NATURALEZA HUMANA

EL DISFRAZ

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Hay quienes dicen que el termino disfraz proviene del prefijo “des”(deshacer) y “frezar”(huella dejada por un animal). Lo que significaría borrar la huella de un animal; camuflar, enmascarar, encubrir, ocultar.

 

Al parecer, disfrazarse es una necesidad incrustada en el proceder del reino animal.

 

En este reino un sinnúmero de especies son verdaderos maestros del camuflaje, de la mimetización:  los insectos hoja, la mariposa morpho azul, el camaleón, la oruga verde, la araña lobo, el pez sapo, el pez piedra y hasta leopardos, jaguares, ocelotes, okapis y muchos más. La razón: confundirse con el entorno incrementa sus posibilidades de sobrevivir.

 

Y dentro del basto reino animal se encuentra nuestra especie, la especie humana, inigualable a la hora de disfrazarse.

 

Para los miembros de nuestra especie es posible el disfrazarse cada vez que se quiera cumplir con fines maquiavélicos. Por ejemplo es posible disfrazarse para aparentar, ostentar, manipular, engañarse y engañar; para esto, se disfraza la  esencia, las intenciones y hasta las emociones.

 

En esta especie también nos podemos disfrazar por pura jocosidad, diversión y proyección, usando diferentes prendas, maquillajes y accesorios. Esta práctica se ha utilizado desde épocas inmemoriales, se dice que en la antigua cultura romana ya se disfrazaban para participar en largas fiestas, desinhibirse y del orden establecido olvidarse.

 

Y está también la perspectiva de los infantes; quienes buscan con inocencia y entusiasmo la manera de disfrazarse para transformarse en las infinitas posibilidades que habitan en su imaginación, en las influencias de sus entornos y en los trasfondos.

 

Es un gusto inevitable, las niñas y niños generalmente quieren disfrazarse y gozarse un momento de la vida, mediante la transformación y personificación de seres e imaginarios diversos.

 

El quid, es que a veces estos personajes les son completamente ajenos, descontextualizados, prejuiciosos, incomprensibles y bien insensibles.

 

Entonces, sentipensando en todo esto me pregunté: por qué no utilizar esta práctica cultural y natural, para ayudarles a nuestros infantes a transformarse en seres posibles, que puedan vivir y comprender en su cotidiana realidad, personajes que le otorguen un sentido más profundo y crítico a su mundo.

 

Personajes que construyan con sus propias manos y con la ayuda de las nuestras, personajes que contribuyan a despertar cada vez más la consciencia de sí mismos, de su entorno familiar, cultural, natural, social.

 

En suma, personajes más reales, menos artificiales, personajes que no se dejen comprar en el almacén más cercano, personajes que exigen del esfuerzo, la concienciación, la cooperación para ser creados, construidos, transformados.

 

Además se podría pensar en que el disfraz  pueda ser usado cada vez que el infante lo desee, cada vez que quiera recordar en lo que se puede transformar, cada vez que necesite recordar que siempre puede mejorar.  No necesariamente el disfraz  que solo es usado el día en que la sociedad de consumo le ha ordenado.

 

Puede ser este un buen ejercicio; no para camuflar y ocultar, sino para concienciar y transformar. Un ejercicio pedagógico y didáctico para ayudarles a los infantes a crearse a sí mismos, a desarrollar su creatividad, a desarrollar una y otra nueva habilidad.

 

Al tratar de hacer práctico este ejercicio en nuestra comunidad, surgió la idea de libertad y responsabilidad. Un principio y un valor que se deben el uno al otro, dado que cuanta más libertad queremos tener, más responsables hemos de ser.

 

O como lo afirmaron los magos gestores de la idea: ”Cuanta más libertad quieras, más responsabilidad adquieras”.

 

En la foto aparecen dos pequeños grandes magos, (realmente son una maga de la libertad y un mago de la responsabilidad) que empezaron a gestarse, a crearse, a construirse, a transformarse, a crecer, hace 7 años (Orianna) y 5 años(Dante) en mi vientre, en mi ser. Dos seres que han llenado mi existencia de infinita magia con su esencia.

 

CONFUSIÓN AFECTIVA

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 CONFUSIÓN AFECTIVA

La vinculación afectiva suele causar cierta confusión; a veces por falta de reflexión y concientización, a veces por dogmatización, a veces por seguir la imposición, a veces por la errada interacción, a veces por ausencia de genuina conexión. Por ejemplo, confundimos:

 

Amarnos con atarnos.

 

Comprometernos con someternos.

 

Querernos con poseernos.

