orden de ideas, es posible afirmar que la Afectividad se constituye en el concepto que evoluciona el concepto inteligencia emocional por las siguientes razones fundamentales:

  • Por su validez tanto epistemológica como evolutiva.

  • Por tener en cuenta que el ser humano no esta constituido tan sólo por emociones, sino que también puede actuar mediado por sentimientos, actitudes, valores y principios.

  • Por tener como objetivo valorar las realidades humanas, (material, psicológica, cultural) permite aprehender a comprehender subjetividades, posibilitando una lectura mucho más precisa del otro, del grupo y de sí mismo.

  • Porque permite dar cuenta del desempeño en las tareas socialmente significativas, que  a su vez, constituyen las principales fuentes de felicidad humanas; la amistad, la pareja, el trabajo, la familia y uno mismo.

Derivada 2

La Afectividad es la dimensión primaria y más remota de la mente humana.

El valor adaptativo de la Afectividad se remonta a los primates antropomorfos. Estos se vieron en la necesidad de interpretar y descifrar las intenciones de los demás, por cuestiones de supervivencia. “Parece que los primates antropomorfos inventaron la afectividad interpersonal por presiones evolutivas(…) luego la capacidad de conocer a otro, apreciarlo e interactuar con él supera por 35 millones de años la recientísima “inteligencia” académica, a la cual demasiados psicólogos educativos y profesores le rinden aún pleitesía.”[13]

Acorde con Miguel De Zubiría la unidad afectiva interpersonal se constituye en la estructura mental más primaria, fundamental y antigua de la especie sapiens. Y en coherencia con esto, afirma que debe cambiarse el racionalista precepto << “Pienso luego existo”, por el más humano “Comprendo a otros, luego existo.”>>[14]

Somos seres hipersociales por naturaleza, desde nuestro nacimiento demandamos grandes cantidades de afecto, y utilizamos sofisticadas estrategias como sonrisas, miradas, caricias etc., que garanticen la confianza y el cariño de los demás, principalmente de nuestra madre; esto nos garantiza la supervivencia. Es decir, desde que nacemos, nos vemos en la necesidad de hacer  uso de nuestra afectividad interpersonal.

Derivada 3

Conocer el origen y el desarrollo de la Afectividad resulta de vital importancia para comprehender el comportamiento humano.

Para comprehender porque alguien siente como siente, piensa como piensa y actúa como actúa; es necesario conocer en detalle la naturaleza humana. Sabemos que por naturaleza venimos al mundo dotados de una dimensión altruista y una egoísta, que la cultura generalmente ha  promovido el lado egoísta; y que  no obstante,  gran parte de los grandes avances producidos a lo largo de la historia, han sido posibles gracias a la puesta en práctica  de valores altruistas.

A propósito de lo anterior el divulgador científico Antonio Vélez menciona que “en el ser humano lo bueno y  lo malo son hermanos siameses. Por eso tenemos que aceptar este axioma: la evolución produce todas las virtudes y pecados que resulten rentables para el individuo, somos una mezcla inevitable de bueno y malo.(…) Es decir, todos llevamos en el alma un doctor Jekyll que a la menor oportunidad se transforma en Mr. Hyde.”[15]

Ahora bien, teniendo en cuenta que los orígenes de la afectividad son remotos y que su desarrollo ha sido determinante desde el punto de vista de la supervivencia; el conocer su génesis y evolución permite conocer con certeza por qué somos como somos. Tener claro que comportamientos  como la envidia, la venganza, los celos, la infidelidad, la mentira, la hipocresía, la codicia, la avaricia etc., son producto de nuestra naturaleza egoísta, posibilita la comprehensión del comportamiento humano y lo que es más importante, el mejoramiento del mismo. Como bien lo afirmó el literato Antón Checkhov hace muchos años atrás “El hombre se volverá mejor cuando le muestres cómo es.”

Por ultimo, cabe resaltar que desde la perspectiva de la Afectividad comprehender a otro implica saber que <<a cada ser humano lo configura el conjunto de sus afectos, de sus creencias y de sus roles; lo que aprecia, conoce y hace (…). Esto permite descifrar el complejo proceso de interpretar a otro, descubrir sus intenciones, leer sus sentimientos, sus anhelos, ilusiones y comportamientos posibles.>>[16] Lo anterior aplica para la comprehensión del otro, de los grupos y de sí mismo.


[1] Deacon Terrence. Citado por Mithen en su libro Arqueología de la Mente. Pag.120

[2] Tomado y adaptado de “Arqueología de la mente”. Mithen Steve.

[3] De Zubiría Miguel. Cómo funciona la mente humana. Más allá de la psicología cognitiva. Fundación de Pedagogía Conceptual Alberto Merani. Pág.57

[4] De Zubiría Samper Miguel. La Afectividad Humana. Sus remotos orígenes. Sus instrumentos y operaciones. Fundación de Pedagogía Conceptual Alberto Merani.Pág.44

[5] De Zubiría Samper Miguel. El mito de la inteligencia y los peligros del cociente intelectual CI. Fundación de Pedagogía Conceptual Alberto Merani. Pág. 21

[6] Gardner Howard. Estructuras de la mente. La teoría de las inteligencias múltiples. 1994./Fondo de cultura económica./ Pág.288

[7] Ibid. Pág. 288

[8] Op.cit. El mito de la inteligencia. Pág.28

[9] Marina José Antonio. El laberinto sentimental. Anagrama. Pág.34

[10] Ibid. Pág.34

[11] De Zubiría Miguel. La Afectividad Humana. Fundación Internacional de Pedagogía Conceptual. Pág.159

[12] Op.cit. El mito de la inteligencia. Pág.91

[13] Ibid. Pág. 23

[14] Ibid. Pág. 24

[15] Velez Antonio. Homo sapiens. Villegas editores. Pág.397

[16] Op.cit. La afectividad humana. Pág.107