PROCESOS DE FORMACIÓN AFECTIVA

FIN DE AÑO

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Este año aunque bisiesto  se ha fugado como el viento. Si no se aprovechó el tiempo solo deja el descontento, si se vivió con denuedo y con corazón sincero deja marcado un sendero para cultivar, cuidar y preservar en el año venidero.

 

Como sea que haya sido, lo cierto es que el tiempo está decidido a pasar con o sin sentido. Por esto resulta tan constructivo dedicar tiempo a darle sentido al tiempo, de lo contrario solo vemos pasar el tiempo y banalizamos momentos.

 

¿Y cómo darle sentido al tiempo?

 

Puede ser, enfocando nuestra atención en la creativa construcción.

 

Puede ser, descubriendo e implementando nuevas formas de vivir  y convivir aprendiendo a sentir.

 

Puede ser, construyendo momentos significativos con nuestros vínculos afectivos.

 

Puede ser, valorando a cada ser que interactúa con nuestro ser.

 

Puede ser, liberándonos de la necesidad de ostentar y esforzándonos para nuestro ego desinflar.

 

Puede ser, comprendiendo que cada aporte a nuestra humanización dignifica nuestra condición.

 

Puede ser, evolucionando nuestra mente y espíritu hasta el infinito.

 

Puede ser, atreviéndonos a aportar, ayudar, cooperar; a ser y estar sin generar daño ni malestar intencional.

 

Puede ser, cuidándonos y cuidando a cada hermano(a) de especie y a cada especie viviente conscientemente.

 

Puede ser, prestando atención a lo que favorece la concientización de nuestro propio ser y de los entornos que le ayudan a crecer.

 

Puede ser, gobernando, gestionando, dirigiendo nuestras emociones, sentimientos y actuaciones con equilibrio y sosiego cuando tomamos decisiones.

 

En fin, siempre llega el fin: fin de una vinculación, fin de un conflicto, fin de un proceso, fin de una etapa, fin de un trabajo, fin de un encuentro, fin de un momento, fin de un ciclo, fin de una vida, fin de un relato, fin de un atardecer, fin de un día,  fin de una noche  y en este caso fin de un  año.

 

Ojalá que para nuestra especie, nuestra humanidad, nuestra sociedad, nuestra comunidad y nuestra personalidad, este haya sido un  año de concientización, evolución y humanización, aunque sea en un grado mínimo de acción.

 

Ojalá poco a poco logremos desterrar  de nuestro creer y de nuestro ser, prácticas egoístas que nos impiden crecer.

 

Ojalá que para el año venidero logremos transitar por senderos conscientes, coherentes, cooperadores y diligentes.

 

¡¡¡Que tengas un gratificante y satisfactorio Fin de Año en armónica comunión con tus vínculos más queridos, y un esperanzador y constructivo Año nuevo de vida para ser compartida!!!

 

EL DISFRAZ

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Hay quienes dicen que el termino disfraz proviene del prefijo “des”(deshacer) y “frezar”(huella dejada por un animal). Lo que significaría borrar la huella de un animal; camuflar, enmascarar, encubrir, ocultar.

 

Al parecer, disfrazarse es una necesidad incrustada en el proceder del reino animal.

 

En este reino un sinnúmero de especies son verdaderos maestros del camuflaje, de la mimetización:  los insectos hoja, la mariposa morpho azul, el camaleón, la oruga verde, la araña lobo, el pez sapo, el pez piedra y hasta leopardos, jaguares, ocelotes, okapis y muchos más. La razón: confundirse con el entorno incrementa sus posibilidades de sobrevivir.

 

Y dentro del basto reino animal se encuentra nuestra especie, la especie humana, inigualable a la hora de disfrazarse.

 

Para los miembros de nuestra especie es posible el disfrazarse cada vez que se quiera cumplir con fines maquiavélicos. Por ejemplo es posible disfrazarse para aparentar, ostentar, manipular, engañarse y engañar; para esto, se disfraza la  esencia, las intenciones y hasta las emociones.

