DAR  Y RECIBIR  

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DAR Y RECIBIR

 

“Más agradable es dar que recibir” pensaba el representante del estoicismo, Seneca. “Dad vuestras manos para servir y vuestros corazones para amar” predicaba la llamada madre, Teresa de Calcuta. “Da de lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta” afirmaba el pensador del cristianismo, Agustín de Hipona. “Todo lo que tienes algún día será dado; por lo tanto da ahora, ya que el tiempo de dar puede ser tuyo y no de tus herederos” decía el poeta Khalil Gibran.

 

Aunque al versar, el Dar puede resultar más memorable que el Recibir; en la práctica, es tan importante el aprehender a Dar como el saber Recibir.

 

En cualquier tipo de relación el Dar y Recibir siempre están presentes; pero no siempre el ser está consciente, de lo que Da y Recibe, sobre todo en lo relacionado con el intercambio afectivo.

 

Solemos hablar de la importancia del Dar, pero ¿Dar qué? Solemos hablar del Dar para Recibir, pero ¿Recibir qué?

 

Aprehender a Dar es un arte y como todo arte requiere de atención y cuidado. Cuidar de no Dar algo dañado, cuidar de no Dar algo mal intencionado, cuidar de no Dar un afecto envenenado, cuidar de no Dar malestar.

 

Aprehender a Dar implica prestar atención activa y consciente a lo que se Da. El Dar ha de estar dirigido a brindar alegría, amor, crecimiento, regocijo, fraternidad y todo lo demás que procure bienestar.

 

Un pensamiento valioso aportó el religioso Clemente XIV como en el siglo XVIII: “dar con ostentación es mucho peor que no Dar”.

También la sabiduría ancestral tiene esto para aportar: “robar es tomar algo, sin dar algo bueno de sí mismo”. En este orden de ideas, recibir algo que proporcione bienestar y no reciprocar; bien podría considerarse una forma de hurtar.

 

Ahora bien, si se aprehende a Dar no se puede ignorar; que del saber Recibir también se nutre el vivir.

 

Si bien es cierto que Dar sin ninguna pretensión es muy liberador, no se puede negar que al Dar, es inevitable el esperar Recibir. No  se puede olvidar que en la reciprocidad se aprehende a cooperar.

 

En la ausencia de reciprocidad y cooperación, surge el asistencialismo y el asistencialismo genera parasitismo.

 

Pero bueno, de hecho siempre recibimos; aunque no sea directamente de los seres o de las situaciones, que se han beneficiado o perjudicado con nuestro Dar. Por esto resulta tan crucial cuidar el Dar.

 

Al fin y al cabo,  bien lo asevera esta sentencia: “quien Da, Recibe más que el que Recibe”. Para bien o para mal.

 

En algún momento, la justa vida nos Dará, exactamente de lo mismo que hemos dado.

 

En cuanto al Recibir se puede decir que, Saber Recibir en relación con lo afectivo; exige aprender  a discernir y elegir, qué sanos y constructivos afectos recibir en nuestras interacciones y qué  tóxicos afectos impedir y dejar ir.

 

No estamos obligados a recibir por ejemplo; una ofensa, la rabia, el resentimiento, la envidia, ni el mal humor de los demás.

 

“Para  dar y tener, seso es menester” lo afirmó en algún momento el príncipe de los ingenios, Don Miguel de Cervantes. Ciertamente, seso y corazón es menester.

 

He aquí el quid del asunto; la cuestión crucial es ser conscientes de lo que somos capaces de Dar y de lo que estamos dispuestos a Recibir.

 

En la práctica siempre estamos dando y recibiendo algo, para hacer el bien y el no bien. Una amable mirada, una sonrisa, un gracias, un perdón; o por el contrario, una mala mirada, una agresión, la ingratitud, el resentimiento.

 

Por lo demás, siempre resultará prudente para evitar caer en la molesta ostentación o en la irrespetuosa ingratitud, practicar lo que esta máxima sugiere:  ”quien da no debe acordarse, pero quien recibe no debe olvidarse”. Claro está, siempre y cuando lo que se Da y se Recibe, no sea causante de malestar.

 

Lo grandioso de todo esto, es que siempre tendremos la posibilidad de elegir, qué Dar y qué Recibir.

 

Por último cabe decir, que Aprehender a Dar y Recibir; es una Habilidad que permite construir una armoniosa realidad basada en la reciprocidad.

 

 

 

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