NATURALEZA HUMANA

OBSERVAR PARA COMUNICAR

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¿Te has preguntado alguna vez, por qué en muchas ocasiones hemos sentido que no somos comprendidos por los demás o que no estamos comprendiendo a los demás?

 

¿Has pensado en el sinnúmero de mensajes que transmitimos en nuestras interacciones sin hablar?

 

¿Has notado en alguno de tus vínculos o en ti mismo, que lo que se dice no se corresponde con lo que expresa la actitud y lo que se expresa muchas veces no se corresponde con lo que se hace?

 

¿Has observado lo que habita en las miradas, la distancia que se guarda al interactuar, los movimientos de las manos, los silencios, el tono de la voz, la expresión facial, la actitud corporal?

 

¿Eres consciente del lenguaje no verbal?

 

Sabemos que comunicar hace parte de lo que hacemos para podernos relacionar, lo que resulta realmente llamativo es que en general, le prestemos tan poca atención a las formas de comunicación que se encuentran detrás de las palabras y a las que se expresan sin palabras.

 

Te invito a un breve recorrido por ese universo expresivo de símbolos, movimientos, gestos, tonos, posturas y demás, que nos exigen Observar con asiduidad para descifrar con mayor objetividad el mensaje que se intenta comunicar.

 

Cómo te parece que según el texto La Comunicación No Verbal: “En una comunicación cara a cara el componente verbal es del 35% aproximadamente, frente al 65% que se corresponde con la comunicación no verbal”[1]. ¡Sorprendente, verdad!

 

Al parecer, el quid del asunto está en Observarnos y Observar a los demás para comunicarnos con mayor efectividad. ¿Y qué es exactamente lo que debemos observar? Siguiendo lo planteado en el texto citado, existen 4 factores que han sido estudiados en el campo del lenguaje no verbal.

 

A continuación te los comparto para que puedas estar más atento/a  y consciente en tus interacciones con los demás:

 

PARALINGÜÍSTICA: estudia los aspectos no semánticos del lenguaje. Por ejemplo: los tonos empleados, el ritmo con el que se habla, el volumen de la voz, los silencios, los timbres. Estas variables dependen de circunstancias del emisor, como sus emociones e intenciones.

 

 

KINESIA: se dedica a estudiar el significado de los movimientos humanos. Específicamente las posturas, los gestos, las miradas, la expresión facial, la sonrisa, etc.

 

PROXÉMICA: expresión propuesta por el antropólogo inglés Edward T. Hall para hacer referencia al análisis del espacio personal, o el espacio que nos circunda. Específicamente estudia el espacio y la distancia que guardan las personas al comunicarse verbalmente.

 

 

IMAGEN PERSONAL: hace referencia al estilo de una persona, por ejemplo su forma de vestir, rasgos físicos, forma de caminar, entre otros.[2]

 

Aprender a leer lo que cuenta el cuerpo y sus movimientos, el rostro y sus expresiones, las manos y sus símbolos, las voces y sus tonos, los silencios y sus sonidos.

 

Observar la forma en que interactúan el verbo y el cuerpo, la intención y la palabra, los sentidos y los sentimientos. Pueden ser todas éstas, prácticas que contribuyan con una comunicación  más empática, más asertiva,  más humana.

 

Y como para aprender, comprender y desarrollar cualquier habilidad se hace necesario practicar y practicar; te comparto el enlace de un cortometraje llamado SINGS. https://www.youtube.com/watch?v=TIvvhhlvrBM

 

Este corto permite observar en acción los 4 Factores de Comunicación no Verbal : Paralingüística, Kinésica, Proxémica, Imagen Personal. Intenta identificarlos y diferenciarlos dentro del cortometraje e intenta hacer el mismo ejercicio dentro de tu cotidiano vivir.

 

Con tiempo de práctica, se puede empezar a experimentar mayor conexión, fluidez y sincronía en las interacciones con cada uno de nuestros vínculos.

 

En suma, como bien lo afirma el sociólogo español Antonio Izquierdo: “La interacción social se refiere a la interacción entre personas mediante símbolos”[3].