 

En esta especie también nos podemos disfrazar por pura jocosidad, diversión y proyección, usando diferentes prendas, maquillajes y accesorios. Esta práctica se ha utilizado desde épocas inmemoriales, se dice que en la antigua cultura romana ya se disfrazaban para participar en largas fiestas, desinhibirse y del orden establecido olvidarse.

 

Y está también la perspectiva de los infantes; quienes buscan con inocencia y entusiasmo la manera de disfrazarse para transformarse en las infinitas posibilidades que habitan en su imaginación, en las influencias de sus entornos y en los trasfondos.

 

Es un gusto inevitable, las niñas y niños generalmente quieren disfrazarse y gozarse un momento de la vida, mediante la transformación y personificación de seres e imaginarios diversos.

 

El quid, es que a veces estos personajes les son completamente ajenos, descontextualizados, prejuiciosos, incomprensibles y bien insensibles.

 

Entonces, sentipensando en todo esto me pregunté: por qué no utilizar esta práctica cultural y natural, para ayudarles a nuestros infantes a transformarse en seres posibles, que puedan vivir y comprender en su cotidiana realidad, personajes que le otorguen un sentido más profundo y crítico a su mundo.

 

Personajes que construyan con sus propias manos y con la ayuda de las nuestras, personajes que contribuyan a despertar cada vez más la consciencia de sí mismos, de su entorno familiar, cultural, natural, social.

 

En suma, personajes más reales, menos artificiales, personajes que no se dejen comprar en el almacén más cercano, personajes que exigen del esfuerzo, la concienciación, la cooperación para ser creados, construidos, transformados.

 

Además se podría pensar en que el disfraz  pueda ser usado cada vez que el infante lo desee, cada vez que quiera recordar en lo que se puede transformar, cada vez que necesite recordar que siempre puede mejorar.  No necesariamente el disfraz  que solo es usado el día en que la sociedad de consumo le ha ordenado.

 

Puede ser este un buen ejercicio; no para camuflar y ocultar, sino para concienciar y transformar. Un ejercicio pedagógico y didáctico para ayudarles a los infantes a crearse a sí mismos, a desarrollar su creatividad, a desarrollar una y otra nueva habilidad.

 

Al tratar de hacer práctico este ejercicio en nuestra comunidad, surgió la idea de libertad y responsabilidad. Un principio y un valor que se deben el uno al otro, dado que cuanta más libertad queremos tener, más responsables hemos de ser.

 

O como lo afirmaron los magos gestores de la idea: ”Cuanta más libertad quieras, más responsabilidad adquieras”.

 

En la foto aparecen dos pequeños grandes magos, (realmente son una maga de la libertad y un mago de la responsabilidad) que empezaron a gestarse, a crearse, a construirse, a transformarse, a crecer, hace 7 años (Orianna) y 5 años(Dante) en mi vientre, en mi ser. Dos seres que han llenado mi existencia de infinita magia con su esencia.

 

HUMANIZACIÓN

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 HUMANIZACIÓN

 

Se dice que esta forma de vida humana empezó a gestarse hace aprox. 4.000 millones de años, y que hace aprox. 2 millones de años empezó la evolución del género homo, y que los primeros humanos anatómicamente modernos aparecieron hace aprox. 100.000 años, y que  hace aprox. 30.000 años que Homo sapiens sapiens es el único miembro superviviente del linaje Homo.

 

Más de 30.000 años recorriendo, respirando, creando, transformando, construyendo y penosamente también; alterando, contaminando, acabando e intoxicando estas tierras, estos mares, estos cielos, esta atmósfera, esta biosfera que espera el momento en que Homo sapiens expanda su consciencia priorizando el cuidado y conservación, por encima de la exacerbada industrialización, guerra y mercantilización para así, evitar su definitiva expulsión.

 

Homo sapiens sapiens; es grande la responsabilidad que nos endilga esta denominación dada su principal acepción: Del latín homo ‘hombre’ sapiens ‘sabio’ Hombre Sabio. Incluso pareciera que es demasiado pretencioso y ostentoso, denominar así a una especie que aún causa daño doloso.

 

Se cree que el gran avance en el proceso de Humanización  ha sido  y es, el lenguaje; no obstante,  no resulta siendo suficiente, pues el proceso de evolución consciente permanentemente, es muy exigente.

