CRIANZA HUMANIZADORA

MIRARSE AL ESPEJO

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Me alegra poder compartirte el Autorretrato que elaboré, observándome a través de los hijos que la vida me comparte. ¡¡Sigue adelante y cuéntame qué opinas!!

 

Soy una mujer satisfecha con la vida que he llevado hasta ahora. Hace 35 años empecé a vivir esta fascinante experiencia llamada vida. Dicha experiencia me ha resultado sumamente agradable, gratificante, emocionante y claro, muy desafiante.

 

Uno de los principales desafíos que he vivido ha sido el de hacerme madre de Orianna(8años) y Dante(6 años).

 

Son dos seres mágicos y encantadores, que le aportan permanentemente a mi existencia grandes dosis de motivación para Crecer como Ser Humano.

 

Me maravillo y experimento gran asombro cada día al darme cuenta de lo mucho que estos dos seres se parecen a mi, de cómo son una extensión de mi propia vida tanto a nivel físico como mental.

 

Físicamente, Dante es quien más se parece a mi, nos gusta mirarnos e identificarnos mutuamente rasgos similares o iguales.

 

Los dos tenemos los ojos cafés, grandes, expresivos y de mirada profunda. Nuestra boca es pequeña de labios rojos bien definidos.

 

 

El contorno de nuestra cara es simétrico de piel trigueña. Los dedos de nuestras manos son de mediana longitud y grosor. Nuestros pies son pequeños y  tienen forma redondeada. La contextura de nuestro cuerpo es media, ni tan delgados, ni tan robustos.

 

Imagino con emoción e ilusión cómo nos veremos y compararemos nuestros parecidos, cuando él sea adulto y yo adulta mayor.

 

Con Orianna también compartimos algunos rasgos físicos. El cabello largo y semiondulado, las cejas delgadas, orejas pequeñas, blandas y redondas.

 

No obstante, creo que en la dimensión mental es donde más coincidimos, esa es la dimensión donde Orianna hija y Luz Adriana madre se encuentran genuinamente.

 

Somos sensibles, sociables, rebeldes, perceptivas, intuitivas, desobedientes, comprensivas y en el buen sentido, hasta subversivas.

 

Un sentir imperante y un pensar frecuente en el significado de la libertad y en cómo vivirla, ha acompañado a Orianna desde que empezó su proceso de hacerse consciente de sí misma. Este mismo Sentipensar me ha acompañado desde que empecé a interesarme por la vida y el sentir humano.

 

Naturalmente, con Dante también coincidimos en varias características de temperamento y carácter.

 

A Dante y a mi nos gusta jugar y soñar, conversar y expresar nuestros sentires antes que nos desborden . Somos confiados e introspectivos, flexibles cuando existe conversación y argumentación.

 

En suma, el vínculo con Orianna y Dante me ha permitido profundizar en la comprensión de mi propio ser. Incontables veces me he visto retratada en los hijos que la vida me encomendó Humanizar  y ayudar a Crecer.

 

 

Creo que cuando decidimos hacernos madres y padres, habilitamos en nosotros la bonita posibilidad y la gran oportunidad de transformarnos, mejorarnos, evolucionarnos, Humanizarnos.

 

Creo que a través de los hijos que la vida nos comparte podemos observarnos, reflexionarnos, conocernos, comprendernos más y mejor. Les damos de lo que tenemos dentro, razón que los convierte en reflejo y retrato de una parte importante de lo que somos. Somos su neurona espejo y ellos la nuestra.

 

 

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NATURALEZA

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Quizás, si formamos  desde la más tierna infancia  el arte de interactuar con gracia, gratitud, cuidado, respeto, empatía,  pericia, inteligencia, conciencia. Nuestra excelsa madre naturaleza podrá recuperar su fuerza y conservar la inmensidad que aún expresa, a pesar del maltrato que le hemos causado nosotros,  los llamados “humanos”; los únicos miembros del reino animal capaces de causar mal a la energía divina dadora de vida.

 

Quizás, si nosotros, los miembros de la especie humana logramos poco a poco formar y formarnos para humanizarnos  y así, respetarnos, cuidarnos, valorarnos y valorar el maravilloso hábitat natural que tenemos para cada día caminar y cada noche pernoctar; evitaremos ser expulsados del paraíso que nuestra bondadosa madre nos ha proporcionado y que por ser la nuestra una especie de  instintos avaros, destructivos, atrevidos y mundanos, no hemos valorado.

 

Quizás, si nos ocupamos de criar humanos que usen sus manos para crear, cuidar, sembrar, cultivar, preservar, conservar, sentir, consentir, ayudar, aportar, apoyar, cooperar; contribuiremos con la evolución de la presente y la próxima generación. Podremos dejar como habitantes de este hermoso  planeta a seres conscientes, decentes, consecuentes, y no, especímenes hirientes, indolentes, demoledores, devastadores, depredadores.

 

Quizás, si nuestra inhumanizada naturaleza humana  re-encuentra su cauce natural de evolución permanente, podamos volver a experimentar esas milenarias, profundas y sagradas conexiones con la tan nombrada y poco respetada, mama pacha. Esa deidad próxima, inmediata, cotidiana, sensible y dialogante que tanto nos da y tan mal retribuimos, tan grave y descaradamente destruimos.

 

En la foto aparecen los seres que la vida me compartió y  me encomendó humanizar. Intento vivir cada día haciendo un ingente esfuerzo por cumplir con esta misión, pues me gustaría poder morir con la satisfacción de haber actuado con el corazón liberado del instinto de destrucción. Anhelo poder formar en mis descendientes la habilidad, el arte de interactuar respetuosa y cuidadosamente, con esa fuerza superior que tanto le aporta a nuestro equilibrio interior.