 

 

Así las cosas; Observar para conocer, interpretar y comprender lo que significa el Lenguaje no Verbal y su complejo, entramado sistema de símbolos, nos resulta a los humanos fundamental  al momento de Comunicar e interactuar con mayor efectividad.

 

Por lo pronto esto es todo, amable lector(a). Te deseo grandes satisfacciones en tus interacciones.

Hasta la próxima.

 

 

 

 

 

 

 

[1] MacGraw-Hill. La comunicación no verbal. (2004). Pag.75

[2] MacGraw-Hill.op.cit, pag. 75 a 85.

[3] Izquierdo, Escribano, Antonio. Sociología: los conceptos esenciales. (2001) Washington D.C Pag.118.

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NATURALEZA

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Quizás, si formamos  desde la más tierna infancia  el arte de interactuar con gracia, gratitud, cuidado, respeto, empatía,  pericia, inteligencia, conciencia. Nuestra excelsa madre naturaleza podrá recuperar su fuerza y conservar la inmensidad que aún expresa, a pesar del maltrato que le hemos causado nosotros,  los llamados “humanos”; los únicos miembros del reino animal capaces de causar mal a la energía divina dadora de vida.

 

Quizás, si nosotros, los miembros de la especie humana logramos poco a poco formar y formarnos para humanizarnos  y así, respetarnos, cuidarnos, valorarnos y valorar el maravilloso hábitat natural que tenemos para cada día caminar y cada noche pernoctar; evitaremos ser expulsados del paraíso que nuestra bondadosa madre nos ha proporcionado y que por ser la nuestra una especie de  instintos avaros, destructivos, atrevidos y mundanos, no hemos valorado.

 

Quizás, si nos ocupamos de criar humanos que usen sus manos para crear, cuidar, sembrar, cultivar, preservar, conservar, sentir, consentir, ayudar, aportar, apoyar, cooperar; contribuiremos con la evolución de la presente y la próxima generación. Podremos dejar como habitantes de este hermoso  planeta a seres conscientes, decentes, consecuentes, y no, especímenes hirientes, indolentes, demoledores, devastadores, depredadores.

 

Quizás, si nuestra inhumanizada naturaleza humana  re-encuentra su cauce natural de evolución permanente, podamos volver a experimentar esas milenarias, profundas y sagradas conexiones con la tan nombrada y poco respetada, mama pacha. Esa deidad próxima, inmediata, cotidiana, sensible y dialogante que tanto nos da y tan mal retribuimos, tan grave y descaradamente destruimos.

 

En la foto aparecen los seres que la vida me compartió y  me encomendó humanizar. Intento vivir cada día haciendo un ingente esfuerzo por cumplir con esta misión, pues me gustaría poder morir con la satisfacción de haber actuado con el corazón liberado del instinto de destrucción. Anhelo poder formar en mis descendientes la habilidad, el arte de interactuar respetuosa y cuidadosamente, con esa fuerza superior que tanto le aporta a nuestro equilibrio interior.

EL DISFRAZ

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el-disfraz

Hay quienes dicen que el termino disfraz proviene del prefijo “des”(deshacer) y “frezar”(huella dejada por un animal). Lo que significaría borrar la huella de un animal; camuflar, enmascarar, encubrir, ocultar.

 

Al parecer, disfrazarse es una necesidad incrustada en el proceder del reino animal.

 

En este reino un sinnúmero de especies son verdaderos maestros del camuflaje, de la mimetización:  los insectos hoja, la mariposa morpho azul, el camaleón, la oruga verde, la araña lobo, el pez sapo, el pez piedra y hasta leopardos, jaguares, ocelotes, okapis y muchos más. La razón: confundirse con el entorno incrementa sus posibilidades de sobrevivir.

 

Y dentro del basto reino animal se encuentra nuestra especie, la especie humana, inigualable a la hora de disfrazarse.

 

Para los miembros de nuestra especie es posible el disfrazarse cada vez que se quiera cumplir con fines maquiavélicos. Por ejemplo es posible disfrazarse para aparentar, ostentar, manipular, engañarse y engañar; para esto, se disfraza la  esencia, las intenciones y hasta las emociones.