 

¿Será que por el hecho de lenguajear tenemos derecho a insultar, juzgar, calumniar y vituperar sin piedad?

 

¿Será que por el hecho de ser parte de una especie que ha hecho parte de un proceso de evolución biológica; a partir del cual adquirimos crecimiento cerebral,  mayor capacidad craneal,  pérdida del exceso de vello corporal, bipedismo y algo más, podemos subestimar y maltratar nuestro entorno natural?

 

¿Sera que por el hecho de haber descubierto el fuego, haber desarrollado herramientas para cultivar y cazar, nos podemos creer más que las demás especies del reino animal?

 

¿Será que por el hecho de habernos podido comunicar con sonidos más articulados y sofisticados, haber sido capaces de crear cultura; arte, ciencia, tecnologías, filosofías, religiones, ritos, mitos y demás, ya no necesitamos evolucionar más?

 

Pero bueno, el propósito no es denigrar de una especie que cuenta con todo el potencial para evolucionar y que en sus acciones también se pueden encontrar prácticas de amor, buena voluntad, bondad, generosidad y mucho más.

 

El  quid del asunto es: ¿Cómo hacer para que estás prácticas hagan parte de la generalidad y no se queden en la excepcionalidad?

 

Se puede Sentipensar que es necesario Formar para Humanizar. Formar para desarrollar Habilidades que nos Humanicen cada vez más, que nos permitan interactuar con  responsabilidad y en coherencia con la denominación que a nuestra especie se le da; es decir, aprovechando la oportunidad de adquirir sabiduría al vivir.

 

Bien se podría empezar por la Humildad. Humildad para aceptar que aún nos falta mucho por evolucionar, por aprender a respetar, a preservar, a liberar las ínfulas de superioridad con respecto a los demás seres que también hacen parte de esta biosfera o envoltura viva de la tierra, del infinito cosmos; que tanto nos pueden enseñar y aportar, si les aprendemos a valorar.

 

Sin importar que nuestro ego se pueda herir, hay que reconocer que permanecemos en proceso de transición y que aún nos hace falta dar  los pasos decisivos, para pasar de la hominización a la genuina Humanización.

 

De otra manera es probable que nos quedemos ostentando el título de ser una especie anatómicamente desarrollada, pero mentalmente estancada.

 

Ahora bien, “sacar a algo o alguien de un estado bárbaro o salvaje, instruyéndole en las artes de la vida”, es una definición del concepto Civilización. Recientemente también se afirma que “la civilización empieza a aparecer cuando se establece un sistema de vida factible, una interacción adecuada entre el hombre y la naturaleza”.  Definiciones que en cierta medida son afines a la utilidad que aquí se le pretende dar a la práctica y constructo de Humanización, aunque guardando su debida diferenciación.

 

Se puede empezar por plantear que No basta con nacer y hacer parte de la especie humana, hace falta llegar a Ser y Crecer como un auténtico Humano.

 

¿Y qué es lo que nos hace auténticamente humanos?

 

Si bien es cierto que el fundamento de lo humano subyace en el lenguaje y en todas las posibilidades que surgieron para la especie humana con éste; también lo es el hecho de la subvaloración y por ende subutilización, tergiversación y falta de concientización sobre las oportunidades implícitas en  estas posibilidades. Sentir y razón que limita la Humanización.

 

En términos prácticos se puede continuar por proponer que el desarrollo consciente y consistente de Habilidades como el comprenderse y comprender a los/las demás y lo demás, valorarse y valorar a los/las demás y lo demás, cuidarse y cuidar a los/las demás y lo demás, gobernarse, enfocarse, gestionarse, observarse, evaluarse, encontrarse, interactuar con empatía y asertividad (empatividad), cooperar, agradecer, perdonar, amar, respetar… Nos permiten sacar, expresar nuestro lado más humano.

 

Es natural que al esforzarnos por desarrollar habilidades como la prudencia, paciencia equidad, responsabilidad, generosidad, justicia, confianza, esperanza, lealtad, resiliencia, y todas las demás; obtengamos cada vez más libertad y adquiramos cada vez más sabiduría para vivir y convivir en esta vida.