 

Interesarnos con controlarnos.

 

Conocernos con entrometernos.

 

Valorarnos con apoderarnos.

 

Cuidarnos con celarnos.

 

Apreciarnos con obstinarnos.

 

Consentirnos con oprimirnos.

 

Comunicarnos con juzgarnos.

 

Confiarnos con acapararnos.

 

Compartirnos con apegarnos.

 

Sincerarnos con ofendernos.

 

Comprendernos con imponernos.

 

Apoyarnos con acosarnos.

 

Complementarnos con igualarnos.

 

Darnos con adueñarnos.

 

Retroalimentarnos con manipularnos.

 

Aceptarnos con soportarnos.

 

Liberarnos con separarnos.

 

¿Será que podemos renunciar a establecer una y otra vez relaciones de poder?

 

¿Será que podemos aprovechar el potencial de evolucionar para lograrnos vincular sin generar tanto malestar?

 

¿Será que si nos esforzamos en comprender  la ambivalencia de nuestra naturaleza, puede crecer la benevolencia?

 

¿Será que si aprendemos a comprender nuestra humana naturaleza, podemos eliminar la maleza apenas empieza?

 

Es posible que necesitemos replantearnos ciertas formas de vincularnos. Es posible que necesitemos aclarar y transformar ciertas formas de interactuar. ¡¡Si nos confundimos sufrimos!!

CONFIANZA

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 CONFIANZA

Ese dar y recibir que no se puede exigir y siempre  se requiere construir.

 

Ese deseable  estado sobre el cual está sustentado el vínculo sólido y sano.

 

Ese  frágil y necesario sentimiento que le da alimento a la relación para que conserve la devoción.

 

Esa sensación que reduce por su acción, el margen de incertidumbre que acompaña la urdimbre afectiva en su día a día.

 

Esa oportunidad de simplificar las relaciones con las benévolas acciones.

 

Esa posibilidad de interpretar y valorar con libertad, el actuar y el decidir de quien nos acompaña en nuestro diario vivir.

 

Esa certeza aunque incierta, en que  las relaciones y las circunstancias van a generar bienestar aún en medio de la adversidad.

 

Esa alianza con la esperanza que nos permite creer, en el otro y el propio ser.

 

La confianza tiene como definición general: seguridad o esperanza firme que se tiene sobre alguien o algo. De esta proposición surge la deducción: sin confianza se extingue la esperanza y sin esperanza nos invade la desmotivación a ultranza.

 

Entonces la confianza podría ser, un afecto que ha de acompañar al ser para que éste pueda crecer sin tanto temer.

 

Bien lo mencionó en su momento el escritor Graham Greene: “Es imposible ir por la vida sin confiar en nadie, es como estar preso en la peor de las celdas: uno mismo”.

 

Ahora bien, si por alguna razón creemos y sentimos que alguien de nuestra confianza llegó a abusar; será sano perdonar y necesariamente evaluar, si conviene dar una nueva oportunidad o si es mejor el vínculo cerrar y volver a empezar.

 

El poeta Juvenal también se atrevió a opinar sobre este afecto excepcional: ”Confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es neurótica torpeza”.

 

Asimismo, el poeta Arturo Graf, sobre el tema tuvo algo que aportar: ”El que se fía de cualquiera demuestra poca discreción y sensatez; el que de nadie se fía muestra tener todavía menos”.

 

De otro lado, si somos nosotros mismos quienes “sin querer queriendo” de alguna forma hemos quebrantado la confianza que se nos ha depositado; tendremos que intentar reparar con buena voluntad y evitar conscientemente que reiteradamente se vuelva a fallar.

 

Antes de terminar, bien se puede enfatizar, en la relevancia que tiene la confianza que se alcanza, al desarrollar habilidad para interactuar con la intimidad de nuestro propio ser sin nada que temer.

 

Dado que la confianza en sí mismo, -entre otros beneficios- evita el sentimiento de afectos perversos. Sobre el particular cabe mencionar, lo que sugirió en su tiempo el orador Cicerón:”Nadie que confía en sí, envidia la virtud del otro”.

 

Y ya para concluir una frase sin fin: “La confianza como el arte, nunca proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas las preguntas”(Wallace Stevens).

 

APARIENCIAS

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APARIENCIAS

 

“Caras vemos corazones no sabemos”, “no todo lo que brilla es oro”, “no todo es lo que parece”, “que se vea no significa que sea”; al parecer, pretender parecer olvidándose de evolucionar  el ser, suele ser un verdadero obstáculo para Crecer.