 

En esta especie también nos podemos disfrazar por pura jocosidad, diversión y proyección, usando diferentes prendas, maquillajes y accesorios. Esta práctica se ha utilizado desde épocas inmemoriales, se dice que en la antigua cultura romana ya se disfrazaban para participar en largas fiestas, desinhibirse y del orden establecido olvidarse.

 

Y está también la perspectiva de los infantes; quienes buscan con inocencia y entusiasmo la manera de disfrazarse para transformarse en las infinitas posibilidades que habitan en su imaginación, en las influencias de sus entornos y en los trasfondos.

 

Es un gusto inevitable, las niñas y niños generalmente quieren disfrazarse y gozarse un momento de la vida, mediante la transformación y personificación de seres e imaginarios diversos.

 

El quid, es que a veces estos personajes les son completamente ajenos, descontextualizados, prejuiciosos, incomprensibles y bien insensibles.

 

Entonces, sentipensando en todo esto me pregunté: por qué no utilizar esta práctica cultural y natural, para ayudarles a nuestros infantes a transformarse en seres posibles, que puedan vivir y comprender en su cotidiana realidad, personajes que le otorguen un sentido más profundo y crítico a su mundo.

 

Personajes que construyan con sus propias manos y con la ayuda de las nuestras, personajes que contribuyan a despertar cada vez más la consciencia de sí mismos, de su entorno familiar, cultural, natural, social.

 

En suma, personajes más reales, menos artificiales, personajes que no se dejen comprar en el almacén más cercano, personajes que exigen del esfuerzo, la concienciación, la cooperación para ser creados, construidos, transformados.

 

Además se podría pensar en que el disfraz  pueda ser usado cada vez que el infante lo desee, cada vez que quiera recordar en lo que se puede transformar, cada vez que necesite recordar que siempre puede mejorar.  No necesariamente el disfraz  que solo es usado el día en que la sociedad de consumo le ha ordenado.

 

Puede ser este un buen ejercicio; no para camuflar y ocultar, sino para concienciar y transformar. Un ejercicio pedagógico y didáctico para ayudarles a los infantes a crearse a sí mismos, a desarrollar su creatividad, a desarrollar una y otra nueva habilidad.

 

Al tratar de hacer práctico este ejercicio en nuestra comunidad, surgió la idea de libertad y responsabilidad. Un principio y un valor que se deben el uno al otro, dado que cuanta más libertad queremos tener, más responsables hemos de ser.

 

O como lo afirmaron los magos gestores de la idea: ”Cuanta más libertad quieras, más responsabilidad adquieras”.

 

En la foto aparecen dos pequeños grandes magos, (realmente son una maga de la libertad y un mago de la responsabilidad) que empezaron a gestarse, a crearse, a construirse, a transformarse, a crecer, hace 7 años (Orianna) y 5 años(Dante) en mi vientre, en mi ser. Dos seres que han llenado mi existencia de infinita magia con su esencia.

 

CONFUSIÓN AFECTIVA

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 CONFUSIÓN AFECTIVA

La vinculación afectiva suele causar cierta confusión; a veces por falta de reflexión y concientización, a veces por dogmatización, a veces por seguir la imposición, a veces por la errada interacción, a veces por ausencia de genuina conexión. Por ejemplo, confundimos:

 

Amarnos con atarnos.

 

Comprometernos con someternos.

 

Querernos con poseernos.

 

Interesarnos con controlarnos.

 

Conocernos con entrometernos.

 

Valorarnos con apoderarnos.

 

Cuidarnos con celarnos.

 

Apreciarnos con obstinarnos.

 

Consentirnos con oprimirnos.

 

Comunicarnos con juzgarnos.

 

Confiarnos con acapararnos.

 

Compartirnos con apegarnos.

 

Sincerarnos con ofendernos.

 

Comprendernos con imponernos.

 

Apoyarnos con acosarnos.

 

Complementarnos con igualarnos.