 

Esto es algo que generalmente sabemos, pero no siempre comprehendemos y esto hace que nos limitemos. He ahí la relevancia de Formarnos para Humanizarnos y a su vez Formar a quienes a esta vida trajimos a habitar (hijos/as).

 

Humanizarnos para integrarnos, para sentirnos, para encontrarnos, para conectarnos, para transformarnos y evolucionarnos.

 

Humanización es lo que exige nuestra actual y próxima generación.

 

Sentir que hay algo posible de alcanzar en este vivir y que va más allá del comer, vestir, aparearse o dormir; permite asentir que vale la pena existir aprehendiendo a vivir y convivir.

 

¡¡Humanización esa es la cuestión!!

HUMILDAD CON DIGNIDAD  

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HUMILDAD CON DIGNIDAD

Humildad con Dignidad es desarrollar la habilidad de avanzar hasta la cumbre que queramos llegar; pero eso sí, sin olvidar que pisamos la misma tierra que  el resto de la humanidad.

 

Humildad con Dignidad es permitirse aceptar que tan solo somos una diminuta y valiosa parte de toda la inmensidad.

 

Humildad con Dignidad es reconocer que realmente no somos autosuficientes, que siempre necesitamos de la gente y de vincularnos cordial y empáticamente.

 

Humildad con Dignidad es reconocer que aunque en ocasiones el camino tomado pueda tener algo de errado, si nos mantenemos enfocados y equilibrados hallaremos  lo adecuado.

 

Humildad con Dignidad es  procurar que nuestra mente pueda madurar y evolucionar conscientemente, para que vaya más allá de la jactancia, petulancia y arrogancia.

 

Humildad con Dignidad es mantener moderación frente al poder, porque éste requiere ser asumido como una responsabilidad con la comunidad; no como una posesión para la ostentación.

 

Humildad con Dignidad es mantener la altura ante la desventura, procurando no perder la cordura y manteniendo la confianza en la bienaventuranza.

 

Humildad con Dignidad es practicar la asertividad para no acallar nuestra voz ante la iniquidad, ni someternos a soportar algún acto de crueldad.

 

Humildad con Dignidad es mirar al frente y mantener vigente la actitud paciente y diligente.

 

Humildad con Dignidad es combatir la pobreza con actos de nobleza  y  gentileza.

 

Humildad con Dignidad es mantener la valiosa sencillez evitando lo soez.

Humildad con Dignidad es controlar el ego para no perder el sosiego.

 

Humildad con Dignidad es valorarnos y valorar la vida con intensidad.

 

Humildad con Dignidad es reconocer que siempre hay algo más por conocer, por aprender, por mejorar para Crecer.

 

La Humildad con Dignidad le permite Crecer a  la personalidad, la comunidad y la sociedad.

 

LA ENVIDIA

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LA ENVIDIA

 

De ella se dice que es mejor despertarla que sentirla. Pero si se trata de construir sería mejor decir, que es mejor evitar despertarla aprendiendo a evitar sentirla.

 

¿Y cómo evitar sentirla?

 

Quizás el antídoto ha existido desde que tiene sentido la reflexión sobre lo humano y lo divino. Y aunque lo reflexionado no siempre es practicado, siempre es bueno tener en cuenta una de las tantas reflexiones que siempre se han mencionado:

 

Goethe dijo que, “el hombre más feliz del mundo es aquel que sabe reconocer los méritos de los demás y se alegra del bien ajeno como si fuera propio”.

 

Sí que tuvo  razón y corazón la afirmación de Goethe; pues propio de lo auténticamente humano es, el saber reconocer la grandeza de otro ser.

 

¿Qué más podría ser efectivo para combatir el agobio causado por el triunfo ajeno? ¿Qué más podría ayudar a superar la dificultad para regocijarse genuinamente con los logros de otros?

 

La envidia al igual que cualquier otro afecto es susceptible de ser Gobernado, es decir, se puede ser consciente de este sentir y con creencias y prácticas constructivas llegarlo a suprimir.

 

Sin embargo, no podemos olvidar que ejercitar el gobierno de este dañino afecto desde muy temprana edad, es la mejor forma de evitar los estragos que esta infame puede llegar a causar.