 

Para empezar sería práctico aceptar que en cierta medida “vivimos de apariencias”. Las apariencias acompañan nuestra existencia, lo inquietante es que son aliadas del engaño cuando no se corresponden con nuestra esencia.

 

¿Y entonces, cómo descifrar la apariencia y la esencia?

 

Podría ser, formando conciencia de nuestra esencia; de lo que somos cuando estamos solos, de cómo interactuamos con quienes amamos y con lo que amamos, de cómo nos sentimos por el simple hecho de estar vivos, de lo que creemos que necesitamos para aceptarnos y ser aceptados, de lo que hacemos para evolucionar como auténticos humanos.

 

Podría ser, formando conciencia de lo que permite interactuar con la esencia; de no fiarse tanto en lo que se dice y fijarse más en lo que se hace, de valorar al otro por lo que con buena voluntad construye  y no por esperar lo que nos pueda llegar a dar, de no dejarnos comprar con lisonjas y promesas que no se basan en actos de coherencia, de no dejarnos ilusionar con propuestas que plantean recibir sin aportar, de dejar de lado lo que un ego inflado haya pronunciado.

 

Podría ser, formando conciencia sobre la indulgencia establecida con respecto a la apariencia; dado que existen momentos, periodos, circunstancias, donde solo queremos ver la apariencia porque nos duele enfrentar la esencia.

 

Podría ser, formando conciencia sobre la naturaleza de la falsa apariencia; esa que busca ostentar para agradar, bien sea a nivel existencial, material, intelectual, espiritual y todo lo demás.

 

Para terminar cabe mencionar algunas sapiencias sobre las apariencias: “pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos”(Nicolas Maquivelo). “Hay mucha gente en el mundo, pero todavía hay más rostros, pues cada uno tiene varios”(Rainer María Rilke). “Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para lo demás, que al final nos disfrazamos para nosotros mismos”. “El mundo recompensa antes las apariencias de mérito que al mérito mismo”(Francois de La Rochefoucauld).”Aparentar es la llave más próxima a la falsedad y por ende a la soledad”(anónimo).

 

En fin, como la apariencia no siempre se corresponde con la esencia; ante la apariencia es mejor mantener la prudencia, no juzgar con ligereza e intentar interactuar con plena conciencia.

LA ENVIDIA

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LA ENVIDIA

 

De ella se dice que es mejor despertarla que sentirla. Pero si se trata de construir sería mejor decir, que es mejor evitar despertarla aprendiendo a evitar sentirla.

 

¿Y cómo evitar sentirla?

 

Quizás el antídoto ha existido desde que tiene sentido la reflexión sobre lo humano y lo divino. Y aunque lo reflexionado no siempre es practicado, siempre es bueno tener en cuenta una de las tantas reflexiones que siempre se han mencionado:

 

Goethe dijo que, “el hombre más feliz del mundo es aquel que sabe reconocer los méritos de los demás y se alegra del bien ajeno como si fuera propio”.

 

Sí que tuvo  razón y corazón la afirmación de Goethe; pues propio de lo auténticamente humano es, el saber reconocer la grandeza de otro ser.

 

¿Qué más podría ser efectivo para combatir el agobio causado por el triunfo ajeno? ¿Qué más podría ayudar a superar la dificultad para regocijarse genuinamente con los logros de otros?

 

La envidia al igual que cualquier otro afecto es susceptible de ser Gobernado, es decir, se puede ser consciente de este sentir y con creencias y prácticas constructivas llegarlo a suprimir.

 

Sin embargo, no podemos olvidar que ejercitar el gobierno de este dañino afecto desde muy temprana edad, es la mejor forma de evitar los estragos que esta infame puede llegar a causar.

 

Vale la pena ahora leer, algunas definiciones de lo que realmente la envidia es, y del daño que puede hacer el ser presa de un afecto tan inhumano; que aunque hace parte de la naturaleza humana, si se cuenta con Voluntad para Crecer como un auténtico Ser Humano, fácilmente se puede dejar a un lado y nunca darle la mano.

 

El investigador del mundo afectivo José Antonio Marina hace referencia a la envidia así: “la percepción del bien de una persona provoca un sentimiento negativo, de malestar, rabia o tristeza. Con frecuencia se considera a la otra persona culpable de ese malestar, humillación o desdicha”.

 

Menciona también el término francés “Ombrage”  que designa ese temor a ser eclipsado, arrojado a la sombra por alguien, privado de la posibilidad de ser querido, salvado por la mirada o el amor ajenos.

 

A lo anterior agrega lo siguiente: “sospecho que en el fondo del fondo de la envidia está el deseo de ser preferido, de sobresalir. El envidioso siente que la existencia del envidiado le hace de menos”.