 

Darnos con adueñarnos.

 

Retroalimentarnos con manipularnos.

 

Aceptarnos con soportarnos.

 

Liberarnos con separarnos.

 

¿Será que podemos renunciar a establecer una y otra vez relaciones de poder?

 

¿Será que podemos aprovechar el potencial de evolucionar para lograrnos vincular sin generar tanto malestar?

 

¿Será que si nos esforzamos en comprender  la ambivalencia de nuestra naturaleza, puede crecer la benevolencia?

 

¿Será que si aprendemos a comprender nuestra humana naturaleza, podemos eliminar la maleza apenas empieza?

 

Es posible que necesitemos replantearnos ciertas formas de vincularnos. Es posible que necesitemos aclarar y transformar ciertas formas de interactuar. ¡¡Si nos confundimos sufrimos!!

CONFIANZA

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 CONFIANZA

Ese dar y recibir que no se puede exigir y siempre  se requiere construir.

 

Ese deseable  estado sobre el cual está sustentado el vínculo sólido y sano.

 

Ese  frágil y necesario sentimiento que le da alimento a la relación para que conserve la devoción.

 

Esa sensación que reduce por su acción, el margen de incertidumbre que acompaña la urdimbre afectiva en su día a día.

 

Esa oportunidad de simplificar las relaciones con las benévolas acciones.

 

Esa posibilidad de interpretar y valorar con libertad, el actuar y el decidir de quien nos acompaña en nuestro diario vivir.

 

Esa certeza aunque incierta, en que  las relaciones y las circunstancias van a generar bienestar aún en medio de la adversidad.

 

Esa alianza con la esperanza que nos permite creer, en el otro y el propio ser.

 

La confianza tiene como definición general: seguridad o esperanza firme que se tiene sobre alguien o algo. De esta proposición surge la deducción: sin confianza se extingue la esperanza y sin esperanza nos invade la desmotivación a ultranza.

 

Entonces la confianza podría ser, un afecto que ha de acompañar al ser para que éste pueda crecer sin tanto temer.

 

Bien lo mencionó en su momento el escritor Graham Greene: “Es imposible ir por la vida sin confiar en nadie, es como estar preso en la peor de las celdas: uno mismo”.

 

Ahora bien, si por alguna razón creemos y sentimos que alguien de nuestra confianza llegó a abusar; será sano perdonar y necesariamente evaluar, si conviene dar una nueva oportunidad o si es mejor el vínculo cerrar y volver a empezar.

 

El poeta Juvenal también se atrevió a opinar sobre este afecto excepcional: ”Confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es neurótica torpeza”.

 

Asimismo, el poeta Arturo Graf, sobre el tema tuvo algo que aportar: ”El que se fía de cualquiera demuestra poca discreción y sensatez; el que de nadie se fía muestra tener todavía menos”.

 

De otro lado, si somos nosotros mismos quienes “sin querer queriendo” de alguna forma hemos quebrantado la confianza que se nos ha depositado; tendremos que intentar reparar con buena voluntad y evitar conscientemente que reiteradamente se vuelva a fallar.

 

Antes de terminar, bien se puede enfatizar, en la relevancia que tiene la confianza que se alcanza, al desarrollar habilidad para interactuar con la intimidad de nuestro propio ser sin nada que temer.

 

Dado que la confianza en sí mismo, -entre otros beneficios- evita el sentimiento de afectos perversos. Sobre el particular cabe mencionar, lo que sugirió en su tiempo el orador Cicerón:”Nadie que confía en sí, envidia la virtud del otro”.

 

Y ya para concluir una frase sin fin: “La confianza como el arte, nunca proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas las preguntas”(Wallace Stevens).

 

APARIENCIAS

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APARIENCIAS

 

“Caras vemos corazones no sabemos”, “no todo lo que brilla es oro”, “no todo es lo que parece”, “que se vea no significa que sea”; al parecer, pretender parecer olvidándose de evolucionar  el ser, suele ser un verdadero obstáculo para Crecer.