 

Vale la pena ahora leer, algunas definiciones de lo que realmente la envidia es, y del daño que puede hacer el ser presa de un afecto tan inhumano; que aunque hace parte de la naturaleza humana, si se cuenta con Voluntad para Crecer como un auténtico Ser Humano, fácilmente se puede dejar a un lado y nunca darle la mano.

 

El investigador del mundo afectivo José Antonio Marina hace referencia a la envidia así: “la percepción del bien de una persona provoca un sentimiento negativo, de malestar, rabia o tristeza. Con frecuencia se considera a la otra persona culpable de ese malestar, humillación o desdicha”.

 

Menciona también el término francés “Ombrage”  que designa ese temor a ser eclipsado, arrojado a la sombra por alguien, privado de la posibilidad de ser querido, salvado por la mirada o el amor ajenos.

 

A lo anterior agrega lo siguiente: “sospecho que en el fondo del fondo de la envidia está el deseo de ser preferido, de sobresalir. El envidioso siente que la existencia del envidiado le hace de menos”.

 

Y citando a Covarrubias complementa que “es un dolor, concebido en el pecho, del bien y prosperidad ajena; porque el envidioso enclava unos ojos tristazos y encapotados en la persona de quien tiene envidia y le mira como dicen de mal ojo. Llora cuando los demás ríen y ríe cuando los demás lloran”.

 

Para extender aún más la descripción también cita a San Gregorio, quien expreso que “de la envidia aborta el odio, la murmuración, la detracción, la alegría en la adversidad del prójimo y la aflicción en la prosperidad”.

 

Dante Alighieri en el poema el purgatorio definió la envidia como “amor por los propios bienes, pervertido al deseo de privar a otros de los suyos”. El castigo para los envidiosos es el de cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer.

 

Bertrand Russell la definió como “el más desafortunado afecto de la naturaleza humana, porque aquel que envidia no sólo sucumbe a la infelicidad que le produce su envidia sino que además, alimenta el deseo de producir el mal a otros”.

 

Leonardo Da Vinci al reflexionar sobre la vil envidia planteo lo siguiente:   “En cuanto nace la virtud, nace contra ella la envidia y antes perderá el cuerpo su sombra que la virtud su envidia”.

 

Arthur Schopenhauer, afirmó que “la envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen  o dejan de hacer los demás, muestra cuanto se aburren”.

 

Ignacio Manuel Altamirano un maestro y escritor mexicano, planteó una definición muy inquietante de la pérfida envidia que dice así: “la envidia es proteiforme. Sus manifestaciones más comunes son la crítica amarga, la sátira, la diatriba, la injuria, la calumnia, la insinuación pérfida, la compasión fingida, pero su forma más peligrosa es la adulación servil”.

 

Los griegos le dieron el nombre de mal de ojo o el que no ve con buen ojo. Para ellos, uno de los principales empleos de la envidia era el de servir de guía a la calumnia.

 

En el campo psicológico hay quienes afirman que la envidia opera como un sentimiento de inferioridad, que hace que surja un complejo de superioridad. Llevando a quien la padece a comportarse con prepotencia y  a vivir en permanente autoengaño, creyendo ser alguien que no es, razón por la cual, cuando el envidioso(a) observa a alguien con las características reales de lo que cree ser, pero no es; su sentimiento de envidia se exacerba y siente la necesidad de apartarlo del camino de cualquier forma, para evitar la disonancia que esto le causa.

 

La RAE  la ha definido como tristeza o pesar del bien ajeno.

 

En Wikipedia se define como aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha, por no poseer uno mismo lo que tiene el otro; sea bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas.

 

Otra apropiada definición de éste tóxico afecto es la de madre del resentimiento; un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor, sino que al otro le vaya peor.

 

También dicen por ahí  que “la envidia es el homenaje que la mediocridad le hace al talento”.

 

En suma, la dificultad para alegrarse genuinamente por los triunfos y el bienestar de los demás, afecta seriamente la vida en comunidad, la interacción grupal, la integración, la comunión, la cooperación y todo aquello que favorece la sana construcción.

