VIVIR LA MUERTE

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VIVIR LA MUERTE

Vivir la muerte; verla de frente, verla sin miedo, aunque nos cueste.

 

Vivir la muerte; porque en la vida siempre está presente. Todo depende de la creencia con que miremos, la contundente fuente de miedo tan recurrente.

 

Vivir la muerte; con creencias que le permitan a nuestro ser fortalecer, no decaer. A nuestro sentir poder fluir y ante el inevitable dolor, no sucumbir.

 

Vivir la muerte; esto es coherente, teniendo en cuenta que la forma en que sentimos la vida y cómo nos sentimos con nuestra vida, depende de lo que creemos sobre la vida y sobre nuestra vida. Es posible que ocurra exactamente lo mismo con esa otra dimensión de la vida; la muerte.

 

Vivir la muerte; asimilarla y aceptarla, como  una parte más de la vida. Vida y muerte como conjunción, porque la unión genera fuerza, la división causa confusión, desazón, sinsabor y no permite procesar el dolor.

 

Vivir la muerte; siempre consciente de la ajena y la propia muerte, le da a la vida cierto sabor más consistente. Más se valora, menos se pierde tiempo precioso que ya no vuelve. Más se practica el aprender a amar, el evitar pelear y el mantener un sentir dispuesto a servir.

 

Vivir la muerte; cuando nos toca verla de frente, por la partida de un ser querido. Como tributo por lo vivido y en homenaje a quien se ha ido; sano es fijarse el objetivo, de ser feliz y valorar siempre el estar vivo.

 

Vivir la muerte; aceptando la paradoja y contradicción, que genera la interpretación de la acción de muerte, como continuación de la vida. Como energía que se transforma y continúa entre nosotros y con nosotros, pero requiere ser percibida de una manera diferente; más compleja y exigente.

 

Vivir la muerte; teniendo vigente en nuestra mente, que el ser que se fue sigue presente. Que su energía puede ser percibida a través de nuestra fuerza afectiva, de nuestra conciencia activa, de nuestra esencia y voluntad de trascendencia.

 

Vivir la muerte; permitir que nuestro sentir pueda fluir, concibiendo la forma en que viven la muerte, aquellas culturas diferentes, que son capaces de enfrentarla y celebrarla para procesarla. Y así, permitirse transformar el sentir inicial de angustia, nostalgia, dolor y melancolía; en fortaleza, amor por la vida y valentía.

 

Vivir la muerte; sin olvidarse de la importancia del compartir antes de morir. Compartir la vida, las experiencias,  los saberes que evolucionan las existencias. Compartir sanas creencias, sanos afectos, sanas vivencias. Compartir para vivir con alegría el convivir.

 

Aunque se sabe, que no se sabe, con total certeza cómo estar preparados para la muerte; creencias sanas, afectos limpios y prácticas conscientes, ayudan siempre en el proceso de vivir la muerte, de una manera más congruente.

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