 

Para empezar sería práctico aceptar que en cierta medida “vivimos de apariencias”. Las apariencias acompañan nuestra existencia, lo inquietante es que son aliadas del engaño cuando no se corresponden con nuestra esencia.

 

¿Y entonces, cómo descifrar la apariencia y la esencia?

 

Podría ser, formando conciencia de nuestra esencia; de lo que somos cuando estamos solos, de cómo interactuamos con quienes amamos y con lo que amamos, de cómo nos sentimos por el simple hecho de estar vivos, de lo que creemos que necesitamos para aceptarnos y ser aceptados, de lo que hacemos para evolucionar como auténticos humanos.

 

Podría ser, formando conciencia de lo que permite interactuar con la esencia; de no fiarse tanto en lo que se dice y fijarse más en lo que se hace, de valorar al otro por lo que con buena voluntad construye  y no por esperar lo que nos pueda llegar a dar, de no dejarnos comprar con lisonjas y promesas que no se basan en actos de coherencia, de no dejarnos ilusionar con propuestas que plantean recibir sin aportar, de dejar de lado lo que un ego inflado haya pronunciado.

 

Podría ser, formando conciencia sobre la indulgencia establecida con respecto a la apariencia; dado que existen momentos, periodos, circunstancias, donde solo queremos ver la apariencia porque nos duele enfrentar la esencia.

 

Podría ser, formando conciencia sobre la naturaleza de la falsa apariencia; esa que busca ostentar para agradar, bien sea a nivel existencial, material, intelectual, espiritual y todo lo demás.

 

Para terminar cabe mencionar algunas sapiencias sobre las apariencias: “pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos”(Nicolas Maquivelo). “Hay mucha gente en el mundo, pero todavía hay más rostros, pues cada uno tiene varios”(Rainer María Rilke). “Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para lo demás, que al final nos disfrazamos para nosotros mismos”. “El mundo recompensa antes las apariencias de mérito que al mérito mismo”(Francois de La Rochefoucauld).”Aparentar es la llave más próxima a la falsedad y por ende a la soledad”(anónimo).

 

En fin, como la apariencia no siempre se corresponde con la esencia; ante la apariencia es mejor mantener la prudencia, no juzgar con ligereza e intentar interactuar con plena conciencia.

LA ENVIDIA

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LA ENVIDIA

 

De ella se dice que es mejor despertarla que sentirla. Pero si se trata de construir sería mejor decir, que es mejor evitar despertarla aprendiendo a evitar sentirla.

 

¿Y cómo evitar sentirla?

 

Quizás el antídoto ha existido desde que tiene sentido la reflexión sobre lo humano y lo divino. Y aunque lo reflexionado no siempre es practicado, siempre es bueno tener en cuenta una de las tantas reflexiones que siempre se han mencionado:

 

Goethe dijo que, “el hombre más feliz del mundo es aquel que sabe reconocer los méritos de los demás y se alegra del bien ajeno como si fuera propio”.

 

Sí que tuvo  razón y corazón la afirmación de Goethe; pues propio de lo auténticamente humano es, el saber reconocer la grandeza de otro ser.

 

¿Qué más podría ser efectivo para combatir el agobio causado por el triunfo ajeno? ¿Qué más podría ayudar a superar la dificultad para regocijarse genuinamente con los logros de otros?

 

La envidia al igual que cualquier otro afecto es susceptible de ser Gobernado, es decir, se puede ser consciente de este sentir y con creencias y prácticas constructivas llegarlo a suprimir.

 

Sin embargo, no podemos olvidar que ejercitar el gobierno de este dañino afecto desde muy temprana edad, es la mejor forma de evitar los estragos que esta infame puede llegar a causar.

 

Vale la pena ahora leer, algunas definiciones de lo que realmente la envidia es, y del daño que puede hacer el ser presa de un afecto tan inhumano; que aunque hace parte de la naturaleza humana, si se cuenta con Voluntad para Crecer como un auténtico Ser Humano, fácilmente se puede dejar a un lado y nunca darle la mano.