 

Bajo ninguna circunstancia es sano que un humano experimente agobio ante la grandeza de un hermano.

 

La envidia  trae a la vida desidia y ésta llena la existencia de negligencia y frustración, llevando al corazón a vivir en depresión.

 

Por todo esto, resulta tan valeroso el ser generoso en la congratulación y el regocijo sincero por el avance del compañero. Así como el esforzarse y darse la oportunidad de Crecer con humildad.

AÑO NUEVO

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AÑO NUEVO

Año nuevo de vida para ser compartida.

 

Año nuevo de transformación para procurar la evolución.

 

Año nuevo de coraje para estructurar el andamiaje y transitar firmes por  este corto viaje.

 

Año nuevo de esperanza para alimentar la perseverancia que alcanza.

 

Año nuevo de esfuerzo para lograr el progreso.

 

Año nuevo de asertividad para mantener la fraternidad.

 

Año nuevo de empatía para convivir en armonía.

 

Año nuevo de cooperación para la efectiva construcción.

 

Año nuevo de prudencia para transitar por la existencia aprendiendo de la experiencia.

 

Año nuevo de valentía para enfrentar sin cobardía los desafíos de la vida.

 

Año nuevo de coherencia para caminar con la tranquila conciencia hacia la trascendencia.

 

Año nuevo de paciencia para formar lo auténticamente humano, libres de la adicción a lo mundano.

 

Año nuevo de sensatez para aceptar con madurez, que es sano dejar ir lo que no nos deja fluir.

 

Año nuevo de conciencia para aceptar sin intransigencia la diferencia.

 

Año nuevo de soluciones, dificultades, comienzos, finales, aciertos, quebrantos, encuentros, pérdidas, oportunidades y de todo lo que alimenta nuestras realidades.

 

Año nuevo para vivir, elegir, sentir, pensar, innovar, renovar, crear, creer, crecer, amar, intentar, avanzar, evolucionar e infinitas posibilidades más.

 

Año nuevo de vida para ser plenamente vivida. Gracias a la vida.

DESEOS DE NAVIDAD

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DESEOS DE NAVIDAD

Que la emocionalidad esté mediada por la expectativa de la fraternidad, del encuentro familiar; no por la expectativa manipulativa que crea la cultura consumista intrusiva.

Que el arbolito de navidad se pueda resignificar y que en algún momento llegue a simbolizar, la responsabilidad que tenemos de preservar nuestro medio natural.

Que aprehendamos a cuidarnos y a cuidar; a no maltratar, a no contaminar, a dejar de producir basura material y afectiva sin parar.

Que logremos comprehender que el arbolito, aunque adornado y bonito, es artificial y no debería ser más bonito que lo que hay en nuestro corazoncito.

Que cultivemos la infinita paciencia para enseñar  a nuestros infantes con indulgencia, que el arbolito de navidad no debe generarles ansiedad por el regalito que esperan recibir; que antes de esperar recibir, está el valioso aprehender a Dar.

Que la sensatez se interponga ante la estupidez, de comprar por ostentar de manera irracional.

Que la falta de sentido y los vacios afectivos no se intenten evadir, refugiándose en el consumir sin medir.

Que la habituación a la moderación domine nuestra permanente acción.

Que cada vez  seamos más conscientes de las creencias que ingresan a  nuestra mente; porque siempre hay quien la intenta manipular vilmente.

Que la postergación de la gratificación, se convierta en una opción para evitar la adicción.

Que la desilusión, el desengaño y la traición se procesen con perdón; no con estimulantes que lleven a los excesos y cuyos excesos causan destrucción.

Que la armonía haga parte activa en cada día de nuestra vida.

Que la celebración esté mediada por la unión, la comunión, la saludable conversación, la fluida interacción; evitando cualquier acto que pueda arruinar el buen rato.

Que el encuentro con los nuestros, nos sirva de sustento para  convivir y regocijarnos en el afecto de largo aliento.

Que contemos con la permanente Voluntad para transformarnos, para renovarnos, para repensarnos, para prosperar afectivamente y evolucionarnos. Y así,  experimentemos no solo una feliz navidad, sino una ¡¡¡Feliz Realidad!!!