 

Y citando a Covarrubias complementa que “es un dolor, concebido en el pecho, del bien y prosperidad ajena; porque el envidioso enclava unos ojos tristazos y encapotados en la persona de quien tiene envidia y le mira como dicen de mal ojo. Llora cuando los demás ríen y ríe cuando los demás lloran”.

 

Para extender aún más la descripción también cita a San Gregorio, quien expreso que “de la envidia aborta el odio, la murmuración, la detracción, la alegría en la adversidad del prójimo y la aflicción en la prosperidad”.

 

Dante Alighieri en el poema el purgatorio definió la envidia como “amor por los propios bienes, pervertido al deseo de privar a otros de los suyos”. El castigo para los envidiosos es el de cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer.

 

Bertrand Russell la definió como “el más desafortunado afecto de la naturaleza humana, porque aquel que envidia no sólo sucumbe a la infelicidad que le produce su envidia sino que además, alimenta el deseo de producir el mal a otros”.

 

Leonardo Da Vinci al reflexionar sobre la vil envidia planteo lo siguiente:   “En cuanto nace la virtud, nace contra ella la envidia y antes perderá el cuerpo su sombra que la virtud su envidia”.

 

Arthur Schopenhauer, afirmó que “la envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen  o dejan de hacer los demás, muestra cuanto se aburren”.

 

Ignacio Manuel Altamirano un maestro y escritor mexicano, planteó una definición muy inquietante de la pérfida envidia que dice así: “la envidia es proteiforme. Sus manifestaciones más comunes son la crítica amarga, la sátira, la diatriba, la injuria, la calumnia, la insinuación pérfida, la compasión fingida, pero su forma más peligrosa es la adulación servil”.

 

Los griegos le dieron el nombre de mal de ojo o el que no ve con buen ojo. Para ellos, uno de los principales empleos de la envidia era el de servir de guía a la calumnia.

 

En el campo psicológico hay quienes afirman que la envidia opera como un sentimiento de inferioridad, que hace que surja un complejo de superioridad. Llevando a quien la padece a comportarse con prepotencia y  a vivir en permanente autoengaño, creyendo ser alguien que no es, razón por la cual, cuando el envidioso(a) observa a alguien con las características reales de lo que cree ser, pero no es; su sentimiento de envidia se exacerba y siente la necesidad de apartarlo del camino de cualquier forma, para evitar la disonancia que esto le causa.

 

La RAE  la ha definido como tristeza o pesar del bien ajeno.

 

En Wikipedia se define como aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha, por no poseer uno mismo lo que tiene el otro; sea bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas.

 

Otra apropiada definición de éste tóxico afecto es la de madre del resentimiento; un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor, sino que al otro le vaya peor.

 

También dicen por ahí  que “la envidia es el homenaje que la mediocridad le hace al talento”.

 

En suma, la dificultad para alegrarse genuinamente por los triunfos y el bienestar de los demás, afecta seriamente la vida en comunidad, la interacción grupal, la integración, la comunión, la cooperación y todo aquello que favorece la sana construcción.

 

Bajo ninguna circunstancia es sano que un humano experimente agobio ante la grandeza de un hermano.

 

La envidia  trae a la vida desidia y ésta llena la existencia de negligencia y frustración, llevando al corazón a vivir en depresión.

 

Por todo esto, resulta tan valeroso el ser generoso en la congratulación y el regocijo sincero por el avance del compañero. Así como el esforzarse y darse la oportunidad de Crecer con humildad.

QUÉ PASARÍA SI…

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 QUÉ PASARÍA SI

 

En vez de odiar aprehendiéramos diariamente a amar.

 

En vez de encadenarnos aprehendiéramos a ganar libertad asumiendo con responsabilidad.

 

En vez de atacar aprehendiéramos a gobernar la ira antes de actuar.

 

En vez de ignorarnos aprehendiéramos a mirarnos, admirarnos y apreciarnos.

 

En vez de culparnos aprehendiéramos a perdonarnos.

 

En vez de excedernos aprehendiéramos a moderarnos.

 

En vez de estresarnos aprehendiéramos a equilibrarnos.

 

En vez de arruinar aprehendiéramos a cuidar.

 

En vez de malevolencia y violencia ampliáramos nuestra conciencia.

 

En vez de menospreciar aprehendiéramos a valorar.

 

En vez de claudicar nos dedicáramos a intentar.

 

En vez de prejuicios nos conociéramos con juicio.

 

En vez de ofendernos nos esforzáramos en comprendernos.