 

El investigador del mundo afectivo José Antonio Marina hace referencia a la envidia así: “la percepción del bien de una persona provoca un sentimiento negativo, de malestar, rabia o tristeza. Con frecuencia se considera a la otra persona culpable de ese malestar, humillación o desdicha”.

 

Menciona también el término francés “Ombrage”  que designa ese temor a ser eclipsado, arrojado a la sombra por alguien, privado de la posibilidad de ser querido, salvado por la mirada o el amor ajenos.

 

A lo anterior agrega lo siguiente: “sospecho que en el fondo del fondo de la envidia está el deseo de ser preferido, de sobresalir. El envidioso siente que la existencia del envidiado le hace de menos”.

 

Y citando a Covarrubias complementa que “es un dolor, concebido en el pecho, del bien y prosperidad ajena; porque el envidioso enclava unos ojos tristazos y encapotados en la persona de quien tiene envidia y le mira como dicen de mal ojo. Llora cuando los demás ríen y ríe cuando los demás lloran”.

 

Para extender aún más la descripción también cita a San Gregorio, quien expreso que “de la envidia aborta el odio, la murmuración, la detracción, la alegría en la adversidad del prójimo y la aflicción en la prosperidad”.

 

Dante Alighieri en el poema el purgatorio definió la envidia como “amor por los propios bienes, pervertido al deseo de privar a otros de los suyos”. El castigo para los envidiosos es el de cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer.

 

Bertrand Russell la definió como “el más desafortunado afecto de la naturaleza humana, porque aquel que envidia no sólo sucumbe a la infelicidad que le produce su envidia sino que además, alimenta el deseo de producir el mal a otros”.

 

Leonardo Da Vinci al reflexionar sobre la vil envidia planteo lo siguiente:   “En cuanto nace la virtud, nace contra ella la envidia y antes perderá el cuerpo su sombra que la virtud su envidia”.

 

Arthur Schopenhauer, afirmó que “la envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen  o dejan de hacer los demás, muestra cuanto se aburren”.

 

Ignacio Manuel Altamirano un maestro y escritor mexicano, planteó una definición muy inquietante de la pérfida envidia que dice así: “la envidia es proteiforme. Sus manifestaciones más comunes son la crítica amarga, la sátira, la diatriba, la injuria, la calumnia, la insinuación pérfida, la compasión fingida, pero su forma más peligrosa es la adulación servil”.

 

Los griegos le dieron el nombre de mal de ojo o el que no ve con buen ojo. Para ellos, uno de los principales empleos de la envidia era el de servir de guía a la calumnia.

 

En el campo psicológico hay quienes afirman que la envidia opera como un sentimiento de inferioridad, que hace que surja un complejo de superioridad. Llevando a quien la padece a comportarse con prepotencia y  a vivir en permanente autoengaño, creyendo ser alguien que no es, razón por la cual, cuando el envidioso(a) observa a alguien con las características reales de lo que cree ser, pero no es; su sentimiento de envidia se exacerba y siente la necesidad de apartarlo del camino de cualquier forma, para evitar la disonancia que esto le causa.

 

La RAE  la ha definido como tristeza o pesar del bien ajeno.

 

En Wikipedia se define como aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha, por no poseer uno mismo lo que tiene el otro; sea bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas.

 

Otra apropiada definición de éste tóxico afecto es la de madre del resentimiento; un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor, sino que al otro le vaya peor.

 

También dicen por ahí  que “la envidia es el homenaje que la mediocridad le hace al talento”.

 

En suma, la dificultad para alegrarse genuinamente por los triunfos y el bienestar de los demás, afecta seriamente la vida en comunidad, la interacción grupal, la integración, la comunión, la cooperación y todo aquello que favorece la sana construcción.

 

Bajo ninguna circunstancia es sano que un humano experimente agobio ante la grandeza de un hermano.

 

La envidia  trae a la vida desidia y ésta llena la existencia de negligencia y frustración, llevando al corazón a vivir en depresión.

 

Por todo esto, resulta tan valeroso el ser generoso en la congratulación y el regocijo sincero por el avance del compañero. Así como el esforzarse y darse la oportunidad de Crecer con humildad.