LA ENVIDIA

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LA ENVIDIA

 

De ella se dice que es mejor despertarla que sentirla. Pero si se trata de construir sería mejor decir, que es mejor evitar despertarla aprendiendo a evitar sentirla.

 

¿Y cómo evitar sentirla?

 

Quizás el antídoto ha existido desde que tiene sentido la reflexión sobre lo humano y lo divino. Y aunque lo reflexionado no siempre es practicado, siempre es bueno tener en cuenta una de las tantas reflexiones que siempre se han mencionado:

 

Goethe dijo que, “el hombre más feliz del mundo es aquel que sabe reconocer los méritos de los demás y se alegra del bien ajeno como si fuera propio”.

 

Sí que tuvo  razón y corazón la afirmación de Goethe; pues propio de lo auténticamente humano es, el saber reconocer la grandeza de otro ser.

 

¿Qué más podría ser efectivo para combatir el agobio causado por el triunfo ajeno? ¿Qué más podría ayudar a superar la dificultad para regocijarse genuinamente con los logros de otros?

 

La envidia al igual que cualquier otro afecto es susceptible de ser Gobernado, es decir, se puede ser consciente de este sentir y con creencias y prácticas constructivas llegarlo a suprimir.

 

Sin embargo, no podemos olvidar que ejercitar el gobierno de este dañino afecto desde muy temprana edad, es la mejor forma de evitar los estragos que esta infame puede llegar a causar.

 

Vale la pena ahora leer, algunas definiciones de lo que realmente la envidia es, y del daño que puede hacer el ser presa de un afecto tan inhumano; que aunque hace parte de la naturaleza humana, si se cuenta con Voluntad para Crecer como un auténtico Ser Humano, fácilmente se puede dejar a un lado y nunca darle la mano.

 

El investigador del mundo afectivo José Antonio Marina hace referencia a la envidia así: “la percepción del bien de una persona provoca un sentimiento negativo, de malestar, rabia o tristeza. Con frecuencia se considera a la otra persona culpable de ese malestar, humillación o desdicha”.

 

Menciona también el término francés “Ombrage”  que designa ese temor a ser eclipsado, arrojado a la sombra por alguien, privado de la posibilidad de ser querido, salvado por la mirada o el amor ajenos.

 

A lo anterior agrega lo siguiente: “sospecho que en el fondo del fondo de la envidia está el deseo de ser preferido, de sobresalir. El envidioso siente que la existencia del envidiado le hace de menos”.

 

Y citando a Covarrubias complementa que “es un dolor, concebido en el pecho, del bien y prosperidad ajena; porque el envidioso enclava unos ojos tristazos y encapotados en la persona de quien tiene envidia y le mira como dicen de mal ojo. Llora cuando los demás ríen y ríe cuando los demás lloran”.

 

Para extender aún más la descripción también cita a San Gregorio, quien expreso que “de la envidia aborta el odio, la murmuración, la detracción, la alegría en la adversidad del prójimo y la aflicción en la prosperidad”.

 

Dante Alighieri en el poema el purgatorio definió la envidia como “amor por los propios bienes, pervertido al deseo de privar a otros de los suyos”. El castigo para los envidiosos es el de cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer.

 

Bertrand Russell la definió como “el más desafortunado afecto de la naturaleza humana, porque aquel que envidia no sólo sucumbe a la infelicidad que le produce su envidia sino que además, alimenta el deseo de producir el mal a otros”.

 

Leonardo Da Vinci al reflexionar sobre la vil envidia planteo lo siguiente:   “En cuanto nace la virtud, nace contra ella la envidia y antes perderá el cuerpo su sombra que la virtud su envidia”.

 

Arthur Schopenhauer, afirmó que “la envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen  o dejan de hacer los demás, muestra cuanto se aburren”.

 

Ignacio Manuel Altamirano un maestro y escritor mexicano, planteó una definición muy inquietante de la pérfida envidia que dice así: “la envidia es proteiforme. Sus manifestaciones más comunes son la crítica amarga, la sátira, la diatriba, la injuria, la calumnia, la insinuación pérfida, la compasión fingida, pero su forma más peligrosa es la adulación servil”.

 

Los griegos le dieron el nombre de mal de ojo o el que no ve con buen ojo. Para ellos, uno de los principales empleos de la envidia era el de servir de guía a la calumnia.

 

En el campo psicológico hay quienes afirman que la envidia opera como un sentimiento de inferioridad, que hace que surja un complejo de superioridad. Llevando a quien la padece a comportarse con prepotencia y  a vivir en permanente autoengaño, creyendo ser alguien que no es, razón por la cual, cuando el envidioso(a) observa a alguien con las características reales de lo que cree ser, pero no es; su sentimiento de envidia se exacerba y siente la necesidad de apartarlo del camino de cualquier forma, para evitar la disonancia que esto le causa.

 

La RAE  la ha definido como tristeza o pesar del bien ajeno.

 

En Wikipedia se define como aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha, por no poseer uno mismo lo que tiene el otro; sea bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas.

 

Otra apropiada definición de éste tóxico afecto es la de madre del resentimiento; un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor, sino que al otro le vaya peor.

 

También dicen por ahí  que “la envidia es el homenaje que la mediocridad le hace al talento”.

 

En suma, la dificultad para alegrarse genuinamente por los triunfos y el bienestar de los demás, afecta seriamente la vida en comunidad, la interacción grupal, la integración, la comunión, la cooperación y todo aquello que favorece la sana construcción.

 

Bajo ninguna circunstancia es sano que un humano experimente agobio ante la grandeza de un hermano.

 

La envidia  trae a la vida desidia y ésta llena la existencia de negligencia y frustración, llevando al corazón a vivir en depresión.

 

Por todo esto, resulta tan valeroso el ser generoso en la congratulación y el regocijo sincero por el avance del compañero. Así como el esforzarse y darse la oportunidad de Crecer con humildad.

2 comentarios sobre “LA ENVIDIA

    OLGA LUCÍA GARZÓN escribió:
    1 marzo, 2015 en 5:35 PM

    EXCELENTE REFLEXIÓN

      Luz Adriana Tirado Velandia respondido:
      3 marzo, 2015 en 2:13 PM

      Me alegra saber que esto es de tu agrado y utilidad, Olga Lucia. Gracias por hacer parte de este espacio. Saludos fraternos.

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