 

En vez de maldecir nos motiváramos a insistir en el sano sentir.

 

En vez de envidiar nos permitiéramos aportar.

 

En vez de criticar nos  dispusiéramos para ayudar.

 

En vez de malgastar nos enfocáramos en crear.

 

En vez de evadir nos expusiéramos a enfrentar y asumir.

 

En vez de competir disfrutáramos de cooperar en el diario vivir.

 

En vez de hacer trampa concediéramos a nuestra esencia la transparencia.

 

En vez de maltratar practicáramos empatía y asertividad.

 

En vez de intransigencia tuviéramos decencia ante la diferencia.

 

En vez de lamentar pudiéramos agradecer que del error se pueda aprender.

 

En vez de excusarnos nos propusiéramos  transformarnos.

 

En vez de postergar ¡¡¡empezáramos YA!!!

 

¿Qué pasaría? Sin duda nuestra vida y sociedad se transformarían, necesariamente evolucionarían; inevitablemente creceríamos como seres humanos. O ¿Tú qué crees?

 

 

CRECER: LA ESENCIA DE SER

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 CRECER  LA ESENCIA DE SER 1

Crecer es la tendencia natural de los seres vivos. Y dentro de la inmensidad de especies que hacen parte de la categoría, seres vivos; la especie humana llega al encuentro con la vida dotada de ventajas muy especiales. Ventajas que si no se hacen conscientes, quedan derretidas en las superficialidades, reduciendo dramáticamente   las posibilidades.

 

El Crecimiento en los seres vivos se puede ver físicamente muy fácilmente. Y en condiciones normales, ocurre casi que, automáticamente.

 

No ocurre lo mismo con el Crecer del Ser. Y al parecer, solo la especie humana cuenta con el potencial concreto para hacer Crecer su Ser.

 

¿Cuál ser? Su Ser Humano. La principal y más valiosa posibilidad de nuestra especie, una de las más grandiosas manifestaciones de la vida, una de las más sabias formas de coexistir con las demás formas de vida, una de las más nobles formas de experimentar respeto por la ajena y la propia vida.

 

Crecer  Afectivamente, es la esencia de Ser Humano. Tan solo este Ser, tiene la magnífica posibilidad de elegir lo que quiere ser y de esforzarse para llegar a serlo. De elegir lo que quiere creer y de hacer para llegar a crearlo. De elegir lo que quiere sentir y de gobernarse para equilibrarse. De elegir despertar su conciencia, para que ésta pueda Crecer, a través de constructivas creencias y enriquecedoras experiencias.

 

Tan solo este Ser puede ser: consciente de sí mismo, actuar más allá de su instinto, comprehender el significado de su  vida, preguntarse por el sentido de la vida, formar su afectividad,   transformar su realidad para mejorar  y mucho, mucho, mucho más.

 

Aunque es posible aprender de los magníficos comportamientos que claramente se aprecian, en los animales conocidos como no racionales.

 

Y aunque es posible observar comportamientos extremadamente irracionales, en los animales conocidos como racionales.

 

Es posible inferir que solo los animales que hacen parte de la especie humana, pueden llegar a Humanizarse; pueden llegar a concientizarse, comprenderse, valorarse, gobernarse, formarse, transformarse, evolucionarse.

 

El animal llamado humano, cuenta con pleno potencial para sobrepasar la programación biológica según la cual; los seres vivos nacen, crecen físicamente, se reproducen y mueren.

 

El animal llamado humano,  además de nacer, puede llegar a renacer,  hacer Crecer su Ser, florecer con el crecimiento de su Ser, conocer, comprehender, crear obras que le permitan trascender; en suma, puede llegar a Ser Humano.

 

No cuentan con el mismo acontecer; el simpático ser marrano, ni el sacrificado ser zángano, ni el paciente ser gusano. Son posibilidades exclusivas del Ser Humano y es inhumano que estas posibilidades se vayan en vano.

 

La principal misión que tenemos como parte de la especie humana es hacer Crecer nuestro Ser Humano. Y esto es algo que ningún otro ser, lo puede llegar a hacer, ni ser.

 

No cumplir con esta misión, implica sucumbir en la mediocridad;  pues no seremos buenos animales y menos, seremos lo que nuestro potencial nos permite llegar a Ser:  Seres Humanos.

 

Es conveniente recordar permanentemente a qué vinimos; olvidarlo significa vivir en la inopia, en lo anodino, en el caos indeleble, en la deformidad, en la maldad,  en la ausencia de bienestar. Entonces no lo olvidemos. ¿A qué vinimos? ¡¡A Crecer!!